El estrés hídrico que afronta Canarias irá en aumento durante este siglo. Esa es una de las principales conclusiones de un estudio publicado en Environmental Monitoring and Assessment, que analiza cómo responderán las Islas al cambio climático.
La investigación, titulada Island water stress: analyzing the Canary Islands’ hydrological response to climate change, señala que el Archipiélago sufrirá una reducción progresiva de su balance hídrico, es decir, de la cantidad de agua que queda disponible después de restar lo que se pierde por evaporación, por la vegetación y por otros procesos naturales.
Más calor y menos agua
El estudio apunta a dos factores principales, el aumento de las temperaturas y unas lluvias que se mantendrán estables o tenderán a bajar. Esa combinación hace que aumente la evapotranspiración, que es el agua que vuelve a la atmósfera desde el suelo y las plantas.
En la práctica, esto significa que aunque en algunas zonas llueva de forma parecida a como lo hace ahora, el calor hará que se pierda más agua. Y eso afectará a los acuíferos, a los suelos, a los ecosistemas y también a actividades clave para Canarias como la agricultura, el turismo y el abastecimiento urbano.
Efecto por islas
El impacto será desigual por islas. Los dos casos que más destaca el estudio son el de El Hierro y Gran Canaria. En el caso de la isla del meridiano, se estima una caída especialmente intensa del balance hídrico, con reducciones de entre el 50% y el 75% hacia finales de siglo.
En Gran Canaria, la investigación apunta a un agotamiento casi completo de sus reservas hídricas naturales a final de siglo, sobre todo en las zonas donde actualmente apenas se conserva agua disponible.
Fuerteventura y Lanzarote, al límite
El caso de Fuerteventura y Lanzarote es diferente, pero igual de serio. Según el estudio, ambas islas ya presentan un balance hídrico anual prácticamente cero. Esto quiere decir que la lluvia no es suficiente para generar una disponibilidad natural significativa de agua.
Con el aumento de las temperaturas y la posible reducción de las precipitaciones, estas dos islas verán agravado su estrés hídrico. En otras palabras, territorios que ya tienen poca agua natural tendrán que afrontar un clima todavía más exigente.
Pérdida de agua disponible
En La Palma, las zonas del este, norte y noreste son las áreas más húmedas de la isla, con una mayor disponibilidad de agua. Sin embargo, el estudio prevé que a largo plazo también se reduzca el agua disponible por el aumento de la evapotranspiración.
En La Gomera, las zonas altas y espacios como Garajonay mantienen mejores condiciones gracias a la nubosidad, pero las proyecciones apuntan a una reducción parcial o incluso casi total del balance hídrico.
Mientras que en Tenerife, aunque la isla mantiene sus principales reservas naturales de agua en el norte de la isla, el trabajo prevé descensos cercanos al 50% en su balance hídrico.
Las zonas costeras, amenazadas
El estudio también destaca que las zonas costeras de las siete islas presentan ya un balance hídrico prácticamente nulo. Esto convierte a estas áreas en espacios especialmente vulnerables ante el cambio climático.
Supone una adevertencia directa para el Archipiélago, donde buena parte de la población, las infraestructuras, la actividad turística y el crecimiento urbano se concentran en la costa. El estudio indica, en este sentido, que si el agua natural disponible cae aún más, la planificación del territorio tendrá que adaptarse.
Agricultura, turismo y población
Y es que el problema de la caída de agua natural disponible no solo supone un problema ambiental, sino también para la población y la economía canaria. El estudio recuerda que la agricultura representa cerca del 50% del consumo total de agua en el Archipiélago.
A esto se suma el crecimiento del consumo urbano y turístico. En el caso de Gran Canaria, la investigación señala que el agua asociada al turismo supone aproximadamente el 12% de la demanda total. Es decir, el reto no está solo en que haya menos agua, sino en que cada vez hay más sectores compitiendo por ella.
La dependencia de acuíferos y desaladoras
Canarias depende en gran medida de las aguas subterráneas. Según el estudio, estas representan cerca del 80% del suministro, especialmente en las islas occidentales. En las islas orientales, donde los recursos subterráneos son más limitados, la desalación tiene un papel fundamental.
Pero la desalación también tiene sus propios desafíos, como el alto consumo de energía. Por eso, el estudio insiste en la importancia de avanzar hacia una desalación más vinculada a las energías renovables, para reducir costes y emisiones.
Qué se puede hacer
Los autores plantean que Canarias necesita reforzar una gestión del agua más eficiente y adaptada al cambio climático. Entre las medidas están la reutilización de aguas, la mejora de las redes de distribución, la reducción de pérdidas, el almacenamiento, el uso de energías limpias en la desalación y el ahorro en el riego agrícola.
También señalan la necesidad de planificar mejor el crecimiento urbano y turístico, teniendo en cuenta que el agua será un recurso cada vez más tensionado. Como conclusión, los investigadores remarcan la importancia de no poner solo el foco en producir más agua, sino en ejercer un mejor consumo de ella.
