España respiraba tensión en 1986. Mientras la Movida madrileña reflejaba —a su manera— la libertad que el país perdió durante 40 años, apareció un debate que caldeó el ambiente: ¿hay que unirse a la OTAN? Aquello preocupó a parte de Canarias ante el miedo de que Estados Unidos —líder del organismo— se asentara en el Archipiélago con bases militares.
Islas como Gran Canaria o Fuerteventura tuvieron un movimiento activista importante formado sobre todo por partidos de izquierdas con comités anti-OTAN que tenían el propósito de convencer a los ciudadanos para que votaran en contra de la adhesión en el referéndum del 12 de marzo de 1986. La cercanía a África era uno de sus argumentos.
Plataforma de paz
Carmelo Ramírez, quien por aquel entonces era alcalde de Santa Lucía de Tirajana y miembro de Asamblea Canaria Nacionalista, recuerda cómo iniciaron una campaña en el municipio alertando de que se hablaba, incluso, de la pretensión de la OTAN de instalar una base militar en Arinaga. “Queríamos que Canarias fuera una plataforma de paz”, afirma.
“La mejor defensa de Canarias era no ser considerada como una plataforma de agresión de cara a los países africanos, sino una de cooperación”, prosigue el actual consejero de Cooperación Internacional y Solidaridad del Cabildo de Gran Canaria. Subraya que por aquel entonces hubo un debate profundo en el que se implicaron muchas personas del Archipiélago.

Conciencia nacionalista
“Había una conciencia nacionalista”, rememora, “por la que a Canarias no le interesaba el tema de la OTAN”. Expone que la clave era la unión entre organizaciones políticas, sindicales, vecinales y culturales en torno al voto negativo para unirse a la Alianza Atlántica.
Con su rechazo, el Archipiélago se rebeló junto a Cataluña, País Vasco y Navarra al Gobierno de España —encabezado por Felipe González—, desde donde se apostó por el sí con una firme convicción. “Aquello fue una manipulación tremenda”, pone sobre la mesa Ramírez.

Inestabilidad en África
Marino Alduán en 1986 era miembro del sindicato STEC y presidía la junta de personal de enseñanza de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. No tiene ninguna duda de que la población de las Islas “siempre ha sido consciente de la situación singular y vulnerable de las Islas” —especialmente, apunta, en la provincia de Las Palmas donde ganó el no—.
Subraya que Canarias está a 80 kilómetros de África “y conoce la inestabilidad del continente en la zona que representa hoy El Sahel”. “Creo que desde siempre, y más en aquellos momentos, la ciudadanía entendió que la no implicación en ninguna aventura militar era una garantía de supervivencia como había ocurrido en los siglos anteriores”, apostilla.

"Situaciones conflictivas"
Nardy Barrios, que en 1986 ejercía como profesora de Derecho Constitucional en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y abogada en ejercicio —unos años más tarde entraría a la política—, siempre ha defendido la presencia de España en la OTAN porque —dice— garantiza cuestiones como “la seguridad y la defensa”.
“Y nosotros como canarios creo que todavía estamos más sensibilizados por la cercanía que tenemos a un continente como es el africano sobre el que muchas veces debemos estar previendo para evitar determinadas situaciones conflictivas”, afirma. “Estando en la OTAN hay intercambio de conocimiento, información y de proyectos”, apostilla.

"Una zona pacificada"
Alduán indica que el riesgo que detectaban entonces era que Canarias se convirtiera en un frente de agresión y de conflicto con África. “Y que los países africanos, con la instalación de bases de la OTAN, entendieran que el modelo imperialista y expansionista que Estados Unidos ha defendido históricamente, contaba en Canarias una base de agresión”, agrega.
Quien a día de hoy ejerce como director del gabinete de Presidencia del Cabildo de Gran Canaria, señala que las Islas siempre han entendido que el desarrollo “va unido a que nuestra zona sea pacificada, de diálogo y de respeto con nuestros países vecinos”, destaca.
Marruecos
“Canarias necesita para su actividad económica, turística, comercial y portuaria vivir en un contexto de paz y de seguridad. Si el Archipiélago está en este momento rebosando de turistas, entre otras cosas, es por las inestabilidades que se están produciendo en nuestros competidores del Mediterráneo que están más próximos a la zona de guerra”, indica.
Carmelo Ramírez, por su parte, opina que “Canarias no debe ser percibida como una plataforma agresiva y peligrosa para los países cercanos”. “Tenemos un Marruecos que cuenta con un acuerdo con Estados Unidos —el de Abraham— para el reconocimiento de Israel y un pacto estratégico donde están los tres”, asevera.
Los votos
Para el referéndum de 1986 estaban llamadas a votar en las Islas alrededor de un millón de personas y votó en contra de pertenecer a la OTAN alrededor de la mitad de los 556.623 que acudieron a las urnas según recoge el libro 40 años de libertad en uno de sus capítulos. En la provincia de Las Palmas apostó por el no un 55%, frente al 44% en la de Santa Cruz de Tenerife.
Alduán sostiene que “afortunadamente las previsiones negativas no se cumplieron porque la OTAN ha sido un elemento más de disuasión que de intervención militar, que es lo que todos temíamos”. Considera que es importante replantear la estrategia ante la división del mundo en tres grandes potencias, pero duda que la defensa de EEUU sea la que necesitan las Islas.
Estatuto de neutralidad
Antonio González Viéitez, quien fue líder del Partido Comunista y fue diputado en el Parlamento de Canarias, cuenta que “siempre que algún poder ha dominado el Atlántico ha tenido a Canarias en el punto de mira” por su ubicación. Ha pasado, apunta, con el Imperio Español, con los ingleses, los americanos y la OTAN.
“Lo que tenemos que hacer es evitar la dependencia de quien domina en cada momento en el Atlántico, cualquier frontera para nosotros es limitante y nos empobrece”, reflexiona. “Necesitamos un estatuto de neutralidad, lo decíamos hace 40 años, pero en la actualidad es mucho más importante”, añade González Viéitez.

¿Ser frontera?
“Nosotros tenemos que mirar hacia el sur. En estos momentos la dimensión africana de Canarias está tocándonos la puerta y debemos intentar no ser ni plataforma logística ni frontera, sino ser un auténtico elemento que promueva la vecindad y el entendimiento”, pone también sobre la mesa.
Nardy Barrios, por su parte, sentencia que la Alianza Atlántica es positiva, pero “no la OTAN de ahora que está entregada a Donald Trump”. “Sí a la OTAN, pero a una con autonomía, con personalidad, valiente y que defienda la seguridad de sus ciudadanos, porque no está con Trump y que sí a todo aunque haga disparates”, añade.
Una cosa está clara: el debate sobre si pertenecer o no a la Alianza Atlántica es como el Ave Fénix, siempre resurge de entre sus cenizas. Pero la clave es echar la vista atrás y conocer cómo lo vieron quienes se enfrentaron a él cuando apareció por primera vez. En Canarias, al menos, la discusión giraba en torno a África y al imperialismo yanki.
