El 6 de septiembre de 1926, la isla Tenerife vivía un estreno sin precedentes. El ladrón de los guantes blancos, el primer largometraje canario, se proyectaba casi a la vez en el Parque Recreativo de Santa Cruz y en el Teatro Leal de La Laguna. Solo existía una copia, un rollo que viajaba en coche de una sala a otra en cuanto terminaba de proyectarse.
Cien años después, aquella aventura artesanal tiene herederos. El cine hecho desde Canarias ha pasado por Cannes, Berlín, Venecia y Toronto, y cuenta con un sistema de ayudas públicas que se ha más que duplicado en siete años.
La FIlmoteca Canaria ha querido celebrar el centenario del primer largometraje de ficción con firma canaria con dos proyecciones de la copia restaurada en 4K, una cinta muda que se acompañó de piano en directo el pasado martes, en el Teatro Guiniguada, y el jueves, en el Espacio La Granja. Estos dos eventos acercaron a la población a la historia viva de la cultura autonómica, una ocasión para recordar el camino recorrido.
Proyección internacional
Detrás de la película estaba José González Rivero (Cuba, 1886 – Tenerife, 1933), tipógrafo, comerciante, gerente del Teatro Leal, fotógrafo y cineasta. Con su propia productora, Rivero Film, ya grababa documentales y noticiarios locales. Para este proyecto se asoció con Romualdo García de Paredes, que firmó el guion e interpretó al detective Tom Carter.
La historia, un robo de joyas durante un baile ambientado en Inglaterra, se rodó en varios municipios tinerfeños (Santa Cruz, La Laguna, Tacoronte, Los Realejos y el Puerto de la Cruz). Entre sus escenarios aparecen el Hotel Taoro, el Salón de Espejos del antiguo Casino de Tenerife y la Rambla de Castro.
La cinta se llegó a proyectar en varias islas y en Cuba, pero desapareció con la llegada del cine sonoro. La película se recuperó en los años 80 gracias a la copia que conservaba la familia de González Rivero. Aun así, le falta un fragmento: el segundo rollo, con la escena del baile, nunca se ha localizado.
Dos años después, en 1928, se estrenó en Gran Canaria La hija del Mestre, considerada el segundo largometraje canario y el primero ambientado en las islas.
Una película que sigue generando cine
Lejos de quedarse en pieza de museo, la película se ha convertido en materia prima para nuevas obras. Una de ellas rescata la historia más inesperada del reparto, la de Guetón Rodríguez Melo quién interpretaba en la cinta a Carlos Simpson, un falso culpable acusado de un robo que no había cometido. Una década después de su estreno, la ficción se volvió realidad y durante la Guerra Civil el actor fue detenido por su activismo político.
El cineasta Dailo Barco recuperó su historia en 2017 con el cortometraje Archipiélago fantasma, en el que remonta fragmentos de El ladrón de los guantes blancos para contar la represión que sufrió el actor tras el golpe de Estado de 1936.
En 2023, Eduardo Díaz estrenó El sueño del ladrón, una relectura que reutiliza todo el metraje conservado para proponer otra forma de ver el filme. Ese mismo año, la Filmoteca Canaria encargó la restauración y digitalización en 4K de los rollos originales de la película en nitrato, depositados en Filmoteca Española. Algunos estaban muy deteriorados.
Los herederos de Rivero
En la actualidad, el cine canario ya se mueve en otra escala, haciendóse hueco en la escena internacional. El Viaje Films, la productora tinerfeña de José Alayón, estrenó este septiembre en Toronto Las islas afortunadas, la primera película canaria en ese festival. Su anterior largometraje, La Lucha, pasaba por el BAFICI de Buenos Aires.
La productora también participa en coproducciones internacionales como Magallanes, estrenada en Cannes, donde aportó cerca del 10% del presupuesto. Su productor, Jairo López, califica de "absolutamente determinante" la ayuda canaria. Ese respaldo público ha crecido: el Instituto Canario de Desarrollo Cultural pasó de convocar 1.375.000 euros en 2019 a 2.925.000 euros en 2026.
Aquella única copia que corría de sala en sala marcó un camino que el cine canario no ha dejado de recorrer. Cien años después, los rollos ya no viajan en coche entre Santa Cruz y La Laguna, pero las películas de las islas siguen buscando su público, ahora al otro lado del océano.
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