En una de las arterias más antiguas de Santa Cruz de Tenerife, el viejo Teatro Baudet parece que despertará de un largo letargo. Tras años de abandono y silenciosa espera, este emblemático edificio racionalista -obra del arquitecto José Enrique Marrero Regalado- está a punto de iniciar una nueva etapa gracias al proyecto de rehabilitación y consolidación impulsado por el Cabildo de Tenerife.
Con un presupuesto de 1.866.954 euros y un plazo de ejecución de doce meses, la obra, adjudicada a la empresa Desarrollos e Iniciativas Canarias SL (Deican), busca frenar el deterioro del inmueble y devolverle su dignidad arquitectónica.
Décadas de historia
El Baudet, con décadas de historia en sus paredes, ha sido testigo del paso del tiempo en la capital chicharrera y en toda Canarias, viviendo años de esplendor, asistiendo a grandiosos estrenos y experimentando la decadencia y el abandono.
“El Teatro Baudet fue el cine más grande de Canarias, con capacidad para 1.200 butacas”, recordaba el vicepresidente del Cabildo de Tenerife, Lope Afonso, al anunciar el inicio de las actuaciones que se llevarán a cabo en el lugar, centradas en la rehabilitación estructural, restauración de fachadas y protección de las cerchas metálicas.
Modernidad racionalista
Era 1935 cuando Marrero Regalado, el arquitecto visionario detrás de la Basílica de Candelaria y el Mercado de Nuestra Señora de África, trazó los planos de lo que sería el cine más grande de Canarias.
Por entonces, con 1.200 butacas y vigas remachadas idénticas a las de la Torre Eiffel, el Baudet no era solo un edificio: era una promesa de modernidad racionalista, de líneas puras y espacios luminosos que desafiaban el paisaje tinerfeño.
El esplendor del neón
El 25 de mayo de 1944, entre el bullicio de la posguerra, abrió sus puertas. La familia Baudet -pioneros del cine en las Islas, desde Ramón Baudet Grandy hasta sus hijos- lo convirtió en el epicentro del ocio santacrucero.

Allí se estrenaron Lo que el viento se llevó y La ciudad soñada, con colas que se extendían a los largo de la calle. Pantallas Cinemascope, butacas perfectamente alineadas y miles de funciones marcaron cuatro décadas de gloria. Niños con los ojos como platos, parejas en citas furtivas y familias enteras fueron protagonistas del pulso cultural de la ciudad.

La sombra de la televisión
Pero los años 70 trajeron nuevos métodos de entretenimiento. La televisión copó la atención de las familias en sus hogares. Empezaron a surgir las plataformas para proyectar películas en vídeo en las comunidades de vecinos, después llegaron los videoclubs ofreciendo el alquiler de películas por 150 pesetas (0,90 euros), y las multisalas modernas devoraron la clientela.
Los alquileres de copias se dispararon, los costes se volvieron insostenibles. En 1985, tras 41 años de lucha familiar, cerró definitivamente, a pesar de que durante algunos años se convirtió en el Bingo Baudet -un guiño lúdico a su espíritu-, pero pronto el abandono lo reclamó. Palomas, lluvias, otras inclemencias meteorológicas y olvido erosionaron sus cerchas, mientras fantasmas de aplausos parecen seguir resonando en un teatro vacío.

Un renacer en el horizonte
El Teatro Baudet fue comprado por el Cabildo de Tenerife en el año 1999. Con la duda de si el telón volverá a levantarse o se dedicará a otro uso, y tras otro intento anterior de licitación, en este 2026 el Cabildo de Tenerife escribe el siguiente capítulo del teatro.
Con una inversión cercana a los dos millones de euros y unas obras adjudicadas a Desarrollos e Iniciativas Canarias, el área de Cultura de la corporación insular impulsa la rehabilitación que consta principalmente de impermeabilización, restauración de fachadas y protección estructural.
Clasificado como Nivel B en el registro Docomomo Ibérico de equipamientos modernos, el Baudet no solo se salvará del deterioro sino que, tras los pertinentes trabajos, renacerá como espacio cultural polivalente, accesible y vivo.