“Mira que paso por aquí todos los días, para arriba y para abajo porque vengo a caminar, pero no me había parado a ver lo que es. Pensé que era algo de publicidad”, comenta a Atlántico Hoy una vecina de Santa Cruz de Tenerife mientras señala los monolitos del puerto.
“¿Y qué dices que es?”, pregunta una turista recién llegada en crucero. Cuando oye la explicación, se sorprende: “¡Qué interesante! Pero debería tener unos botones o algo así, como en otros lugares, que los tocas y una voz te cuenta la historia porque no somos de mucho leer”.

46 monolitos
Saber que se pisa por donde lo han hecho en otros tiempos personajes de la talla de Raquel Meller, Marlene Dietrich, Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno, Niceto Alcalá Zamora, Aristóteles Onassis o Jacques-Yves Cousteau, entre otras muchas personalidades, “es un lujo”, manifiestan algunos viandantes.
Entre el mar y la ciudad, en ese espacio de encuentro que es el muelle, 46 monolitos de hormigón con 92 placas de cerámica recuerdan a reyes, exploradores, científicos, marinos, artistas y pensadores que hicieron escala en la ciudad a lo largo de los siglos.

Un museo por descubrir
Pero no todos lo conocen. “Pues no, no sabía que eso estaba ahí”, comenta un joven al ser preguntado sobre la existencia de este paseo personalizado y que rinde homenaje a grandes personalidades de la historia.
"Si, hombre. Claro que lo he visto. ¡Esto es orgullo chicharrero!", comenta un hombre que frecuenta los aledaños del puerto "para hacer deporte". Sin embargo, algunas personas han declarado desconocer el mencionado enclave y otras lo ubicaban en otro lugar, como en la avenida de Anaga (ahora en obras) o dentro del muelle, pero sin saber exactamente dónde.
Exposición junto al mar
En concreto, el Paseo de los Ilustres discurre en la zona portuaria, desde el entorno del intercambiador y el Muelle de Enlace hasta su conexión con el muelle de Ribera, en la dársena de Los Llanos, frente al Cabildo de Tenerife.
El recorrido es completamente abierto y fácil de llegar siguiendo la línea azul. Se puede disfrutar caminando tranquilamente junto al mar mientras se leen las pequeñas biografías de cada personaje.
Tenerife, a través del puerto
La historia que cuentan los monolitos data del pasado, entre 1515 y 2015. Predominan figuras de nacionalidad inglesa, española y francesa, reflejo del intenso tráfico marítimo que conectó Tenerife con Europa y América cuando la única manera de llegar a la isla era por barco.
En esas placas aparecen nombres que van desde navegantes como Fernando de Magallanes, James Cook o el capitán Bligh de la Bounty, hasta científicos y naturalistas como Alexander von Humboldt o Sabino Berthelot. En el apartado literario figuran escritores de talla universal, como Benito Pérez Galdós, Julio Verne o Daniel Defoe, que en algún momento hicieron escala en el puerto tinerfeño o se vincularon a la isla a través de sus obras.

Proyecto con memoria
El paseo se inauguró en 2016 como fruto de la colaboración entre la Autoridad Portuaria y la Tertulia Amigos del 25 de Julio, una entidad muy ligada a la defensa y difusión de la historia de Santa Cruz.
La idea de fondo es sencilla pero poderosa: aprovechar el tránsito de cruceristas, paseantes y residentes para recordar que este puerto fue, durante siglos, una puerta entre continentes y un lugar de paso obligado para expediciones científicas, rutas comerciales y viajes literarios.
Recorrido con vida propia
Cuando se abrió al público se contabilizaban unas 70 placas, pero la “exposición” ha seguido creciendo. Con las ampliaciones más recientes se han incorporado personajes como el marino e ingeniero Jorge Juan, el almirante Blas de Lezo, la enfermera Isabel Zendal -considerada la primera en una misión humanitaria internacional- o el militar Bernardo de Gálvez, clave en la independencia de Estados Unidos.
También aparecen nombres del mundo de la cultura y las artes, como Raquel Meller, Marlene Dietrich, la artista surrealista Eileen Agar o el oceanógrafo Jacques-Yves Cousteau.

Entre el pasado y el presente
Más allá de los nombres ilustres, lo que propone este paseo es cambiar la manera en la que miramos el puerto de Santa Cruz. Ya no es solo una infraestructura por la que entran cruceros, contenedores o ferris; es también un escenario de historias compartidas entre la ciudad y el mundo.
Caminar entre estos monolitos, leer las placas con calma, detenerse ante un nombre que quizá nos suena vagamente del colegio o de una novela, invita a preguntarse qué vio esa persona al llegar aquí, qué mar encontró o cómo era la ciudad entonces.