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Sociedad

Cada vez hay más ingenieras, la felicidad de Cassandra Déniz

La ingeniera grancanaria es una de las mujeres que conforman la pequeña industria de la microelectrónica de Canarias, un sector que no solo está en auge sino que cada vez ocupa a más mujeres

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La ingeniera Cassandra Déniz. / Cedida

Dentro de la industria de la microelectrónica el caso de la empresa canaria Sensorlab es inusual. La empresa está dedicada al diseño y fabricación de software y hardware de productos destinados a la investigación y monitorización. Es un sector que históricamente ha estado masculinizado. Y lo sigue estando. Sin embargo, en Sensorlab todos los perfiles técnicos están ocupados por mujeres. El interés en las carreras de ingeniería por parte de las mujeres de las últimas décadas ha derivado en esta inclusión, tal y como explica la directora en I+D, Cassandra Déniz

La ingeniera forma parte de Sensorlab desde hace casi siete años. Habla con entusiasmo de cómo ha crecido el sector de la microelectrónica en Canarias y del futuro tan prometedor que les queda por delante. A su vez, está dentro del Clúster Chip Canarias, donde la califican como “un gran valor para el sector” y lo demuestra al hablar del ecosistema de las islas y de la necesidad de seguir diversificando la economía y apostar por la innovación. 

Entre sus labores dentro de la empresa, Cassandra Déniz es la encargada de la gestión de los proyectos (algunos internacionales) y de parte del desarrollo de los productos tecnológicos, como por ejemplo, la programación de productos de domótica y telecomunicaciones. En este sentido realiza labores de desarrollo de toda la inteligencia del producto, del software interno o del procesamiento de datos. 

Más ingenieras, más igualdad

Cuando Déniz comenzó a estudiar Ingeniería en Tecnologías de la Telecomunicación en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria ya casi el 50% de sus compañeros eran mujeres y cuando se graduó estas superaban al número de hombres. Durante la carrera, comenta que no notaba esa masculinización de la ingeniería pero que “ahora en el sector profesional sí que hay un mayor número de hombres”. 

Por suerte, poco a poco esta tendencia va cambiando. Esa inclusión de mujeres en las carreras más técnicas de las últimas décadas ha derivado en que ellas también protagonicen los empleos más tecnológicos. “Me siento feliz de que cada vez haya más mujeres ingenieras. Aún queda mucho pero es verdad que hemos avanzado bastante”, explica. 

De hecho en Sensorlab el 80% de los trabajadores son mujeres. Ellas dominan todos los puestos técnicos: tres son desarrolladoras y una es encargada de la logística, luego está el director, que es hombre. Que el único hombre actualmente en la empresa sea el que ocupa el puesto de mayor responsabilidad es el resultado de esa baja inserción de las mujeres hace años en los sectores tecnológicos. Ellos han adquirido experiencia y un bagaje a lo largo de todo este tiempo por lo que “es relativamente comprensible”, defiende. 

Fuente de luz, uno de los productos que realizan en la empresa. / Sensorlab

Machismo implícito

Sobre actos machistas a los que se haya enfrentado profesionalmente destaca pocos, en especial relacionados con lo que se conoce como mansplaining (referido a las explicaciones con tono paternalista de hombres a mujeres sobre datos que ellas ya conocen). 

“Como profesional de este sector sí que me ha pasado de ir una tienda a comprar algún producto electrónico y que el vendedor te quiera ‘vender la moto’, como comúnmente se dice, y que intente imponer su opinión, porque considera de primeras que no comprendes lo que estás comprando”, explica. Es en estas situaciones donde más percibe “ese aspecto machista que aún queda en la sociedad. Pero una vez empiezas a hablar ya ves que esa persona comprende que sabes de lo que estás hablando”. Una situación que, además, a veces se ve agravada por otras características: “Muchas veces la discriminación llega más por juventud que por ser mujer”, señala. 

Pasión por la tecnología

Dedicada a un sector tan específico e históricamente masculinizado la pregunta de si ha tenido algún referente femenino que le animara a seguir esta senda es obligatoria. La respuesta es que no, aunque su ejemplo a seguir sí estaba en su casa. “Principalmente mi referente ha sido mi padre. Él es mecánico, un manitas muy bueno, sabe arreglar todo”, describe Déniz. De ahí le llegó su pasión por la tecnología: “Desde pequeña siempre me fascinaron los ordenadores, y cuando tuve que elegir carrera sabía que quería algo tecnológico”. 

Admite que como era una estudiante que sacaba buenas notas, la gente le preguntaba por qué no estudiaba mejor medicina. “No estaba muy asociado el ser ingeniera a no sé si a una carrera de mujeres o de prestigio”. Por suerte, Déniz siguió sus sueños y ahora forma parte de una industria que está en especial expansión en Canarias. 

Laboratorio de alta precisión/Sensor de pH en barco. / Sensorlab

Parte del cambio

Actualmente las islas están a la espera de recibir parte del dinero aprobado por la Unión Europea para Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica (Perte) de la industria de los microchips. Serán unas subvenciones que fomentarán el desarrollo de esta industria en el Archipiélago, lo cual es clave en esa ansiada diversificación de la economía canaria.

Para que esos fondos lleguen a las islas, hace unas semanas el comisionado del Perte Chip, Jaime Martorell, visitó los principales centros de investigación y desarrollo en Tenerife y Gran Canaria, para conocer el estado de la industria. Uno de los puntos de la visita fue Sensorlab y en ella estuvo presente Cassandra, quien comenta que de la reunión con él todos salieron contentos. 

“Yo personalmente lo vi impresionado, porque creo que él no tenía constancia de que hiciésemos lo que hacíamos. Ahora queda esperar a ver cómo se materializan los fondos y las subvenciones, aunque independientemente de eso ya la creación del Clúster del Chip va a ser de muchísima ayuda al sector”, comenta con ilusión.