Imagen de una persona cocinando papas arrugadas / MONTAJE AH
Imagen de una persona cocinando papas arrugadas / MONTAJE AH

Los chefs canarios coinciden: "Las papas arrugadas más ricas no se hacen con cáscara de limón; usa 1kg de papas, sal gorda y agua"

La discusión ha vuelto a surgir a raíz de recetas virales y vídeos que presentan el limón como un “truco definitivo” para conseguir una piel más brillante y vistosa

luna moya

Pocas recetas generan tanto consenso en Canarias como las papas arrugadas. O, al menos, eso parecía. Porque en los últimos años se ha popularizado en redes sociales una versión que incorpora cáscara de limón o incluso zumo durante la cocción, una práctica que ha abierto el debate entre quienes defienden la innovación y quienes consideran que la receta tradicional no necesita nada más que tres ingredientes.

Y ahí, muchos cocineros y amantes de la gastronomía canaria coinciden: las papas arrugadas más auténticas no llevan limón. Solo hacen falta papas pequeñas, sal gorda y agua.

La discusión ha vuelto a surgir a raíz de recetas virales y vídeos que presentan el limón como un “truco definitivo” para conseguir una piel más brillante y vistosa. Sin embargo, en Canarias son muchos los que recuerdan que la elaboración tradicional siempre ha sido mucho más sencilla.

Receta tradicional

Una de esas recetas aparece recogida en el libro Saboreando Recuerdos, impulsado por el Ayuntamiento de Teror, donde vecinos mayores de distintas islas comparten elaboraciones populares vinculadas a la memoria y la cocina de aprovechamiento.

Entre ellas figura la receta de papas arrugadas de María Salomé, natural de Puerto del Rosario (Fuerteventura), que resume la elaboración en apenas tres elementos:

  • 1 kilo de papas pequeñas
  • sal gorda
  • agua

Sin limón. Sin añadidos. Y con una advertencia muy clara:

“Que no te dé miedo echar mucha sal gruesa porque al estar con piel, no van a quedar saladas nunca”.

La preparación también sigue el método tradicional que muchas familias canarias continúan utilizando hoy en día: cocer las papas con abundante sal y, una vez listas, volver a ponerlas al fuego para “arrugarlas” moviendo el caldero en círculos.

El debate del limón

La versión con limón sí existe y se ha ido extendiendo especialmente fuera de Canarias y en contenidos de redes sociales relacionados con cocina.

Según explican algunos cocineros, añadir limón —ya sea en zumo o en cáscara— aporta un aroma cítrico suave y ayuda a que la piel de las papas quede más brillante visualmente.

Sin embargo, muchos defensores de la receta tradicional consideran que ese paso altera una elaboración históricamente ligada a la sencillez y al producto local.

En realidad, las papas arrugadas nacieron precisamente como una receta humilde, elaborada con pocos ingredientes y vinculada a épocas donde había que aprovechar absolutamente todo lo que daba la tierra.

Cocina de memoria

El propio testimonio recogido en Saboreando Recuerdos refleja esa relación entre las papas y la historia cotidiana de muchas familias canarias.

“Recuerdo con nostalgia los tiempos de la posguerra”, relata María Salomé en el libro. La mujer explica cómo durante meses aprovechaban las pequeñas papas que quedaban sin recoger entre cosechas para preparar este plato.

“Eran tiempos de mucha miseria, pero no pasé hambre, pues en mi casa había cocina de aprovechamiento: nada se tiraba y todo se aprovechaba”, recuerda.

Ese origen humilde es precisamente el que muchos cocineros reivindican ahora frente a versiones más modernas o virales. Porque para buena parte de Canarias, las mejores papas arrugadas siguen haciéndose igual que siempre: con papas, agua y mucha sal gorda.