La idea de construir en la isla de Tenerife un tren tiene más de un siglo de historia. En el imaginario de empresarios y políticos ha existido durante décadas el proyecto de atravesar la Isla con un sistema ferroviario, pero hacer realidad ese deseo no está siendo una tarea sencilla. Mientras que la infraestructura planteada para el sur de Tenerife aparentemente avanza hacia una posible construcción en la próxima década, el proyecto para el norte de Tenerife se ha estancado.
El concurso puesto en marcha por el Cabildo de Tenerife para estudiar alternativas para la implantación de un sistema ferroviario en el norte de la Isla ha quedado desierto después de que las dos propuestas que habían llegado a la fase final fueran excluidas por incumplir las condiciones de anonimato. El procedimiento, iniciado a finales de 2024, pretendía dar un nuevo impulso a una infraestructura de la que Tenerife lleva hablando décadas.
Comienzo hace un siglo
La historia de esta infraestructura se remonta, en su versión contemporánea, a finales de los años 90, aunque la idea de llevar el ferrocarril al norte de Tenerife es muy anterior.
A comienzos del siglo XX ya se habían planteado diferentes proyectos ferroviarios para la Isla. Uno de ellos contemplaba una línea entre Santa Cruz y Garachico. El proyecto llegó incluso a obtener autorización en 1931, aunque nunca llegó a construirse. También se plantearon otras iniciativas más ambiciosas, como un ferrocarril hacia el Teide o una red que conectara distintos puntos de Tenerife. Aquellos proyectos quedaron en el camino y la Isla continuó dependiendo de la carretera.
El regreso del ferrocarril
Hubo que esperar varias décadas para que el ferrocarril volviera a entrar en la planificación de Tenerife. La fecha que aparece como referencia para el renacimiento de la idea ferroviaria moderna es 1998. En aquel momento, el Cabildo y el Gobierno de Canarias comenzaron a trabajar en la posibilidad de crear una red ferroviaria en Tenerife que diera respuesta a los problemas de movilidad de la Isla. Todavía no existía el Tren del Norte tal y como se conocería posteriormente, sino una estrategia mucho más amplia que acabaría dando lugar a los proyectos del Tren del Sur y del Tren del Norte.
El paso decisivo llegó en 2002, cuando el Cabildo encargó la elaboración del Plan Territorial Especial de Ordenación de Infraestructuras del Tren del Norte. El trabajo fue adjudicado a Ineco y tenía como objetivo estudiar y definir una futura conexión ferroviaria entre Santa Cruz, La Laguna, el aeropuerto de Tenerife Norte y el área del Valle de La Orotava y Los Realejos.
Un trazado que empieza a dibujarse
Durante los años siguientes se sucedieron estudios y modificaciones del planeamiento. El proyecto fue tomando forma hasta que, a finales de la década, ya existía un trazado mucho más reconocible.

En 2009, las informaciones publicadas entonces hablaban de una línea de unos 38 kilómetros y siete paradas. El recorrido conectaría Santa Cruz y La Laguna con el aeropuerto Tenerife Norte y continuaría hacia el norte a través de distintos municipios hasta llegar a Los Realejos.
El hecho de que ya se hablara de estaciones y municipios concretos cambió también la naturaleza del debate. El Tren del Norte había dejado de ser simplemente una idea sobre la movilidad de Tenerife para convertirse en una infraestructura que podía afectar directamente al territorio.
Ese mismo año comenzaron a aparecer públicamente las primeras controversias relacionadas con el trazado. Un ejemplo fue el debate en torno a La Victoria, después de que desde el municipio se planteara la posibilidad de contar con una estación. El Cabildo tuvo que aclarar entonces que el trazado contemplado no incluía una parada en el municipio.
El plan llega a la información pública
El Avance del Plan Territorial Especial de Ordenación de Infraestructuras del Tren del Norte siguió su tramitación y en 2012 llegó la aprobación inicial del documento. El plan establecía el corredor ferroviario y las reservas de suelo necesarias para una futura infraestructura.
Pero la aprobación inicial no significaba que el tren estuviera listo para construirse. Todavía quedaba una larga tramitación por delante. La exposición pública puso de manifiesto la complejidad del proyecto. Se presentaron 596 alegaciones, de las que 522 estaban relacionadas con el trazado, según la memoria de Metropolitano de Tenerife de 2015.
El dato explica buena parte de los años posteriores. El trazado afectaba a numerosos municipios y propiedades y debía compatibilizarse con el planeamiento urbanístico, las infraestructuras existentes y las exigencias ambientales. Cada modificación podía obligar a revisar parte de un documento que llevaba años en elaboración. El Tren del Norte avanzaba, por tanto, pero lo hacía fundamentalmente sobre el papel.
El Sur toma ventaja
La diferencia con el Tren del Sur se hizo especialmente evidente a mediados de la década de 2010. Ambos proyectos formaban parte de la misma estrategia ferroviaria para Tenerife, pero sus caminos administrativos fueron separándose. En 2015, el Plan Territorial del Tren del Sur ya había conseguido avanzar hasta su aprobación definitiva, mientras que el del Norte seguía pendiente.
La memoria de Metropolitano correspondiente a aquel año señala que la aprobación definitiva del Plan Territorial del Tren del Norte había sido pospuesta por cuestiones técnicas.
El contraste era cada vez más evidente: mientras en el Sur se avanzaba hacia los proyectos necesarios para convertir el planeamiento en infraestructura, en el Norte todavía se estaba intentando cerrar la planificación territorial.
Millones para estudiar un tren que no llegaba a construirse
El proyecto, sin embargo, no desapareció. El Estado y el Cabildo fueron firmando distintos convenios para financiar los trabajos relacionados con la futura red ferroviaria de Tenerife. El convenio publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE) en 2018 daba continuidad a acuerdos anteriores firmados en 2009, 2010, 2012, 2014 y 2015. Según el documento, las aportaciones acumuladas hasta entonces ascendían a 22,32 millones de euros.
La cifra, no obstante, corresponde a actuaciones de desarrollo de la red ferroviaria, como estudios y proyectos, y no a la construcción de las vías del Tren del Norte. El propio convenio contemplaba trabajos relacionados con la línea entre Santa Cruz y Los Realejos, así como su posible extensión hacia el Noroeste.
Y después de casi tres décadas, volver a estudiar cómo hacerlo
Los avances en el proyecto se estancaron durante años hasta que, en 2024, el Cabildo de Tenerife anunció un concurso para buscar alternativas que permitieran definir cómo debería desarrollarse el sistema ferroviario del Norte. Al concurso se presentaron cuatro proyectos, pero a medida que avanzaba el proceso las empresas fueron quedando fuera hasta que finalmente el procedimiento ha tenido que ser declarado desierto.
Las dos propuestas que habían llegado a la fase final han sido excluidas por incumplir las condiciones de anonimato y, al no quedar ninguna candidatura válida, el concurso ha quedado desierto. El episodio añade un nuevo capítulo a una historia que empezó mucho antes de este último concurso y que, a la vista de la situación actual, todavía puede prolongarse durante años. El plan para la infraestructura ferroviaria del norte no está aprobado y desde el Cabildo se apunta ahora que el próximo paso está todavía por determinar.
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