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José Antonio Martínez, por Farruqo.

José Antonio Martínez, el heredero de una aventura que empezó entre cacao y café

El CEO del Grupo Martínez Abolafio lidera la cuarta generación de una saga empresarial nacida en la Guinea española de 1927 y convertida hoy en uno de los holdings familiares más potentes de Canarias y África

Hay empresas que nacen en un despacho. Otras, en un garaje. La historia del Grupo Martínez Abolafio comenzó mucho antes de que existieran los conceptos modernos de startup, holding o diversificación empresarial. Comenzó entre plantaciones de cacao y café, en una Guinea Ecuatorial que todavía era provincia española, cuando el Estado ofrecía tierras africanas a quienes estuvieran dispuestos a jugarse la vida en una aventura colonial al otro lado del Atlántico.

Allí empezó todo. Y allí, de alguna manera, sigue latiendo el alma de la compañía que hoy dirige José Antonio Martínez, CEO Ejecutivo del Grupo Martínez Abolafio, una de las grandes corporaciones familiares nacidas en Canarias y con presencia creciente en sectores estratégicos del Archipiélago.

Centenario

La empresa cumplirá cien años en 2027. Un siglo atravesando guerras, dictaduras, independencias, crisis económicas y transformaciones empresariales profundas. Un siglo sobrevivido gracias a una mezcla muy concreta de valores: trabajo, humildad, sacrificio, cercanía y una obsesión casi artesanal por las relaciones humanas.

Porque, aunque hoy el grupo opera en áreas tan distintas como el turismo, la logística, el real estate, la distribución alimentaria o las alianzas empresariales, el relato de la familia Martínez sigue teniendo algo de vieja epopeya africana.

José Antonio Martínez lo resume casi siempre mirando hacia atrás. Hacia los abuelos. Hacia los orígenes.

Albacete

La historia familiar, de orígenes valencianos, arranca en Munera (Albacete). Desde allí, los primeros Martínez decidieron embarcarse rumbo a Guinea, a la zona del Río Muni, en una época en la que la colonia africana era presentada como tierra de oportunidades para emprendedores españoles. El Gobierno cedía fincas agrícolas a quienes quisieran explotar cultivos como el cacao o el café. Sus abuelos aceptaron el reto.

José Martínez Mpanga, CEO Ejecutivo del Grupo Martínez Abolafio. / AH

Aquella decisión cambiaría para siempre el destino de la familia.

En Guinea levantaron la finca Machinda, desarrollaron actividad comercial y echaron raíces. No fueron simples colonos temporales: la familia acabó profundamente vinculada al país y a su sociedad. Décadas después, esa conexión continúa siendo una de las señas de identidad del grupo.

Lanzarote

Pero la historia no fue lineal. La independencia de Guinea Ecuatorial en 1968 alteró por completo la vida de miles de españoles asentados allí. Muchas familias tuvieron que marcharse precipitadamente perseguidos por el nuevo régimen. También los Martínez. No fue un momento fácil: la madre huyó en cayuco hasta Camerún, el padre en avión rumbo a Francia.

Aquello supuso empezar de cero. Y el nuevo comienzo estuvo en Canarias.

En 1970, los hermanos Manuel y Fernando Martínez Abolafio —padre y tío de José Antonio Martínez— aterrizaron en Lanzarote en un momento en el que la isla todavía no era la potencia turística internacional que es hoy. El turismo apenas empezaba a asomar y el modelo económico insular estaba aún por construirse.

Ellos decidieron apostar.

Turismo y mucho más

Primero llegó el turismo. Después, la expansión. Y más tarde, el regreso empresarial a Guinea Ecuatorial, ya no desde el modelo agrícola original, sino desde el ámbito de la distribución alimentaria y logística. La caída de Macías tras el Golpe de Estado liderado por Teodoro Obiang reabrió el país a las familias que habían dejado atrás su vida tras la independencia de España. 

La vuelta no fue fácil. Al regresar a Machinda comprobaron que la finca estaba comida por la selva. El padre de José Antonio decidió no volver jamás, pero sus hijos optaron por insistir y perseverar. Y ganaron.

Hoy, casi un siglo después de aquella aventura inicial, el grupo controla cerca de la mitad de la cuota del mercado alimentario de Guinea Ecuatorial, convertido en uno de los principales operadores empresariales del país africano.

Pero José Antonio Martínez no habla del crecimiento como una sucesión de cifras. Habla de continuidad. De legado. De responsabilidad.

De empresa familiar a holding

La cuarta generación de la familia ha asumido ya el liderazgo del grupo. Él y su hermano encabezan esta nueva etapa apoyados por sus primos, en una estructura que ha intentado resolver uno de los grandes dilemas de las empresas familiares: cómo crecer sin perder el alma.

Y esa es, probablemente, la gran transformación silenciosa del Grupo Martínez Abolafio durante los últimos años.

Porque la compañía ha pasado de funcionar como una gran empresa familiar tradicional a convertirse en un holding profesionalizado, con departamentos especializados, estructuras corporativas modernas y áreas estratégicas diferenciadas.

José Antonio Martínez, en Lanzarote, sede de la compañía. / AH

La llegada de la nueva generación impulsó procesos que hoy parecen normales en cualquier gran corporación, pero que no siempre son habituales en empresas familiares nacidas desde modelos casi patriarcales: departamentos de recursos humanos, áreas financieras profesionalizadas, estructuras de marketing, planificación corporativa o protocolos internos de gobernanza.

Sin embargo, en el grupo insisten en una idea: profesionalizar no significa deshumanizar.

Protocolo familiar

De hecho, uno de los detalles que mejor explica la filosofía de la familia Martínez probablemente sea su protocolo familiar. Un documento interno que funciona casi como una constitución empresarial doméstica.

Las nuevas generaciones no tienen la puerta abierta automáticamente por llevar el apellido. Al contrario.

Si un miembro de la familia quiere incorporarse al grupo, debe hacerlo desde abajo, optando a puestos reales y abiertos dentro de la estructura. Además, se exige formación académica sólida y experiencia profesional externa previa.

No vale crecer únicamente dentro de la empresa familiar.

El protocolo establece que, una vez terminados los estudios, los futuros integrantes deben pasar al menos tres o cuatro años trabajando fuera del grupo antes de poder incorporarse al organigrama corporativo.

La lógica detrás de esa norma es sencilla: evitar herederos desconectados de la realidad empresarial.

Primero se aprende fuera. Después se entra. Y esa cultura explica en buena medida por qué el grupo ha logrado sobrevivir al tránsito generacional que destruye tantas empresas familiares.

Varias islas

Hoy el Grupo Martínez Abolafio ya no es solamente una compañía vinculada a Guinea o a Lanzarote. Es un conglomerado empresarial con presencia en varias islas y con una estrategia expansiva muy definida.

La empresa ha diversificado su actividad en cuatro grandes áreas: Turismo, Logística y Compras, Real Estate y Alianzas y Servicios.

Opera ya en Lanzarote, Gran Canaria, Fuerteventura, Tenerife y La Palma. Y mira también hacia fuera. Portugal aparece en la hoja de ruta del grupo como uno de los posibles escenarios de expansión futura.

La lógica empresarial ya no es únicamente local. Pero tampoco responde a una ambición despersonalizada de crecimiento sin límites.

La confianza

José Antonio Martínez suele hablar de sostenibilidad, arraigo y relaciones humanas con una naturalidad poco frecuente en ciertos discursos corporativos contemporáneos.

Quizá porque su manera de entender los negocios sigue muy marcada por el aprendizaje familiar. Especialmente por las enseñanzas de su padre.

Hay una idea que repite con frecuencia: la confianza es lo más importante para hacer negocios. Y no lo dice como una frase hecha.

José Antonio Martínez lidera un holding con negocios en diferentes sectores. / AH

En algunas entrevistas ha llegado a explicar que pasó 48 horas con un posible socio antes de cerrar una alianza empresarial, simplemente para comprobar si existía conexión personal, entendimiento o feeling entre ambos.

En un tiempo dominado por videollamadas rápidas, fondos de inversión impersonales y decisiones tomadas a golpe de Excel, esa manera de construir relaciones empresariales parece casi antigua. O quizá profundamente moderna.

Porque el grupo ha entendido algo esencial: la reputación, en determinados mercados y determinados sectores, sigue dependiendo mucho de la palabra dada.

Ese modelo relacional ha acompañado también la expansión social de la empresa.

Fundación

La Fundación Martínez Abolafio se ha convertido en otra de las patas importantes del grupo, especialmente en proyectos vinculados a Guinea Ecuatorial y Canarias. Formación, cooperación social, programas sanitarios o becas forman parte de una estrategia que busca mantener el vínculo histórico con el país africano donde empezó todo.

No es casualidad. En realidad, pocas empresas canarias tienen una historia tan marcada por África como Martínez Abolafio.

Y quizá por eso José Antonio Martínez representa también un tipo muy concreto de empresario canario contemporáneo: el que entiende Canarias no solo como territorio insular, sino como plataforma tricontinental entre Europa, África y América.

A medida que el grupo se acerca a su centenario, la pregunta ya no es únicamente cuánto crecerá la compañía, sino si será capaz de mantener intacta la cultura que la ha sostenido durante casi cien años.

De momento, la familia parece tener claro el camino. Crecer, sí. Pero sin olvidar nunca que todo empezó con unos jóvenes valencianos cruzando el mar para cultivar café y cacao en medio de la selva africana.