Pocos alimentos explican tan bien Canarias como el gofio. Está en los desayunos con leche, en el escaldón, en los guachinches, en los postres, en las recetas de las abuelas y en esa idea tan canaria de que con una cucharada bien puesta se arregla medio plato. Pero más allá de la nostalgia, este producto tradicional también tiene una lectura nutricional muy interesante.
La dietista-nutricionista Concepción Martínez, citada por El Español, destaca que el gofio es rico en fibra, favorece el tránsito intestinal y puede ayudar a evitar picos de azúcar en sangre gracias a sus hidratos de carbono complejos. Además, lo define como un alimento saciante, por lo que suele recomendarlo en dietas de pérdida de peso.
Un alimento canario con mucha historia
El gofio no es una moda saludable llegada de fuera. Es justo lo contrario, uno de los alimentos más antiguos y reconocibles de Canarias. Su origen se vincula al mundo prehispánico y bereber, y durante siglos fue una pieza básica de la alimentación en las Islas.
Antes de que el millo se incorporara tras el contacto con América, ya se elaboraban mezclas con cereales como trigo o cebada, e incluso con otros recursos disponibles según la isla y la época. Con el tiempo, el gofio fue adaptándose a los nuevos cultivos y terminó convirtiéndose en esa harina tostada que hoy sigue formando parte de la despensa canaria. Su importancia no fue solo gastronómica. También fue alimento de supervivencia en épocas difíciles, por su valor nutritivo y por su capacidad de conservación si se mantenía lejos de la humedad.
Por qué el gofio alimenta tanto
El gofio se obtiene a partir de cereales tostados y molidos, normalmente trigo, millo o una mezcla de ambos, aunque también existen variedades con legumbres u otros granos. La clave está en que, en muchos casos, el cereal se tritura entero, conservando buena parte de sus nutrientes. Eso explica su contenido en fibra, hidratos de carbono complejos, proteínas vegetales, minerales y vitaminas. No es una harina refinada cualquiera, es un alimento más completo y con una digestión más lenta, algo que ayuda a mantener la energía durante más tiempo.
Por eso ha sido tan habitual verlo en desayunos, meriendas o comidas contundentes. El gofio no es ligero en el sentido de “poca energía”, pero sí puede ser muy interesante si se toma con medida y bien acompañado.
La recomendación: tomarlo con vitamina C
Uno de los puntos más interesantes está en el hierro. El gofio puede aportar minerales como hierro, zinc, cobre, calcio, magnesio o potasio, aunque el hierro de origen vegetal se absorbe peor que el hierro procedente de alimentos animales. Por eso, la recomendación nutricional es sencilla: acompañarlo de alimentos ricos en vitamina C, ya que esta vitamina favorece la absorción del hierro vegetal.
En la práctica, esto puede hacerse de manera muy fácil. Un desayuno con gofio y fruta rica en vitamina C, como naranja, kiwi, fresas o papaya, puede ser una combinación más interesante que tomarlo solo. También puede encajar en batidos con fruta fresca o en preparaciones donde se acompañe de alimentos que ayuden a mejorar esa absorción.
Mejor con fruta que con azúcar
El gofio tiene un sabor tostado que combina muy bien con leche, yogur, plátano, frutos secos o miel. Pero si la idea es aprovecharlo de forma saludable, conviene no convertirlo en una bomba de azúcar. Una cosa es añadir una pequeña cantidad para dar sabor y otra muy distinta cargarlo con azúcar, leche condensada o siropes. El gofio ya aporta energía por sí mismo, así que lo ideal es acompañarlo con ingredientes que sumen nutrientes y no solo calorías.
Una opción sencilla puede ser mezclarlo con yogur natural, plátano y kiwi. Otra, tomarlo con leche y una pieza de fruta. También puede añadirse a un batido con papaya o naranja, buscando precisamente ese aporte de vitamina C.
Un aliado para deportistas
El gofio también tiene mucho sentido en la alimentación de personas activas. Su aporte de hidratos de carbono complejos lo convierte en una fuente de energía útil antes de entrenar o en comidas de recuperación, especialmente si se combina con proteínas y fruta.
Eso no significa que haya que tomar grandes cantidades. Como ocurre con cualquier alimento energético, la dosis importa. Una o dos cucharadas pueden ser suficientes para enriquecer un desayuno, un batido o un yogur sin pasarse.
Fibra, saciedad y energía sostenida
Otra de las razones por las que el gofio resulta interesante es su capacidad saciante. Al contener fibra y carbohidratos complejos, puede ayudar a que el desayuno o la merienda aguanten más tiempo sin hambre. Concepción Martínez explica en El Español que el gofio favorece el tránsito intestinal y ayuda a evitar picos de azúcar en sangre, precisamente por esa composición más completa.
Esto lo diferencia de otros productos más refinados, que pueden provocar subidas y bajadas de energía más rápidas. El gofio, bien usado, puede aportar una sensación de energía más estable.
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