En 1939, una persona nacida en Santa Cruz de Tenerife acudió al Registro Civil "perfectamente vestido como un varón" para declarar que su verdadero nombre era Juan Carlos y que sus padres no habían completado correctamente su inscripción al nacer. Aquel intento desencadenó un proceso judicial que terminó con una condena de prisión y una historia que permaneció prácticamente olvidada durante décadas.
El libro Farsante, de la periodista Andrea Momoitio, el librerías desde el 9 de marzo, recupera ahora ese caso y reconstruye la vida de Margarita Beese Rodríguez, nacida en 1916 en una familia "con cierta relevancia social en la isla", cuenta la autora a Atlántico Hoy. Durante su juventud se trasladó a Madrid para estudiar, "residió en la Residencia de Señoritas, escribía en prensa y editó una revista titulada Héroes, con con la llegada de la del levantamiento militar".
El intento de inscripción
Ya en la Guerra Civil, estuvo cerca de las estructuras vinculadas al nuevo régimen y a Pilar Primo de Rivera, y desempeñó funciones dentro del sindicato vertical, donde ejercía labores de enlace entre distintas secciones femeninas. En 1939 regresó a Santa Cruz y realizó la solicitud de cambio de identidad que dio origen al proceso judicial y fue detenida, pasando primero por la prisión de Carabanchel, en Madrid, antes de ser trasladada a la cárcel de mujeres de Santa Cruz de Tenerife.
Después de cumplir condena, abandonó España y se trasladó a Alemania, donde vivió bajo la tutela familiar hasta su fallecimiento.
¿Falangista queer?
Las motivaciones de Margarita para cambiar su nombre no están claras, detalla Momoito. "En realidad no se llega a descubrir si quiso registrarse con el nombre de Juan Carlos porque tenía lo que llamaríamos un sentir trans, si simplemente era una mujer cislesbiana, o si quiso en un momento dado encontrar una nueva identidad por alguna razón que desconozco".
Los médicos que testificaron en su favor hablaron de "anomalías médicas" que apuntaban, en unos casos, a la "intersexualidad" y, en otros, a la "homosexualidad", en una confusión de términos común en la época.
Esa pregunta de si Margarita fue una falangista queer es la que guía el libro "y a la vez una de las que no se pueden responder". Pero lo que sí tiene claro la autora "es que no podemos aplicar las categorías de hoy a los años 30 y 40". Para empezar, porque el término no se utilizaba ni dentro ni fuera de España, "nunca iba a identificarse con él porque no lo conocía".
Gran desconocida
"Lo que sí que sabemos es que era una persona con ansia de poder y libertad y alguien que en algún al menos en un momento puntual de su vida quiso vivir de otra manera", explica la investigadora. Según la autora, se trataba de una persona con aspiraciones políticas y sociales amplias, interesada en participar activamente en la vida pública en un momento con escasas oportunidades para ello. "Santa Cruz se le quedaba pequeño, el mundo se le quedaba pequeño. Y era una persona muy patriota, muy apegada a a su país".
Pese a que en Madrid llegó a alcanzar cierta presencia mediática y a que su familia era conocida en Tenerife, sorprende lo desconocida que es su figura. La autora del libro llegó a contactar con dos sobrinos que desconocían tanto o más que ella. "Sí que sabían que había estado en la cárcel, aunque la versión que les había llegado es que fue por falsificar unas firmas, y también les había llegado también el rumor de que era lesbiana".
Origen de la investigación
La autora conoció el caso gracias a una investigadora que localizó el expediente judicial y presentó sus hallazgos en una conferencia. A partir de ese punto, Momoitio tomó el relevo y continuó la investigación durante cerca de tres años, ampliando la información.
"Me compartió lo que había conseguido hasta ese momento y yo seguí indagando", dice Momoito: "Ojalá alguien quiera continuar y pueda ir un paso más allá".