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Pavimento colocado en la parte frontal del restaurante chino de la avenida de Anaga |CEDIDA

Reabre el restaurante chino de la avenida de Anaga tras el cierre "obligado": “Volvimos, pero las obras aún no han terminado”

El histórico restaurante, China Anaga, vuelve a levantar la persiana tras las vacaciones "obligadas", en medio de unas obras que marcaron su parón más difícil

Volvieron a encender los fogones. Y no es una frase cualquiera. El restaurante China Anaga reabrió este 7 de julio tras un mes de cierre que no estaba en sus planes y que, como reconocen sus responsables, ha sido uno de los momentos más delicados en sus casi 60 años de historia.

“Después de un mes de cierre temporal, volvimos a abrir nuestras puertas”, comenta el responsable del restaurante, Javier Lu, en declaraciones a Atlántico Hoy, sin dejar de agradecer públicamente el respaldo recibido durante estas semanas. “Nunca imaginamos que una decisión tan difícil recibiría una respuesta tan extraordinaria”, señala, en referencia a los mensajes, visitas y muestras de apoyo de su clientela habitual.

Una reapertura con cautela

El regreso no es solo una reapertura. Es, también, una forma de pasar página tras meses de desgaste. Porque el cierre -calificado desde el principio como unas “vacaciones forzadas”- llegó después de muchos meses conviviendo con obras, ruido, polvo y accesos complicados en plena avenida de Anaga.

El alivio existe, pero es medido, destaca Lu. Desde el restaurante reconocen que la situación ha mejorado “de forma muy significativa” en el tramo de obras situado frente al local, lo que permite recuperar cierta normalidad en el acceso. “Es una buena noticia para nuestros clientes, para nuestros trabajadores y para los vecinos”, apunta el propietario.

Las obras no han terminado

Aun así, el máximo responsable del restaurante China Anaga evita lanzar las campanas al vuelo. Las obras no han terminado y el recuerdo de los últimos meses sigue muy presente. “Aún quedan trabajos por finalizar y seguiremos observando su evolución”, explica, manteniendo la prudencia que ya venían defendiendo antes del cierre.

Esta cautela no es nueva. Semanas atrás, también a este medio de comunicación, Lu advertía que “la experiencia nos invita a ser prudentes antes que triunfalistas”, tras un proceso marcado por retrasos, modificaciones del proyecto y problemas de suministro.

Un cierre inédito

El 4 de junio, el China Anaga bajó la persiana por primera vez en seis décadas. No fue una decisión empresarial, sino una medida de supervivencia. “Son unas vacaciones forzadas por una situación insostenible”, resumía entonces Lu, que cifraba en miles de euros mensuales las pérdidas derivadas de unas obras que, según denunciaba, llegaron a bloquear prácticamente los accesos al local.

Durante meses, el restaurante convivió con vallas, zanjas y maquinaria a las puertas. “Me encontré con todo vallado”, relataba, hasta el punto de tener que recurrir a la Policía Local para habilitar una entrada mínima para los clientes.

Obras, retrasos y explicaciones

El impacto iba más allá del negocio, máxime teniendo en cuenta que diez familias dependen directamente de su actividad. “O paramos un mes ahora o corremos el riesgo de tener que cerrar un año entero”, llegó a plantear.

Desde el Ayuntamiento, el concejal de Obras, Javier Rivero, defendió que los retrasos en estas obras respondían a factores ajenos a la administración, como problemas de suministro derivados del contexto internacional o la falta de mano de obra.

Otros problemas

En junio, el Consistorio anunció la colocación del pavimento en el tramo más sensible, justo frente al restaurante, con el objetivo de que estuviera listo antes de la reapertura. Una intervención que, finalmente, ha permitido aliviar el acceso en este punto clave de la avenida.

Aun así, el propio Rivero reconoció que la obra arrastra una ampliación de plazos y un modificado del proyecto por dificultades técnicas, como problemas en la cimentación de algunas zonas.

Más que un negocio

Fundado en 1967, el China Anaga no es solo un restaurante. Es parte del paisaje cotidiano de Santa Cruz. Por eso, su reapertura tiene algo de gesto simbólico: el de un negocio que resiste, que se adapta y que vuelve a abrir incluso después de un parón inédito.

Nuestro propósito nunca fue enfrentarnos a ninguna institución”, subrayan ahora sus responsables. “Lo único que pretendíamos era poder desarrollar nuestra actividad en condiciones razonables”.

En ese equilibrio entre obra pública y vida cotidiana es donde los afectados por las obras sitúan el aprendizaje, sobre todo de este episodio y que resume Lu, subrayando que “las ciudades progresan gracias a las obras, pero también gracias a las personas que mantienen vivos sus comercios”.