La estabilidad climática de Canarias depende más de lo que parece de un sistema oceánico desconocido para gran parte de la población, pero clave en el equilibrio del planeta. Se trata de la Atlantic Meridional Overturning Circulation (AMOC), una gran corriente del Atlántico que funciona como una especie de “cinta transportadora” de agua.
Este sistema mueve agua cálida desde los trópicos hacia el norte —incluyendo la influencia indirecta sobre Europa— y devuelve agua fría en profundidad hacia el sur, regulando temperaturas, lluvias y patrones climáticos en ambos lados del Atlántico.
Equilibrio en cuestión
Su funcionamiento depende de pequeños cambios en la temperatura y la salinidad del océano: cuando el agua se enfría y se vuelve más densa, se hunde; si ese proceso se altera, todo el sistema se ralentiza.
Ese equilibrio es precisamente el que ahora está en cuestión. Un estudio reciente publicado en Science Advances concluye que los modelos climáticos que preveían un mayor debilitamiento de la AMOC son, en realidad, los más fiables.
Cinta transportadora
El trabajo, liderado por Valentin Portmann, estima que la AMOC podría ralentizarse entre un 42% y un 58% antes de finales de siglo, una magnitud que acerca peligrosamente este sistema a un posible colapso.

Aunque no se trata de una predicción determinista, sí refuerza una tendencia que la comunidad científica viene señalando desde hace años: el debilitamiento de esta “cinta transportadora” oceánica es cada vez más probable y sus consecuencias, potencialmente profundas.
Primer efecto que golpea a Canarias
Uno de los impactos más relevantes señalados por la investigación es el desplazamiento de la banda de lluvias tropicales. Un debilitamiento de la AMOC podría reducir las precipitaciones en África occidental, una región estrechamente conectada con Canarias en términos geográficos, económicos y migratorios.
Menos lluvias implican menor producción agrícola, más inseguridad alimentaria y mayor presión social en el Sahel, factores que históricamente han estado vinculados al aumento de los flujos migratorios. En este contexto, Canarias se convierte en la primera frontera europea que recibe ese impacto indirecto del cambio climático, consolidando una tendencia que ya se ha intensificado en los últimos años.
Cambios en los alisios
Más allá del efecto africano, el estudio apunta a alteraciones en los equilibrios oceánicos que influyen directamente en el clima del archipiélago. Los vientos alisios, clave en la regulación térmica y en la formación de nubes, podrían volverse más irregulares.

Esto afectaría a fenómenos característicos como la “panza de burro”, reduciendo la humedad en zonas de medianías y alterando los ciclos agrícolas. El resultado sería un clima más variable, con episodios extremos más frecuentes y menos previsibles.
Pesca, biodiversidad y economía
El debilitamiento de la AMOC también implica cambios en la salinidad y temperatura del océano. Para Canarias, esto puede traducirse en una alteración de la corriente de Canarias y del afloramiento de nutrientes, esenciales para la vida marina.
La consecuencia directa sería el desplazamiento de especies y la alteración de los ecosistemas marinos, afectando a la pesca y favoreciendo la llegada de especies tropicales. Este proceso ya se observa parcialmente, pero podría intensificarse en las próximas décadas.
Impacto sobre el turismo
El estudio advierte además de una posible subida adicional del nivel del mar en el Atlántico de entre 50 y 100 centímetros en escenarios de fuerte debilitamiento. Aunque no todos los territorios se verán afectados por igual, las costas canarias —densamente urbanizadas y dependientes del turismo— presentan una elevada exposición.

La erosión de playas y la pérdida de infraestructuras costeras suponen un riesgo directo para el principal motor económico del archipiélago, especialmente en zonas como el sur de Gran Canaria o Lanzarote.
Cambio global con consecuencias locales
El consenso científico, respaldado por organismos como el IPCC, apunta a que el debilitamiento de la AMOC es muy probable a lo largo del siglo XXI.
La novedad del estudio de Science Advances es que reduce la incertidumbre y refuerza los escenarios más preocupantes, obligando a replantear la percepción del riesgo.
Para Canarias, esto implica asumir que el cambio climático no es solo una cuestión de temperaturas, sino de transformación de sistemas globales que afectan directamente a su clima, su economía y su papel como frontera sur de Europa.
