Este invierno ha llovido, dicho mal y pronto, un montón. Cada semana una borrasca ha visitado las Islas, pasando de Emilia, Francis, Regina y ahora Therese. Y aunque es cierto que han dejado en las Islas unos paisajes de ensueño con el Teide y el Roque de Los Muchachos nevados, las presas llenas y todo muy verdito hasta en Lanzarote y en Fuerteventura...No son suficientes para salvar a Canarias de la desertificación.
Un nuevo estudio cinetífico, publicado en International Journal of Climatology, ha analizado cómo evolucionará la aridez en España durante este siglo y sitúa al Archipiélago como una de las zonas donde el cambio será más evidente, con un clima cada vez más seco. Es decir, las islas serán cada vez más áridas en todos los escenarios analizados, sin que aparezca ningún caso en el que la humedad aumente.
Superficie árida
Los investigadores apuntan que este cambio no es una cuestión futura, sino que se lleva produciendo desde hace décadas. Entre 1961 y 2020, un 16% del territorio de Canarias pasó a categorías climáticas más secas, un avance superior al registrado en la Península y Baleares.
A día de hoy, el 51% de la superficie de las Islas tiene un clima árido frente al 37% de la Península y Baleares, donde se establece un clima semiárido, así como un 28% es subhúmedo seco, en un 26% húmedo, y en menos del 1% árido, concentrándose en el sureste peninsular (Almería). Es justo en estas fronteras donde se están produciendo cambios a un clima más seco, según el monitor de aridez del CSIC.

No depende de la lluvia
Una de las claves que apunta el equipo de científicos es que la aridez no depende solo de la lluvia, por lo que aquí las borrascas no pueden jugar su papel de salvavidas. Aunque las precipitaciones tienden a disminuir en los climas más secos, el factor de peso de este contexto es el aumento de la evaporación provocado por el calor.
A medida que suben las temperaturas, la atmósfera demanda más agua y el suelo se seca con mayor rapidez, lo que intensifica la sensación de sequedad incluso cuando las lluvias no cambian de forma drástica.
Cambio profundo del clima
Este fenómeno explica por qué el archipiélago podría experimentar un cambio profundo en su clima. En los escenarios más extremos de calentamiento global, el estudio apunta a la aparición de zonas hiperáridas y a una pérdida casi total de las áreas húmedas y subhúmedas.
En el peor de los casos, estas condiciones más secas podrían extenderse hasta ocupar cerca de un tercio del territorio, lo que supondría un giro muy significativo respecto al clima actual.

¿Qué implica la aridez?
A diferencia de lo que ocurre en otras regiones, donde el cambio es más desigual, en Canarias la tendencia aparece como más uniforme. Los modelos indican que la aridificación afectará al conjunto del archipiélago y que la reducción de la humedad será generalizada, lo que implica también una pérdida de diversidad climática entre distintas zonas.
Todo implicaría muchos cambios para la biodiversidad y el ámbito socioeconómico, según los investigadores. Un clima más seco supone menos disponibilidad de agua en el entorno y, por tanto, mayor presión sobre los recursos hídricos. Esto influye en la supervivencia de las comunidades biológicas, es decir, altera la distribución de las especies vegetales y animales, favoreciendo a las que se adapten mejor al clima, mientras que otras se verán desplazadas o incluso se extinguirán.
Y con la sequía también se ve limitada la ganadería y la agricultura, ya que modifica el calendario agrícola, dosminuye el número de días que pueden aprovecharse los pastos o reduce la disponibilidad hídrica de los cultivos, entre otros efectos. Además, podría afectar a la generación de energía, el sector turístico y el propio abastecimiento de las poblaciones.
Aumento de la temperatura global
Los autores del estudio reconocen que existen incertidumbres en los modelos, especialmente en la forma en que se representan variables como la lluvia o la evaporación. Sin embargo, coinciden en un punto fundamental: la dirección del cambio es sólida.
Canarias será más árida en el futuro, y la intensidad de ese proceso dependerá en gran medida de cuánto aumente la temperatura global en los próximos años.
