Imagen de toallitas que habían atascado una tubería / EFE
Imagen de toallitas que habían atascado una tubería / EFE

200 toneladas por una mala costumbre: las toallitas, el residuo que sigue atascando la red de saneamiento en Tenerife

Entemanser ha retirado en lo que va de 2026 unas 200 toneladas de toallitas y residuos de 34 estaciones de bombeo en Adeje, Guía de Isora y Granadilla de Abona

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El gesto dura apenas unos segundos, usar una toallita y tirarla al váter. Pero cuando se repite miles de veces, el resultado deja de ser invisible. En lo que va de 2026, Entemanser ha retirado 200 toneladas de toallitas y otros residuos de las estaciones de bombeo que gestiona en Adeje, Guía de Isora y Granadilla de Abona.

Son 200.000 kilos de residuos que nunca deberían haber llegado a la red de saneamiento. Para extraerlos, la empresa ha destinado más de 6.500 horas de trabajo en las 34 estaciones de bombeo que opera en estos tres municipios del sur de Tenerife.

El váter no es una papelera

El problema empieza en casa, pero termina en una infraestructura que la mayoría de la población no ve. Las estaciones de bombeo son piezas clave del sistema de saneamiento: permiten impulsar las aguas residuales para que lleguen hasta las depuradoras. El sistema está preparado para mover agua residual, no para tragarse residuos sólidos. Y ahí es donde las toallitas se convierten en una pesadilla técnica.

A diferencia del papel higiénico, las toallitas húmedas no se deshacen fácilmente al contacto con el agua. Aunque algunas se vendan como biodegradables, no desaparecen en el trayecto por las tuberías. Siguen avanzando por la red, se enredan, se compactan y acaban bloqueando bombas y conducciones.

Qué pasa cuando una toallita llega a una bomba

Cuando una toallita entra en una estación de bombeo, no llega sola. Suele hacerlo mezclada con otros residuos: bastoncillos, compresas, preservativos, cabellos, restos de aceite o basura que alguien decidió tirar por el inodoro. El resultado puede ser un atasco. Las toallitas se enrollan en los rodetes de las bombas, reducen su capacidad de impulsión y, en algunos casos, llegan a bloquearlas por completo.

A partir de ahí empieza el efecto dominó. Más limpiezas, más horas de trabajo, más consumo energético, más desgaste de motores y más riesgo de averías. Lo que parecía un gesto sin importancia acaba obligando a intervenir en pozos, bombas y rejas de desbaste para evitar males mayores.

Más coste y más riesgo ambiental

El impacto no se limita al mantenimiento. Cuando una bomba se bloquea y el nivel del pozo sube, puede producirse un alivio de aguas residuales o incluso un desbordamiento. Eso supone un riesgo ambiental, especialmente en municipios donde la actividad residencial, turística y económica depende de que el saneamiento funcione sin interrupciones.

También implica un sobrecoste para la red. Cada atasco obliga a movilizar personal, maquinaria y tiempo. Y cuanto más se repite el problema, más se acorta la vida útil de los equipos. En otras palabras, tirar una toallita al váter no solo puede atascar una tubería. También puede terminar afectando a una infraestructura pública que sostiene el día a día de miles de vecinos.

Imagen de un montón de toallitas / EFE
Imagen de un montón de toallitas / EFE

Lo que no debe tirarse al inodoro

Entemanser ha insistido en este mensaje a través de campañas como #Nolotires: al inodoro solo debe ir papel higiénico. Las toallitas, los bastoncillos, las compresas, los preservativos, los restos de aceite de cocina, los cabellos y cualquier otro residuo deben ir a la papelera o al contenedor correspondiente.

Puede parecer una recomendación básica, pero los datos demuestran que el hábito sigue muy extendido. Si en menos de un año se han retirado 200 toneladas de residuos de las estaciones de bombeo, el problema no es puntual.

Un trabajo que casi nadie ve

Mantener operativas las estaciones de bombeo no suele ocupar titulares hasta que algo falla. Cuando el sistema funciona, simplemente se da por hecho. El agua se va por el desagüe, desaparece de casa y continúa su camino hacia la depuradora. Pero detrás hay equipos técnicos que limpian, revisan, desbloquean y reparan instalaciones para evitar cortes, malos olores, vertidos o averías mayores.

Entemanser asegura que trabaja de forma coordinada con los ayuntamientos de Adeje, Guía de Isora y Granadilla de Abona para mantener en funcionamiento las 34 estaciones de bombeo de estos municipios. El gerente y jefe de producción de la empresa, Pedro A. Gómez, resume el problema con una imagen clara y es que cada toallita retirada de una bomba es también el aviso de lo que podría haber ocurrido si no se llega a tiempo, desde un atasco hasta una avería o un vertido.

Un problema global que empieza en casa

La empresa recuerda además que Naciones Unidas alerta de que más de 3.500 millones de personas en el mundo siguen sin acceso a saneamiento seguro. El dato sirve para poner en perspectiva algo que en Canarias muchas veces se da por supuesto: abrir un grifo, tirar de la cisterna y confiar en que todo funcione.

Pero para que funcione, la red también necesita cuidados. Y parte de ese cuidado empieza con una decisión muy sencilla, no usar el váter como papelera. Las 200 toneladas retiradas en Adeje, Guía de Isora y Granadilla no hablan solo de un problema técnico. Hablan de una costumbre que sigue muy presente y que tiene consecuencias reales.

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