El proyecto para conectar las redes de saneamiento de Arona y San Miguel de Abona con la depuradora de aguas residuales de Montaña Reverón ha tenido que rediseñarse por un problema que estaba escondido en el subsuelo y que ha trastocado los planes.
El que debía ser el tramo final de las conducciones que llevarán las aguas residuales hasta la depuradora se ha convertido en uno de los puntos más complejos de toda la actuación después de que, durante la ejecución de las obras, apareciera una concentración de canalizaciones e infraestructuras mucho mayor de la prevista, que había pasado inadvertida. Ese descubrimiento obliga al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico a sacar a información pública una variación del tramo final de las canalizaciones.
La depuradora
La actuación forma parte del sistema de saneamiento y depuración de Arona este y San Miguel de Abona. Su misión es conducir hasta la depuradora las aguas residuales procedentes de distintos puntos de los municipios mediante tres impulsiones y conectar posteriormente la instalación con el resto del sistema a través de un emisario terrestre. El problema apareció precisamente en el último tramo del recorrido, cuando las conducciones debían acceder a la estación.
El expediente explica que la modificación nace como consecuencia de "la imposibilidad de ejecutar las obras conforme al proyecto inicial" debido a la elevada concentración de servicios existentes en el entorno del camino Los Gamboas.
Corredor de infraestructuras
Lo que encontraron los técnicos bajo ese camino fue un auténtico corredor de infraestructuras. En un espacio relativamente reducido conviven redes eléctricas, conducciones de abastecimiento, aguas regeneradas, saneamiento, telecomunicaciones y otros servicios que ocupaban prácticamente todo el subsuelo disponible. Instalar las nuevas tuberías sin afectar a esas infraestructuras resultaba, sencillamente, inviable.
La documentación del proyecto explica que la información disponible antes de comenzar las obras era insuficiente para conocer con precisión la realidad del subsuelo. Para elaborar el nuevo proyecto ha sido necesario recopilar documentación de las compañías suministradoras, realizar inspecciones sobre el terreno, utilizar georradar, abrir registros y aprovechar incluso la información obtenida por los contratistas que ya estaban ejecutando las obras.
El problema sigue
Ni siquiera después de ese trabajo se considera completamente resuelto el problema. El expediente admite que será necesario seguir verificando la ubicación real de muchas conducciones durante la ejecución. De hecho, establece que, antes de iniciar las excavaciones, habrá que localizar los servicios mediante catas y comprobar sobre el terreno su posición exacta para adaptar la obra a la realidad del subsuelo.
La solución planteada consiste en modificar el recorrido de las conducciones de entrada a la depuradora para alejarlas de los puntos más conflictivos. Parte del trazado abandonará el Camino Los Gamboas para discurrir por terrenos colindantes hasta volver a enlazar con las obras ya ejecutadas junto a la EDAR. El proyecto también reorganiza la disposición de las tuberías con el objetivo de reducir interferencias y concentrarlas en un corredor más ordenado.
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