Los resultados de PISA permiten identificar dificultades en el aprendizaje, pero no reflejan todo lo que sucede en las aulas ni el valor completo de la educación. Con esta idea, Calixto Herrera Rodríguez, psicopedagogo especializado en salud escolar, bienestar emocional y acompañamiento educativo, ha invitado este lunes a ampliar la mirada sobre el sistema educativo canario y evitar que las puntuaciones académicas se conviertan en el único indicador de éxito.
Durante su intervención en la jornada PISAr a fondo: de los datos a la acción, organizada por Atlántico Hoy en Las Palmas de Gran Canaria, Herrera ha defendido que la escuela debe conservar su dimensión humana y ética, sin limitarse a preparar al alumnado para el mercado laboral.
"Lo que no se evalúa se devalúa", ha advertido el especialista, que ha utilizado esta frase para alertar de que, si solo se mide aquello que resulta fácilmente cuantificable, otras dimensiones fundamentales de la educación pueden quedar relegadas, como la empatía, el arte, la convivencia, la solidaridad y el pensamiento crítico.
Herrera, reconocido con la Orden del Mérito Civil en 2024 y la Medalla de Oro de Canarias en 2025, ha planteado que el debate sobre PISA debe servir no solo para buscar soluciones a las dificultades académicas, sino también para reflexionar sobre qué sociedad se quiere construir a través de la educación.
La escuela no es solo una nota
El psicopedagogo ha comenzado su intervención con una narración sobre un indígena que observa por primera vez la llegada de un tren a una estación. Tras contemplar el movimiento apresurado de los pasajeros, se pregunta cuándo llegará el alma de esas personas.
Herrera ha utilizado esta historia como metáfora de un sistema educativo que puede verse arrastrado por la urgencia de los resultados y las respuestas inmediatas. A su juicio, la publicación de los datos de PISA corre el riesgo de generar un clima de alarma que impulse a buscar soluciones rápidas sin detenerse a analizar qué significa educar.
El especialista ha defendido que los resultados deben interpretarse como una fotografía de determinadas competencias, no como una representación completa de la realidad educativa. Por ello, ha animado a aprovechar las evaluaciones para identificar problemas, pero sin olvidar aquellas dimensiones del aprendizaje y del desarrollo personal que no se traducen fácilmente en cifras.
"Tenemos que reanimar las escuelas", ha planteado durante su intervención, en la que ha insistido en la necesidad de recuperar espacios de reflexión para que los centros puedan preguntarse hacia dónde se dirigen y qué papel desempeñan en la vida de los estudiantes.
Pensamiento crítico y ética
Herrera ha defendido que la educación debe combinar dos dimensiones que considera inseparables: la capacidad crítica y la ética. La primera implica enseñar al alumnado a pensar por sí mismo, cuestionar la realidad y analizarla, en lugar de limitarse a transmitir conocimientos.
La segunda supone entender que educar no es únicamente una tarea técnica. La formación académica debe acompañarse de una reflexión sobre los valores, las decisiones y las consecuencias de las acciones humanas.
En este sentido, ha advertido de que una persona puede acumular conocimientos y desarrollar grandes capacidades profesionales sin que eso garantice una contribución positiva a la sociedad. Por eso considera que la enseñanza debe ayudar a los estudiantes a comprender el mundo y, al mismo tiempo, a cuestionar aquellos aspectos de la realidad que pueden resultar injustos o perjudiciales.
El psicopedagogo ha rechazado, por tanto, una concepción de la escuela como una simple antesala del empleo. Aunque ha reconocido la importancia de adquirir competencias y habilidades profesionales, ha defendido que la educación también debe ofrecer herramientas para desarrollar la autonomía personal, la empatía y la capacidad de convivir con los demás.
El bienestar emocional del alumnado
El especialista también ha llamado la atención sobre las condiciones sociales en las que crecen los niños y adolescentes. A su juicio, la precariedad y las dificultades que atraviesan muchas familias forman parte de una realidad que llega a las aulas y que no puede ignorarse al analizar el aprendizaje.
Herrera ha señalado que los jóvenes pueden crecer en un entorno que los empuja a compararse constantemente y a medir su valía por los resultados, la formación, el estatus o las posibilidades de incorporarse al mercado laboral.
Frente a esa presión, ha defendido que la educación debe prestar atención al bienestar emocional y a las necesidades personales del alumnado. Las calificaciones y las competencias académicas son importantes, pero no bastan para explicar cómo se sienten los estudiantes ni qué necesitan para desarrollarse plenamente.
También ha subrayado que las circunstancias de partida no son iguales para todos. El contexto social y familiar condiciona las experiencias de los menores, por lo que considera necesario ampliar la mirada más allá de los indicadores generales para comprender la realidad de cada comunidad educativa.
PISA como punto de partida
La intervención de Herrera se ha enmarcado en una jornada centrada en analizar los resultados educativos de Canarias y traducirlos en propuestas de mejora. El especialista ha defendido que el diagnóstico académico debe convivir con otros enfoques que permitan comprender mejor la experiencia educativa.
A su juicio, el debate no debe plantearse como una elección entre mejorar las matemáticas, las ciencias y la comprensión lectora o atender al desarrollo humano. Ambas cuestiones pueden avanzar juntas, siempre que los centros no pierdan de vista el sentido global de la educación.
El psicopedagogo ha reivindicado así la importancia de incorporar al debate educativo lenguajes y perspectivas relacionados con la filosofía, la ética y la salud mental, además del análisis estadístico. Su objetivo es que las evaluaciones contribuyan a mejorar la enseñanza sin desplazar otros aspectos esenciales del desarrollo personal.
Herrera ha concluido con una metáfora sobre la capacidad de la escuela para ofrecer esperanza en los momentos de mayor dificultad. Ha defendido que los centros educativos pueden ayudar a los niños y niñas a encontrar oportunidades incluso en circunstancias adversas, una tarea que considera fundamental aunque no siempre quede reflejada en las evaluaciones internacionales.
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