Una pareja joven del sur de Tenerife está presa de la impotencia tras la muerte de decenas de animales en su finca de El Médano por la entrada de perros de caza sueltos. Aura Cruz, propietaria junto con su pareja de un terreno situado en la zona de La Barca, cuenta a Atlántico Hoy que el pasado 7 de mayo un perro irrumpió en su gallinero y mató a prácticamente todas sus aves.
“Un perro de caza vino hace una semana más o menos y mató a todas nuestras gallinas”, relata Aura, que lamenta que no es la primera vez que su familia sufre este tipo de ataques. “Nos han matado animales tres años seguidos y no podemos hacer nada”, cuenta.

Se coló por un hueco
Según explica, el animal accedió a la finca por un hueco en la valla que la pareja no había advertido, a pesar de que ya tenían previsto reforzar el cercado antes del inicio de la temporada de caza. Aunque, en realidad, da igual que haya o no haya agujeros porque, cuando los arreglan, los canes cavan en la tierra y se cuelan por debajo del vallado.
El ataque, el enésimo en los últimos años, dejó una treintena de animales muertos. “Me destrozó todo el gallinero, me mató a todas las gallinas absolutamente”, afirma. Algunas aves sobrevivieron inicialmente, pero, según cuenta, el mismo perro regresó al día siguiente: “Volvió y mató a las últimas gallinas que nos quedaban”.
Entre gallos y gallinas, Aura perdió alrededor de 30 animales. También una pata quedó gravemente herida y murió días después, pese a los intentos de curarla. “La dejaron con una herida enorme”, explica.

Un coto cercano
La joven sostiene que en la zona donde se encuentra su finca hay un coto de caza autorizado únicamente para el adiestramiento, pero no para la actividad cinegética. “Esto es una zona de adiestramiento canino, no una zona de caza, pero sabemos que vienen a cazar aquí”, afirma. Según denuncia, algunos cazadores “se llevan conejos y perdices con los perros” fuera de temporada.
Tras el ataque, la joven contactó con la Guardia Civil, la Policía Local, el 112 y el Seprona. Sin embargo, asegura que no obtuvo ninguna solución. “La Guardia Civil me dijo que llamara a la Policía Local y la Policía Local me dijo que llamara a la Guardia Civil”, explica. “Como siempre, se pasan el muerto unos a otros para al final no hacer nada”.

Dueño no identificado
La imposibilidad de identificar al dueño del perro complicó cualquier actuación. “No pudimos hacer nada porque sin el perro y sin chip no se podía identificar al dueño”, señala. Finalmente, la pareja presentó una denuncia ante el Seprona con fotografías, ubicación de la finca y detalles de lo ocurrido. “Nos dijeron que iban a vigilar la zona, pero no han venido a vigilar una mierda”, critica con rabia.
No es la primera vez que sufren este tipo de episodios. Según relata, el año pasado perdieron unas 20 gallinas y dos gatos en circunstancias similares. También asegura que otros animales han resultado gravemente heridos tras ataques de perros de caza: “A una gata le abrieron toda la barriga y hubo que operarla de urgencia. Fue un dineral”.

Enfrentamientos con los cazadores
La joven describe además frecuentes enfrentamientos verbales con cazadores que, según afirma, no respetan las distancias mínimas respecto a las viviendas. “No respetan los 100 metros de distancia que deberían mantener respecto a las casas”, sostiene. “Pasan pegados a nuestra valla”, añade.
En una ocasión, relata, uno de los perros persiguió a uno de sus gatos hasta el límite de la finca. “El gato estaba aferrado al invernadero y el perro ladrándole debajo”, cuenta Aura Cruz, que asegura que recriminó al cazador lo ocurrido, pero la discusión terminó sin solución. “Son unos personajes: se ponen a gritarnos, pasan de nosotros y se hacen los sordos”, afirma.

Impotencia
Confiesa que varios conocidos le han recomendado amenazar a los cazadores con ponerle veneno a los perros, pero se niega a hacerlo: “No voy a matar a un perro ni a hacerle daño. Yo me estoy quejando precisamente de eso”, señala.
La joven reconoce encontrarse emocionalmente afectada tras lo ocurrido. “Estoy destrozada”, asegura. "Tengo impotencia de no poder hacer nada”.
Además del impacto emocional, explica que la pérdida de los animales supone también un golpe económico y personal para ella y su pareja. “Las hemos criado nosotros desde los huevos”, cuenta sobre las gallinas. “Hemos tenido que enterrar a 30 gallinas y los perros siguen viniendo a desenterrarlas", lamenta.
