Luisi Castro, alcaldesa de Güímar, se desmarca de la polémica sobre el monumento a Franco de Santa Cruz de Tenerife y defiende que la escultura, obra de Juan Ávalos, debe preservarse como patrimonio artístico y cultural.
Según las palabras de la mandataria güímarera, no se trata de proteger un símbolo franquista, sino de “evitar que se borre una parte de la historia y de la memoria escultórica del país”.
“No borrar la historia, aprender de ella”
Preguntada por su opinión sobre el monumento a Franco, Castro se apresura a matizar: “Monumento a la paz”. Insiste, además, en que la pieza fue concebida como tal y cuestiona que se la reduzca a su vínculo con la dictadura.
“Aquí lo denominan como Franco, pero la denominación es la paz. Y yo, la verdad que abogo -y sobre todo defiendo- lo que significa como patrimonio cultural y artístico. Creo que una obra de Juan Ávalos como esta es un patrimonio para este país, para Canarias y sobre todo para Tenerife y Santa Cruz”, señala, reivindicando el peso del autor en la valoración de la obra.
Cuestiona que no tenga valor cultural
Frente al criterio de la comisión del Gobierno de Canarias, que ha sostenido que el conjunto escultórico no tiene valor artístico ni patrimonial suficiente para que sea declarado Bien de Interés Cultural (BIC), la alcaldesa se muestra contundente y discrepante. “Discrepo absolutamente con la comisión del Gobierno de Canarias cuando dice que no tiene ningún valor artístico y patrimonial y creo que ese conjunto sí que lo tiene y sobre todo por el valor del artista”, matiza.
“Yo siempre estoy apostando por no borrar la historia, sino aprender de los errores de ella”, añade, defendiendo que la democracia debe ser capaz de convivir con su pasado sin eliminar las piezas que lo recuerdan
Escultura, democracia y prioridades vecinales
La regidora considera “una pena” que el debate sobre la escultura termine dirimiéndose en los tribunales, tal y como prevé que suceda entre el Ayuntamiento de Santa Cruz y las administraciones superiores. “El ministro ha dicho que tienen 6 meses para retirarlo, pero esto se verá al final en los tribunales”, apunta, en referencia al margen temporal que se ha dado para decidir el futuro de la pieza.
A su juicio, el conflicto revela una contradicción entre lo que es y lo que debería ser, indicando que “es una pena que en una democracia como en la que estamos no pueda convivir el valor artístico patrimonial de una escultura porque quieren simbolizar la época de esa historia”
Para la alcaldesa de Güímar, el debate sobre el monumento no debería eclipsar las políticas de vivienda, empleo y cohesión social, recordando que las urgencias ciudadanas van por otro lado. “Yo creo que estamos equivocados en eso y hay cosas más importantes y que los vecinos necesitan más, como viviendas, trabajo y una mejor vida social, que para eso estamos los políticos”, afirma, intentando bajar el foco del monumento
La oferta de llevárselo a Güímar
Durante la conversación, Castro recuerda que en su momento se habló de “llevárselo”, trasladando la escultura a Güímar. La alcaldesa matiza que de ser así, tiene donde colocarlo.
“Bueno, a mí en su momento me ofrecieron suelo privado y, bueno, si es legalmente posible, si lo van a guardar en un… yo por supuesto que me lo llevo si es viable”, explica, indicando que con esta alternativa busca evitar que la obra acabe almacenada o desmontada sin uso ni lectura pública.
Castro introduce, además, el factor económico. “La verdad es que hay que preguntar cuánto cuesta quitar esa escultura de ahí, ya que está valorada en 45 millones de euros”, asegura, diferenciando entre el coste de desmontarla y el valor atribuido a la obra
Patrimonio, resignificación y otras memorias
La alcaldesa insiste en que, tras leer sobre el monumento, no aprecia “elementos franquistas” explícitos en la escultura y abre la puerta a la resignificación como alternativa a la retirada. “Si no se puede resignificar, si hay elementos de… pero bueno, yo he leído muchísimo y no veo ningún elemento franquista”, sostiene, defendiendo que el problema no es la escultura en sí, sino la interpretación que se hace de ella.
Castro amplía el foco y se declara partidaria de proteger también otras obras vinculadas a épocas y memorias distintas. “También apuesto por defender esculturas de otra época, como la de la Pasionaria u otras”, apunta, para subrayar que su posición no se limita a este caso concreto y concluye, reivindicando que el debate sobre el "monumento a la paz" debería abordarse desde la cultura y la memoria, y no solo desde la confrontación política.