El Bodegón Lagunetas se prepara para cambiar de manos después de 31 años sirviendo papas con mojo, bocadillos de pata, potajes y menús del día en el corazón de Triana. Sus fundadores y propietarios, Pino Arencibia y Carmelo García, han decidido dar un paso a un costado tras más de tres décadas de trabajo y ultimas con Raúl Lizoain —exportero de la UD Las Palmas y actual guardameta del Granada CF— el traspaso de uno de los restaurantes más reconocibles de la capital grancanaria.
El futbolista ha adquirido el establecimiento a través de su actividad empresarial. Lizoain figura como administrador único de Huno Gastro, una sociedad limitada cuyo objeto social comprende "restaurantes y puestos de comida", la "provisión de comidas preparadas para eventos" y los "establecimientos de bebidas". La operación supondría su entrada en un negocio con tres décadas de historia y una clientela consolidada en uno de los principales ejes comerciales de la capital grancanaria.
Porque Lagunetas es bastante más que un restaurante. En su barra y en sus mesas se han mezclado durante años trabajadores de la zona, madrugadores y trasnochadores en busca de un bocadillo de pata para desayunar, turistas que se aproximaban a la cocina de las Islas o actores que, terminada la función en el cercano Teatro Cuyás, necesitaban encontrar algo que llevarse a la boca. También están quienes simplemente entran porque saben lo que van a encontrar. En una ciudad donde el paisaje comercial ha cambiado a enorme velocidad, el bodegón ha conservado una identidad reconocible.
Desde 1995
La historia comenzó el 6 de marzo de 1995. Pino Arencibia y Carmelo García levantaron entonces un establecimiento mucho más modesto que el actual. Eran cuatro trabajadores, incluidos ellos dos, y probablemente resultaba difícil imaginar que aquel pequeño bodegón terminaría convertido en un restaurante con varios salones, dos plantas, terrazas y capacidad para alrededor de 80 comensales.
El crecimiento llegó poco a poco, ampliación tras ampliación, mientras Lagunetas se hacía un sitio en la gastronomía popular de Las Palmas de Gran Canaria. Hoy trabajan allí unas 20 personas repartidas entre cocina, sala y terrazas. La dimensión del negocio ha cambiado; buena parte de aquello que lo hizo conocido, no.
Cocina canaria
Su carta explica una parte de esa longevidad. Lagunetas ha construido su nombre alrededor de una cocina canaria sin demasiadas complicaciones ni disfraces: potajes, rancho canario, churros de pescado, croquetas de cierne o ensaladilla rusa. Pero existen dos platos que han adquirido casi categoría propia dentro del establecimiento.
Uno son las papas con mojo picón, elaboradas a partir de una receta de Pino Arencibia que continúa siendo uno de los secretos mejor guardados de la casa. El otro es el bocadillo de pata, convertido con los años en una de sus señas de identidad. Y entre los habituales existe incluso un pequeño ritual: comprobar quién está detrás del cuchillo. Si el encargado del corte es Carmelo García, se puede decir que es un día de suerte.

Noche de Reyes
La personalidad de Lagunetas se construyó también fuera de la carta. Su ubicación, en el entorno de Lagunetas y Triana, hizo que desde sus primeros años tuviera una relación estrecha con quienes trabajaban alrededor. Entre aquella clientela estaban empleados y representantes de los sindicatos con sede en Primero de Mayo, trabajadores de Radio Nacional de España, con Antonio Betancort al frente, y amigos de la casa, entre ellos miembros de Los Gofiones.
Pero existe una fecha en la que Lagunetas deja de ser solamente un restaurante. Cada 5 de enero, cuando Triana vive una de las jornadas más intensas del año, el establecimiento se transforma en uno de los puntos de encuentro de la Noche de Reyes en Las Palmas de Gran Canaria.
La tradición nació sin pretensiones. Carmelo y Pino comenzaron preparando un asadero de sardinas y bocadillos de pata de cerdo para esos clientes habituales y amigos. Era una reunión alrededor del establecimiento para gente conocida de la casa. Con el paso de los años, el boca a boca hizo crecer aquella cita hasta convertirla en una parada multitudinaria de la noche más larga de Triana.
Vuelta de las vacaciones
Esa evolución resume, en buena medida, la historia del negocio. Lo que comenzó como un pequeño bodegón con cuatro trabajadores terminó ocupando dos plantas, dando empleo a una veintena de personas y entrando en las costumbres de una parte de la ciudad.
Ahora llega el momento más delicado de cualquier negocio familiar que ha sobrevivido durante tres décadas: el relevo. Pino Arencibia y Carmelo García preparan su retirada y Raúl Lizoain se hará con un establecimiento que no parte de cero. Recibirá una marca conocida, un equipo consolidado y, sobre todo, una forma de entender el restaurante que sus fundadores han construido desde aquel 6 de marzo de 1995.
El Bodegón Lagunetas, a la vuelta de las vacaciones de verano —prevista para el 17 de septiembre— abrirá una etapa inesperada con un futbolista profesional al frente de su propiedad. Cambiarán los dueños, pero el verdadero desafío estará en otra parte: conseguir que, cuando alguien vuelva a entrar en Lagunetas, siga reconociendo el lugar de siempre.
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