Canarias ha aparecido en mapas, crónicas de viajes, rutas comerciales y hasta en grandes obras de la literatura universal. Entre las referencias más curiosas está la de William Shakespeare, que no solo escribió sobre reyes, celos, amores imposibles y tragedias familiares, sino que también dejó espacio para un producto que durante siglos dio fama al Archipiélago: el vino canario.
La mención aparece en Enrique IV, parte II, una de sus obras históricas. En el acto II, escena IV, el personaje de Mistress Quickly habla de los efectos del “canaries”, un vino al que atribuye una fuerza casi inmediata sobre la sangre. La edición de The William Shakespeare Project recoge esa referencia en la escena ambientada en la taberna Boar’s Head, en Londres.
Canarias en una taberna de Londres
La escena no tiene lugar en las islas, sino en una taberna inglesa. Y quizá por eso resulta todavía más llamativa. El vino canario aparece allí como algo reconocible para el público de la época, un producto con suficiente fama como para funcionar dentro de una conversación teatral sin necesidad de demasiadas explicaciones.
Shakespeare no estaba haciendo una guía gastronómica, pero la referencia dice mucho. Para que un vino entre en una obra de teatro popular en la Inglaterra isabelina, antes tuvo que entrar en los puertos, en las mesas, en las tabernas y en el imaginario de quienes escuchaban esas palabras desde el patio de butacas. No era un simple guiño exótico. Era la prueba de que los vinos de Canarias habían cruzado el Atlántico y se habían hecho un hueco en Europa.
El “canaries”, más que una palabra
El término Canary en inglés tuvo varios usos históricos, pero en el contexto de Shakespeare aparece ligado al vino. Un estudio publicado en el Anuario de Estudios Atlánticos analiza precisamente el uso de las voces Canary, sack y malmsey en la obra del dramaturgo y señala que sack aparece en Shakespeare con el sentido de vino malvasía seco, asociado al vino canario.
Ese matiz es importante. No siempre se debe leer la palabra “canary” como una referencia directa y literal a la malvasía concreta que hoy identificamos por su nombre, pero sí como parte de un universo comercial y cultural vinculado a los vinos canarios que circulaban por Inglaterra. En otras palabras: Shakespeare no escribió “tráiganme una copa de malvasía canaria” con esa claridad moderna, pero sí utilizó un término que su público podía asociar al vino procedente de las islas.
La malvasía que conquistó Europa
El vino canario más célebre de aquella época fue la malvasía, especialmente apreciada en los siglos XVI y XVII. La web turística oficial de Canarias recuerda que los vinos malvasía del Archipiélago alcanzaron fama internacional en el siglo XVI y llegaron a ser conocidos en cortes europeas, con menciones literarias como la de Shakespeare.
Su éxito no fue casual. Canarias tenía clima, suelos volcánicos y una posición estratégica en las rutas marítimas. Las islas no eran solo un territorio de paso; también eran un lugar capaz de producir vinos con personalidad propia y de exportarlos con fuerza. La malvasía canaria viajó especialmente bien. Su estructura, su dulzor y su resistencia en los trayectos marítimos ayudaron a que pudiera llegar en buenas condiciones a mercados exteriores. En una época en la que el comercio dependía del barco, eso marcaba la diferencia.
Un vino nacido entre volcanes
La singularidad de los vinos canarios no se entiende sin el territorio. Las viñas llegaron a las islas tras la conquista, en el siglo XV, de la mano de conquistadores, comerciantes, colonos y religiosos europeos. Desde entonces, el cultivo se adaptó a un paisaje muy distinto al de otras zonas vinícolas: suelos volcánicos, pendientes, vientos alisios, altitudes cambiantes y microclimas muy marcados.
Ese contexto dio lugar a vinos con una identidad difícil de copiar. La propia promoción turística de Canarias destaca que el Archipiélago permaneció libre de filoxera, una plaga que arrasó viñedos europeos en el siglo XIX y que en las islas permitió conservar variedades que desaparecieron o se transformaron en otros lugares. Por eso, hablar de vino canario no es solo hablar de una bebida antigua. Es hablar de un patrimonio agrícola que sobrevivió en un territorio aislado y volcánico, con variedades que hoy forman parte de su valor diferencial.
De La Palma a Lanzarote
La malvasía tiene hoy distintas expresiones en Canarias. La web turística oficial señala como especialmente relevantes la malvasía volcánica, vinculada a Lanzarote, y la malvasía aromática, asociada a La Palma. Ambas ayudan a explicar por qué este vino mantiene todavía un aura especial. En Lanzarote, la imagen de las viñas protegidas por muros semicirculares de piedra volcánica en La Geria se ha convertido en una de las postales agrícolas más reconocibles de Canarias. En La Palma, la tradición vinícola se mezcla con paisajes de monte, costa y suelos volcánicos que dan carácter a sus vinos dulces.
Ese mapa no se limita a una sola isla. Canarias cuenta actualmente con once denominaciones de origen vinculadas al vino, entre ellas una regional y varias insulares o de zonas concretas de Tenerife.
Un prestigio que también fue económico
Durante siglos, el vino fue uno de los grandes productos de exportación del Archipiélago. Antes de que el turismo se convirtiera en el gran motor económico de Canarias, las islas ya habían encontrado en sus vinos una forma de proyectarse hacia fuera. La fama de la malvasía ayudó a colocar el nombre de Canarias en mercados internacionales. El vino viajó, se vendió, se bebió y se mencionó. Y esa última parte es clave porque cuando un producto entra en la literatura, deja de ser solo mercancía y pasa a formar parte de la cultura.
Por eso la referencia de Shakespeare resulta tan poderosa. No es únicamente una curiosidad para amantes del teatro.
Más allá del “ser o no ser”
Shakespeare es recordado por frases universales, personajes complejos y tragedias que siguen representándose más de cuatro siglos después. La Folger Shakespeare Library señala que se conocen 39 obras suyas, incluidas algunas colaboraciones, aunque tradicionalmente se habla de 38 textos conservados dentro del canon más habitual.
Entre tantos reyes, bufones, amantes, soldados y fantasmas, también se coló Canarias. No como escenario principal, sino como sabor. Como una copa servida en una taberna londinense. Como una palabra que el público podía reconocer. El vino canario fue, durante un tiempo, uno de esos productos capaces de llevar el nombre de las islas mucho más lejos que sus costas. Shakespeare lo dejó escrito casi de pasada, pero esa pequeña mención basta para recordar que Canarias ya formaba parte de las conversaciones europeas mucho antes de convertirse en destino turístico.
Añadir AtlánticoHoy como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
