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Un camarero trabajando en un restaurante / AH

Canarias y el salario mínimo: más sueldo, más consumo y sin desplome laboral

Un nuevo estudio sobre la histórica subida del SMI de 2019 concluye que las regiones de salarios bajos no sufrieron un hundimiento del empleo y apunta incluso a efectos positivos sobre la permanencia laboral

Durante años, Canarias vivió atrapada en una advertencia casi permanente: subir demasiado los salarios podía terminar destruyendo empleo. Que una economía tan dependiente del turismo, la hostelería y los servicios difícilmente soportaría incrementos fuertes del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) sin pagar un precio laboral.

La idea terminó convirtiéndose en una especie de dogma económico repetido durante décadas. Cada debate sobre el salario mínimo acababa chocando contra el mismo muro: cuidado con tocar demasiado los sueldos porque el empleo puede desplomarse.

Especialmente en territorios como Canarias.

900 euros en 2019

En 2019, España decidió poner esa teoría a prueba. El Gobierno aprobó entonces la mayor subida del SMI de las últimas décadas: un incremento del 22,3% que elevó el salario mínimo hasta los 900 euros mensuales en catorce pagas. 

Trabajadores de la construcción en Canarias. / ATLÁNTICO HOY

Aquella decisión provocó una enorme discusión política y económica. Patronales, analistas y parte de los organismos económicos alertaron de posibles efectos negativos sobre el empleo, sobre todo en sectores de baja productividad y en regiones con salarios inferiores a la media nacional.

Sin efectos negativos

Siete años después, un nuevo estudio académico acaba de revisar qué ocurrió realmente tras aquel terremoto salarial. Y la conclusión rompe parte del viejo consenso económico: más sueldo no significó un desplome laboral.

La investigación, publicada en Humanities and Social Sciences Communications, concluye que aquella subida histórica del salario mínimo no provocó efectos negativos significativos sobre el empleo ni sobre la permanencia de los trabajadores en sus puestos. 

Y lo más relevante para Canarias aparece precisamente cuando el informe analiza las regiones de salarios bajos.

Regiones con salarios bajos

Los investigadores detectan que esos territorios —donde encaja el Archipiélago por estructura salarial y modelo económico— llegaron incluso a registrar pequeños efectos positivos en la permanencia laboral tras la subida del SMI, especialmente entre trabajadores indefinidos y empleados a jornada completa. 

El efecto fue limitado y de corta duración, según matizan los propios autores, pero suficiente para cuestionar una de las ideas más arraigadas del debate económico español: que una subida fuerte del salario mínimo destruye automáticamente empleo en las zonas con salarios más bajos.

Imagen genérica de trabajadores de un supermercado / FREEPIK

Canarias aparece aquí como un territorio especialmente sensible para observar ese fenómeno.

La economía canaria mantiene desde hace años una combinación muy concreta: fuerte dependencia del sector servicios, elevada temporalidad, gran peso del turismo y una importante bolsa de trabajadores con salarios cercanos al mínimo legal. El propio informe recuerda que los empleados afectados por el SMI suelen concentrarse precisamente en actividades como hostelería, comercio y otros servicios. 

Es decir, sectores que forman parte del corazón económico del Archipiélago.

El gran laboratorio español

El estudio sostiene que la subida de 2019 convirtió España en un escenario excepcional para medir los efectos reales del salario mínimo.

No solo por la magnitud del incremento —uno de los mayores registrados en economías avanzadas europeas durante décadas— sino también porque permitió analizar millones de trayectorias laborales reales utilizando datos administrativos individuales de la Seguridad Social. 

Los investigadores trabajaron con la llamada Muestra Continua de Vidas Laborales, una enorme base de datos que permite seguir el recorrido profesional de los trabajadores españoles a lo largo del tiempo. 

Gracias a ello, el estudio no se limita únicamente a observar si alguien perdió o no el empleo. También analiza si el trabajador siguió en la misma empresa, si encontró otro empleo o si abandonó realmente el mercado laboral.

Trabajadores autónomos en Canarias./ AH

Y ahí aparece una de las conclusiones más importantes del informe: muchas veces se ha confundido la precariedad estructural del mercado laboral con los efectos reales del salario mínimo.

El viejo error estadístico

Los autores subrayan que buena parte de los trabajadores afectados por el SMI tienen contratos temporales. Y eso cambia completamente la interpretación de muchos datos laborales. 

Porque numerosos contratos finalizan simplemente por su propia naturaleza temporal, independientemente de que suba o no el salario mínimo.

En otras palabras: no toda finalización de contrato equivale a destrucción de empleo provocada por el SMI.

Esa distinción resulta especialmente relevante en Canarias, donde históricamente la temporalidad ha sido una de las grandes debilidades del mercado laboral.

Trabajadores del sector pesquero en Canarias. / AH

Por eso el estudio diferencia entre dos conceptos: seguir empleado en general o seguir trabajando exactamente en la misma empresa. Y en ambos casos los investigadores concluyen que la subida salarial de 2019 no provocó efectos negativos significativos. 

Más dinero en circulación

El debate alrededor del salario mínimo suele centrarse casi exclusivamente en las empresas. Pero el estudio abre también otra lectura importante para Canarias: el impacto sobre el consumo.

Porque detrás de cada subida salarial existe también un aumento de capacidad de gasto de miles de trabajadores con ingresos bajos, precisamente los colectivos que suelen destinar una mayor parte de su sueldo al consumo cotidiano.

En una economía tan apoyada en el gasto interno vinculado a servicios, restauración, comercio o vivienda, ese efecto indirecto adquiere especial importancia.

El informe no convierte el SMI en una solución mágica ni sostiene que cualquier subida sea inocua. Pero sí desmonta parcialmente una idea que durante años dominó el debate económico español: que elevar los salarios de los trabajadores peor pagados conduce inevitablemente a una destrucción masiva de empleo.

El debate sigue abierto

Los propios autores introducen importantes matices. El estudio analiza sobre todo los efectos inmediatos de la subida aprobada en 2019 y reconoce que la irrupción de la pandemia alteró profundamente el mercado laboral a partir de 2020, dificultando medir consecuencias a medio y largo plazo. 

Turistas en una terraza de Canarias / EFE

También advierten de que todavía queda mucho por investigar sobre el impacto acumulado de sucesivas subidas del salario mínimo, especialmente en economías con menor productividad o elevados costes empresariales. 

Pero aún con todas esas cautelas, el informe deja una fotografía difícil de ignorar. La gran subida salarial de 2019 no provocó el derrumbe laboral que muchos anticipaban. Y eso tiene un enorme peso político y económico en Canarias.

Porque en un Archipiélago donde el coste de la vivienda, la inflación y la pobreza laboral llevan años presionando a miles de familias, el debate ya no gira únicamente alrededor de cuántos empleos se crean.

Empieza a girar también alrededor de otra pregunta mucho más incómoda: si esos empleos permiten realmente vivir.