Mari Carmen Bonfante, presidenta de Ámate|REDES
Mari Carmen Bonfante, presidenta de Ámate|REDES

Ámate cumple 20 años de lucha contra el cáncer y apoyo a miles de personas en la provincia tinerfeña

Veinte años después de nacer casi de la nada, Ámate acompaña a miles de personas con cáncer de mama con apoyo emocional, atención profesional, voluntariado y una lucha constante por sus derechos

Por las manos de Mari Carmen Bonfante han pasado miles de historias de miedo, de dolor, pero también de fuerza y de sonrisas. Durante veinte años, al frente de Ámate, la Asociación de Mujeres Afectadas por Cáncer de Mama de Tenerife, ha visto crecer un proyecto que nació casi de la nada y que hoy acompaña a pacientes y familias en algunos de los momentos más difíciles de su vida.

“Lo que más me queda siempre es la sonrisa y las gracias”, comenta la presidenta en declaraciones a Atlántico Hoy. 

Miles de personas al año

Cada año, Ámate atiende a más de 1.500 personas, entre pacientes y familiares, a través de distintos servicios como apoyo psicológico o fisioterapia, que se multiplican en cientos y cientos de sesiones. 

“Imagínate, 1.500 o 1.600 personas al año y unos 1.800 servicios; en veinte años son muchísimas vidas tocadas”, resume.​

El día que lo cambió todo

Todo comenzó un mes de marzo de hace ya dos décadas. Antes de esa fecha simbólica, Mari Carmen y un pequeño grupo de mujeres llevaban casi un año trabajando “en la sombra”: montando documentación, preparando cursos, creando materiales y, sobre todo, soñando. 

“Ese día teníamos nuestros folletos, nuestras camisetas, y en las fotos son todo risas y abrazos”, recuerda emocionada.​

Equipo para ayudar

Comenta Bonfante que 20 años atrás no sabían hasta dónde llegarían, ni cuánto aguantarían, pero sí tenían clara una cosa: querían ayudar. “Empezamos a caminar con muchísima ilusión y esperanza. El camino no iba a ser fácil, pero nuestro empeño era que esto fuera para la gente, todo el tiempo que pudiera ayudar”, explica. 

"Entonces éramos cuatro personas", dice. Hoy la asociación cuenta con unos 25 trabajadores, una junta directiva de 12 personas y un amplio grupo de voluntariado que sostiene el corazón del proyecto.​ “El voluntario es lo mejor que me ha pasado después de mi familia. Nadie sabe lo que se pierde por no ser voluntario”, subraya

Visitas al hospital

Los primeros pasos de Ámate fueron, literalmente, a pie de cama. “Al principio lo que más hacíamos era ir cada día al hospital a verlas recién operadas”, rememora. Se sentaban junto a las mujeres que acababan de pasar por una cirugía de mama, muchas veces asustadas, sin apenas información, dándole vueltas a su vida.​

“Llegabas, te sentabas y le decías: yo también lo pasé. Entonces ellas soltaban, hablaban, hablaban… y cuando salías de la habitación las veías sonriendo. Y pensabas: qué bien, qué maravilla. Si yo no hubiera podido estar allí…”, cuenta con ternura.​

10 sedes en la provincia

De esas visitas de hospital y de ese “estar para escuchar” se ha pasado a una realidad muy distinta: hoy Ámate tiene diez sedes y presencia en Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro. “Fuimos creciendo porque la gente nos lo pedía", apunta y añade que había personas que les decían: "no puedo desplazarme, tengo los pies destrozados por la quimio, no puedo andar". A partir de ahí, "empezamos a ir nosotras a sus pueblos, a sus casas”, explica.​

Ese crecimiento no fue solo en territorio, sino también en estructura. Al principio todo el equipo profesional -trabajadoras sociales, psicólogas, fisioterapeutas- trabajaba de forma voluntaria, regalando un día a la semana para atender a las pacientes.

Un niño y una charla

En una de las charlas que Ámate imparte en institutos para quitar el miedo al cáncer de mama, un niño escuchó que el 90% de las mujeres sale adelante y que no están solas. Tiempo después, su madre, que atravesaba una separación muy dura, fue diagnosticada de cáncer de mama y no sabía cómo contárselo.​

Cuando por fin se sentó con él y le dijo que tenía un bulto en el pecho y era cáncer, el niño respondió: “No te preocupes, vamos a ir a Ámate, sé que el 90% se salva y voy a estar contigo y te voy a ayudar”. A partir de entonces, se convirtió en su apoyo durante la quimioterapia, dejó en segundo plano el trauma de la separación y encontró un papel importante acompañando a su madre, un gesto que Mari Carmen recuerda con especial emoción.​

Ellos, también

En estos veinte años Ámate también ha visibilizado el cáncer de mama en hombres, "que suelen sentir vergüenza y prefieren contactar por teléfono o internet en lugar de acudir a la sede", comenta.

Para que se sintieran incluidos y no tuvieran reparo en acudir, la entidad dejó de llamarse Asociación de Mujeres con Cáncer de Mama y pasó a ser Asociación de Cáncer de Mama de Tenerife, un cambio simbólico para derribar tabúes y recordar que esta enfermedad no entiende de género.

Acercar los recursos

Recuerda la máxima responsable de la asociación que Ámate no solo acompaña emocionalmente, también pelea por la dignidad de las pacientes, por ejemplo, reclamando desde hace años que las prótesis mamarias externas se entreguen en los centros de salud y no obliguen a mujeres en plena recuperación a desplazarse desde municipios lejanos. 

“Llevamos años peleando para que, cuando una mujer necesita una prótesis, no tenga que venir desde Santiago del Teide, desde Chío o desde otro municipio lejano a recogerla aquí”, explica. Muchas de ellas están en plena recuperación, se encuentran mal, y aun así deben desplazarse “cogiendo hasta tres guaguas” únicamente para algo que podría entregarse en su centro de salud.​

Premios Corazón solidario

Ámate celebrará el 21 de marzo una comida en el Círculo de Amistad de Tenerife como acto central de su 20 aniversario, en la que entregará diez premios Corazón Solidario a personas que han acompañado a la asociación desde sus inicios. 

La intención es repetir cada año este homenaje, con nuevos galardonados, para reconocer simbólicamente a una comunidad mucho más amplia que ha sostenido el proyecto durante dos décadas.