Dos caras tiene el último informe PISA para Canarias. Por un lado, las Islas continúan por debajo de la media española en varias competencias y mantienen especialmente abiertas las heridas de la comprensión lectora y las matemáticas. Pero, por otro, el Archipiélago ha resistido mejor que otros territorios el retroceso generalizado de los resultados educativos y se encuentra hoy más cerca de la media nacional que nunca.
José Saturnino Martínez, doctor en Sociología especializado en educación y desigualdad; y exdirector de la Agencia Canaria de Evaluación Universidad y Calidad Educativa, pone las cifras en perspectiva. Considera que el Archipiélago arrastra un histórico de dificultades educativas y culturales, pero también destaca la mejora experimentada durante las últimas décadas.
En esta entrevista expone que el reto ahora pasa por conseguir nuevos avances sin perder de vista el peso del nivel socioeconómico, la formación matemática y el impacto que puede tener el uso inadecuado de las nuevas tecnologías.
[Pregunta] Las cifras del informe PISA no han gustado demasiado en Canarias. ¿Se puede hablar de un problema estructural del sistema educativo de las Islas?
[Respuesta] Hay un histórico de Canarias en el que hemos tenido dificultades educativas y culturales. Hasta el año 2015, los resultados en PISA, por ejemplo, estaban muy relacionados con el nivel de alfabetismo que había habido en cada comunidad autónoma.
¿Sigue siendo así?
Eso se ha ido moviendo un poco, pero las regiones que históricamente han tenido más atraso educativo siguen teniendo peores resultados que la media en el estudio. Eso se mantiene, hay ahí un elemento histórico importante.
Luego hay un elemento presente que también es importante: el peso del nivel socioeconómico y cultural de la familia. En Canarias es más bajo. Eso también forma parte de la explicación.
El Archipiélago ya ha participado en varias ediciones de PISA. ¿Cómo ha evolucionado desde entonces?
Canarias participó por primera vez en 2009. Entre ese año y 2015 hubo una mejora que, en ciencias, más o menos se ha mantenido. Eso nos permite ver que no podemos decir que estos sean los peores resultados de la historia de Canarias, porque en ediciones anteriores, dependiendo de la competencia, estábamos igual o peor.
En este ha ocurrido una cosa importante y es que Canarias no ha caído mucho, pero otros lugares han caído más. Antes el Archipiélago era la comunidad con peor resultado de España y de las peores de Europa, pero ahora no. Por ejemplo, en competencia científica estamos a un nivel equiparable al de Noruega o Dinamarca.
¿Cómo ha sido la evolución de las Islas?
En el PISA 2009, los resultados que tenía Canarias no eran comparables con países europeos y ahora sí. No de la manera que nos gustaría, porque no es que hayamos subido mucho, sino que los otros han caído. Pero eso muestra que tenemos un sistema educativo, quizás por primera vez en nuestra historia, más o menos homologable al que hay en otros países de Europa.
Entonces, ¿no considera que estemos ante una catástrofe educativa en Canarias?
En Canarias no, en otros sitios sí. Por ejemplo, en el País Vasco, Cataluña o Valencia yo creo que se puede hablar de catástrofe. Sobre todo el caso vasco, que me tiene hablando solo. En las Islas el sistema más o menos ha aguantado e incluso ha mejorado con respecto a algunos de los indicadores.
Es verdad que en un contexto global todos están empeorando, pero Canarias en ese empeoramiento resiste mejor que otros. Por eso sus resultados están muy próximos a la media nacional. Es verdad que estamos por debajo, pero nunca habíamos estado tan cerca. Y [los datos] son equiparables a los de otros países europeos.
¿Por qué pone el ejemplo del País Vasco como un caso especialmente negativo?
Llevan cayendo fuerte desde hace una década y todavía no se sabe muy bien por qué. Se desconoce si puede ser un efecto de que los cuestionarios de PISA no están bien diseñados para captar la complejidad que tienen los modelos educativos bilingües.
Hablaba con compañeros vascos y me decían: “Es que el tipo de euskera que se usa en el cuestionario es más cotidiano y el de las aulas es más académico”.
Es una realidad curiosa.
Yo no sé euskera y no vivo en el País Vasco, pero lo cierto es que allí están preocupados porque meten mucho más dinero que en otros sitios [para Educación] como Canarias y tienen peores resultados.
¿Cuáles han sido las claves de que Canarias haya mejorado con el paso del tiempo?
Creo que teníamos, entre comillas, una ventaja que no es nada bonita: veníamos de tan atrás que era relativamente fácil mejorar.
Posiblemente lo que ocurrió fue una cierta mejora del nivel cultural, socioeconómico, de empleo e incluso de más calidad en Canarias en los últimos 20 años. No digo que sea una maravilla, todo hay que ponerlo en contexto relativo de cuál era el punto de partida. Dónde estábamos hace 30 o 40 años y dónde estamos ahora.
Sin embargo, da la impresión de que nos estamos empezando a estancar.
Esa mejora conjunta de la sociedad canaria también se trasladó a la educación. Y una vez que hicimos esa mejora de partida, que era venir de niveles muy bajos a quedarnos bajos, pero equivalentes a otras regiones de España, parece que ahí ahora está costando más subir. Y más en un contexto en el que la tendencia general en la sociedad y en la Unión Europea ha sido la bajada.
PISA es un estudio serio y con una larga trayectoria internacional, pero ¿hasta qué punto refleja realmente lo que ocurre en las Islas? ¿Tiene limitaciones a la hora de medir la calidad de un sistema educativo?
Creo que lo mide más a efecto de sistema como conjunto de la sociedad canaria que a nivel de centro educativo, por las propias características. La complejidad de los centros no queda bien reflejada.
¿A qué se refiere?
Se elige un número de centros y en cada uno de ellos se busca a quienes tienen 15 años y se les selecciona mediante lotería. Son personas que ni siquiera están en el mismo aula. Entonces, la información que van a dar estos adolescentes es buena para saber cómo está yendo la tendencia general en Canarias, pero no es tan buena para saber lo que pasa realmente en la dinámica del aula o del centro.
¿Qué análisis hace de las cifras de comprensión lectora? Aunque Canarias ha mejorado en perspectiva histórica, sigue por debajo de la media y continúa siendo una asignatura pendiente.
La verdad es que es una cosa que tenemos que ver con cuidado porque insisto en que la tendencia es generalizada. Hay un debate sobre los efectos nocivos que pueda estar teniendo la tecnología mal empleada. No hay que entrar en el debate de tecnología sí o tecnología no, sino cuáles son los usos buenos y malos.
Los nuevos formatos que facilitan los dispositivos acostumbran al alumnado a leer textos muy cortos. Entonces, eso dificulta luego cuando se le dan textos más complejos, como los que se dan en las pruebas.
¿Hay algún dato que le preocupe de manera especial?
Canarias donde realmente está muy mal, y veo que es difícil también de mejorar, es en matemáticas. En ciencias más o menos nos hemos mantenido. Es verdad que hemos empeorado un poco en lectura y en matemáticas, pero es que en esta última seguimos todo el tiempo muy abajo. Ahí veo el mayor reto porque es donde más nos alejamos de nuestro contexto.
¿Por qué ocurre esto? Es verdad que siempre ha sido una asignatura que se le atraviesa a muchos jóvenes. ¿Tiene alguna relación con el factor socioeconómico y la dificultad de las familias, por ejemplo, a la hora de pagar clases de refuerzo?
Es un debate complicado. Yo no soy experto en didáctica de las matemáticas, pero sí que hay un elemento: a veces las matemáticas se plantean como una exigencia y se insiste en que el alumnado reproduzca de manera más o menos mecánica procedimientos de cálculo y repeticiones.
¿Cuáles son las consecuencias?
Esas repeticiones son mecánicas, pero el alumnado no termina de captar cuál es el concepto de multiplicación o el de la división. Eso es lo que realmente analiza PISA: mide competencias, no que uno sepa repetir cálculos de una manera o de otra.
¿Qué medidas se podrían tomar para mejorar esa situación?
En Primaria, algo que se viene señalando desde hace tiempo, es que en la formación de Magisterio se le da poco peso a las matemáticas. Hay mucha gente que a lo mejor ya no ve matemáticas desde la ESO y apenas recibe un poco de esa asignatura en la carrera.
Últimamente, por ejemplo, se ha hablado de mejorar la formación. Es complejo porque, además, es de muy largo recorrido. Si mañana sacamos los mejores matemáticos de las aulas de magisterio, hasta dentro de 15 o 20 años no se va a notar en el sistema. También hay que especializar a los docentes.
¿Tendremos la solución algún día?
Lo cierto es que no es fácil y llevamos bastante tiempo con eso. Es algo sobre lo que hay que poner más el foco porque las matemáticas son fundamentales para el desarrollo científico y económico.
Hablábamos antes de las pantallas. ¿Qué se puede hacer desde el sistema educativo para evitar que el consumo de contenidos rápidos, como TikTok o los reels de Instagram, perjudique la comprensión lectora y la capacidad para resolver problemas? Porque la mayor parte del tiempo que le dedican a las redes sociales están en casa.
Es complicado porque es parte ya de nuestro medio. Lo que ocurre en el aula es solo una parte de todo lo que ocurre. Hay toda una tendencia cada vez a ser más restrictivos al uso de los dispositivos en las aulas, precisamente para evitar las distracciones.
Muchas veces pensamos en la tecnología, pero hay algo más dañino que la propia tecnología: los algoritmos, que están especialmente diseñados para absorber la atención. Entonces, que demos a los menores dispositivos no es tan problemático en sí mismo. Lo es mucho más el tipo de aplicaciones que están pensadas para tenerte fijo en el dispositivo.
¿Se puede hacer algo o es una batalla perdida?
Todas estas restricciones que se están intentando imponer para que aplicaciones como TikTok, redes sociales y todo eso sean, en la medida más posible, de mucho más difícil uso por menores de edad. Y luego intentar que cuando se manejan los dispositivos haya cierta supervisión para saber qué se está haciendo con ellos.
Lo que dice también el propio informe es que un uso moderado de los dispositivos incluso contribuye a tener resultados positivos en la prueba. El problema es cuando se usan mucho. Entonces, cuando se utilizan demasiado tiempo y se usan con aplicaciones que drenan la atención, ahí tenemos una dificultad. Y eso no solo nos pasa a los menores, también nos pasa a los adultos. Eso es lo que tenemos que aprender.
¿Y esto es fácil de transmitírselo a un niño? Porque, normalmente, ellos relacionan el uso de los dispositivos con acceder a las redes sociales. No tienen herramientas para saber qué otras cuestiones pueden hacer con los móviles.
Efectivamente. De hecho, los propios juegos a los que pueden dedicar su tiempo son muy importantes. Hay juegos de puzzles o de mucho razonamiento y después otros que simplemente son compulsivos, de apretar botones sin que se implique más carga cognitiva.
La dificultad está en que antes sabíamos que algo era malo, se quitaba y ya está. Los dispositivos están en todos lados, los van a usar toda la vida y el problema es cómo ir cerrando la posibilidad para que los usen de la manera que les saque el mejor partido posible.
En definitiva, evitar actitudes radicales.
Hace 20 años parecía que todo era enchufar a las aulas. Ahora hay gente que parece que todo lo que quiere es desenchufarlas. Y realmente es más complicado, porque no se trata de enchufar o desenchufar, sino de en qué contexto usamos o no los dispositivos.
¿Corre Canarias el riesgo de que el código postal de un alumno siga pesando demasiado en sus oportunidades educativas?
Eso no es un problema de Canarias, es un problema generalizado. En todos los sitios que tenemos datos, las condiciones socioeconómicas, que es una forma sencilla de medirlas a veces por el código postal, siguen pesando mucho. Ya llevamos más de medio siglo de investigación sobre educación donde esto está sobre la mesa y cuesta mucho contrarrestarlo. Es una ola con mucha fuerza.
Durante mucho tiempo también se habló de la importancia del nivel educativo de las madres. ¿Sigue siendo un factor determinante?
Lo del nivel de las madres sigue siendo también muy importante, pero lo que ha ocurrido, que no tenemos todavía una explicación buena, desde 2015 es que ya no tiene tanto peso como tenía antes, porque las madres universitarias y sus hijos ya no tienen tan buenos resultados como antes.
La caída está generalizada en la OCDE y en la Unión Europea. El sector que más cae, precisamente, es el de familias de alto nivel socioeconómico y cultural, donde están las madres universitarias.
Para terminar, ¿hasta qué punto cree que los resultados de PISA y la evolución de la comprensión lectora tienen que ver con que hayamos protegido o sobreprotegido de alguna forma a la infancia? ¿Los hemos malacostumbrado o es solo un comentario de barra de bar?
No lo sé, pero sí que hay una cosa a tener en cuenta que puede ser interesante para entender esto. Por lo menos las encuestas de lectura que se hacen cada año muestran que el sector de la sociedad que más lee son los más jóvenes y, de una generación a otra, van leyendo más.
A veces, cuando un grupo aumenta, cambia su composición. Cuando a lo mejor solo leía un 10% de los jóvenes, eran personas que estaban en ambientes muy enriquecidos culturalmente y con mucha inquietud por la cultura.
Ahora que se ha extendido más, van entrando jóvenes con otros perfiles culturales y, a lo mejor, sus perfiles culturales, tanto de ellos mismos como de sus familias, no son tan exigentes. Entonces, a medida que se generaliza la lectura entre los más jóvenes, también puede bajar el nivel de exigencia entre los últimos que entran.
¿Eso significa que también tenemos que aprender, nunca mejor dicho, a leer a las nuevas generaciones y entender qué buscan?
Claro. Porque además un niño de los años 50, 60 o incluso 70 que leyese a Julio Verne estaba leyendo sobre un mundo que no era tan distinto del mundo de hoy. El mundo de los años 60 todavía Julio Verne alcanzó a verlo: el viaje a la Luna o los submarinos por ejemplo.
El mundo en el que estamos ahora, Julio Verne no lo vio ni en la tercera vuelta. Entonces, la propia literatura, a medida que va pasando el tiempo, va quedando más atrás y se distancia más la gente de ella.
Por eso van surgiendo autores nuevos que saben cuadrar mejor con estos jóvenes, porque les hablan más de un mundo que ellos conocen o lo conectan mejor con las inquietudes de hoy.
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