Ninguna zona del océano se libra de la presencia de basura, ni aunque sea protegida. Un estudio científico expone que los espacios marinos creados para proteger cetáceos y tortugas también se ven amenazados por residuos pesqueros, que ni siquiera se generan cerca, sino que llegan arrastrados por las corrientes y el viento desde otras zonas del Atlántico.
La investigación, publicada en Marine Pollution Bulletin, analiza tres áreas concretas del archipiélago: Teno-Rasca, en Tenerife; la franja marina de Mogán, en Gran Canaria; y Los Sebadales de Corralejo, en Fuerteventura. Y señala que estas zonas no funcionan solo como refugios de biodiversidad, sino también como un punto de exposición a la basura y sus riesgos.
Los efectos en las tres islas
No obstante, no todas las islas están expuestas del mismo modo. En el caso de Fuerteventura, es la que aparece más claramente expuesta a residuos que llegan desde zonas externas, sobre todo desde el área del noroeste africano.
El estudio detecta que en otoño e invierno esa conexión se dispara, hasta el punto de que en algunas simulaciones más del 98% de las trayectorias enlazan con esas regiones.
Otoño, una época señalada
En Gran Canaria, la cosa cambia. No aparece como una isla conectada todo el año con esas posibles áreas de origen, pero tampoco queda al margen. Los autores hablan de una situación intermedia, con momentos concretos en los que esa exposición aumenta bastante.
El ejemplo más claro está en otoño, cuando uno de los escenarios del estudio sitúa la conectividad en el 51,9%. En verano, en cambio, esa conexión externa desaparece en las simulaciones.
En Tenerife, según el estudio, pesa menos la llegada continua de residuos desde lejos y más lo se podría llamar retención local. O sea, materiales que se quedan circulando o acumulándose en el entorno de la propia isla y del archipiélago.

Las tortugas, las más castigadas
La presencia de esta basura tiene efectos en la fauna marina, siendo las tortugas unas de las más afectadas. Por sus movimientos y exposición a objetos flotantes, están expuestas a redes, cabos y restos de elementos de pesca. Es así que el enmallamiento es el principal riesgo que sufren, representando el 45% de los casos analizados.
En los cetáceos, también existe este problema, pero en menos casos, solo el 15%, ya queesta especie se enfrenta a otras amenazas mas frecuentes como la captura accidental o los choques con barcos.
No toda la basura es igual
En este sentido, el estudio señala que no toda la basura marina causa el mismo daño. Los autores recuerdan que muchos residuos pequeños de plástico son muy abundantes, pero que el material pesquero tiene un impacto especialmente grave por su forma, su resistencia y el tiempo que puede permanecer en el agua.
De hecho, aunque una gran parte del material hallado en casos de enmallamiento no pudo identificarse por su deterioro, entre los restos reconocibles destacan los sacos de rafia y las redes de pesca.
Un problema transfronterizo
La investigación reitera el hecho de que esta basura pesquera no solo procede de alrededor de las Islas, sino sobre todo del noroeste africano, empujada por las corrientes. De ahí que los científicos hagan hincapié en que no puede entenderse como un problema local, sino regional y transfronterizo.
No basta con retirar basura cuando llega a la costa o aparece flotando en el mar. El estudio invita a entender que las corrientes, el viento y la actividad pesquera forman parte de un mismo sistema, por lo que proteger un espacio no es suficiente, ya que no entienden de fronteras ni límites en el mapa.
Canarias no solo tiene que conservar su biodiversidad, también tiene que defenderla de residuos que viajan, se acumulan y terminan atrapando a la fauna justo en los lugares que deberían ser más seguros, concluyen.
