Andrés Megías Pombo, por Farruqo.
Andrés Megías Pombo, por Farruqo.

Andrés Megías Pombo, el humanista que se enamoró de La Isleña

Consejero delegado de La Isleña y cuarta generación de una empresa histórica, Andrés Megías Pombo ha unido humanismo, cercanía y liderazgo para transformar una de las grandes industrias de Canarias

Martín Alonso

Hay trayectorias empresariales que se explican desde la herencia, otras desde la ambición, y algunas —las menos— desde una forma de estar en el mundo. La de Andrés Megías Pombo pertenece a esta última categoría. Su figura, hoy inseparable de la historia reciente de La Isleña, no se entiende únicamente desde los balances, las decisiones estratégicas o los procesos de modernización que ha liderado durante cuatro décadas. Se comprende, sobre todo, desde una concepción profundamente humanista de la vida, del trabajo y de las relaciones personales.

Megías es, ante todo, un hombre de cultura. Un melómano convencido, capaz de dejarse llevar por la épica de La cabalgata de las valquirias de Richard Wagner con la misma naturalidad con la que recomienda lecturas a quienes forman parte de su círculo más cercano. No es extraño que insista en la necesidad de leer a Ernst Gombrich, autor de obras fundamentales como Historia del Arte o Breve historia del mundo, convencido de que comprender el arte y la historia es también una forma de entender mejor la condición humana. En su biblioteca conviven Proust, Ortega y Gasset, el ensayo y la historia, como reflejo de una curiosidad intelectual constante que nunca ha abandonado.

Lejos de los despachos

De padre de Gáldar y de madre asturiana —de Mieres—, nada en su juventud hacía presagiar que acabaría al frente de una de las empresas más emblemáticas del Archipiélago. Andrés Megías Pombo no estaba predestinado a dirigir La Isleña, compañía fundada en Arucas en 1870 y convertida con el paso del tiempo en referente de la industria alimentaria canaria. Su formación académica se desarrolló lejos de las fábricas y los despachos empresariales: estudió Ciencias Políticas, Sociología y Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid, con una mirada más orientada al análisis social y al pensamiento que a la gestión empresarial.

Nacido en el barrio de Las Alcaravaneras, mantiene, sin embargo, un vínculo profundo y emocional con Arucas, localidad a la que se siente estrechamente unido y que forma parte esencial de su identidad. No es una pose ni una fórmula retórica cuando se presenta con orgullo como “Andrés Megías de Arucas”: es una declaración de pertenencia, de raíces y de compromiso con un territorio que ha marcado tanto su vida personal como su trayectoria profesional.

Sucesión e incertidumbre 

El punto de inflexión llegó en 1986, en uno de esos momentos que cambian una vida para siempre. En apenas unas semanas fallecieron su padre y su hermano Gabriel, quien dirigía entonces La Isleña. La sucesión se produjo en un contexto de incertidumbre y dolor, y pocos daban un duro por Andrés Megías como líder de la compañía. Algunos empleados incluso llegaron a dudar de la supervivencia de la empresa. Él mismo no había contemplado regresar a Canarias para incorporarse al negocio familiar. Sin embargo, la realidad se impuso de manera abrupta.

Andrés Megías, abajo a la derecha, posa con la Medalla de Canarias que recibió en 2025. / AH
Andrés Megías, abajo a la derecha, posa con la Medalla de Canarias que recibió en 2025. / AH
 

Con treinta y pocos años, asumió la responsabilidad de ponerse al frente de la empresa en uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Sin experiencia previa como empresario, pero con una enorme capacidad de aprendizaje y una intuición poco común para las relaciones humanas, Andrés Megías tomó el timón y comenzó un proceso que acabaría marcando un antes y un después en La Isleña. Lo que ocurrió entonces no fue solo un relevo generacional: fue, como él mismo ha reconocido en más de una ocasión, un auténtico enamoramiento de la empresa.

Transformación de La Isleña

Durante los últimos cuarenta años, Megías ha liderado el crecimiento, la consolidación y la transformación de La Isleña, adaptándola a los nuevos tiempos sin traicionar su esencia. Ha sabido modernizar estructuras, fortalecer la marca y consolidar su posición en el mercado, siempre desde una visión a largo plazo y con un profundo respeto por la historia de la compañía. Pertenece a la cuarta generación de una empresa familiar con más de 150 años de trayectoria, y ha entendido que la mejor manera de honrar ese legado es hacerlo evolucionar.

Uno de los rasgos más destacados de su liderazgo es su extraordinaria capacidad para las relaciones públicas, entendidas no como un ejercicio superficial de imagen, sino como una forma honesta de tratar a las personas. Andrés Megías trata igual al empleado que al alto cargo de una administración pública, con la misma cercanía, el mismo respeto y la misma atención. Esa actitud le ha permitido generar lealtades profundas dentro de la empresa y tejer una amplia red de complicidades en el ámbito institucional y empresarial.

Eficacia empresarial

Quienes han compartido con él reuniones con ejecutivos de grandes corporaciones saben que, pese a su sensibilidad humanista, era capaz de comerse cualquier mesa para alcanzar su objetivo. No desde la agresividad ni la imposición, sino desde la convicción, la preparación y una determinación serena que ha sido clave en muchas negociaciones estratégicas. Su perfil demuestra que el humanismo no es incompatible con la firmeza, ni la cultura con la eficacia empresarial.

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Andrés Megías, tras recibir el Roque Nublo. / AH

Para Andrés Megías Pombo, uno de los mayores desafíos de la empresa familiar es el manejo de las emociones. Lejos de considerarlas un obstáculo, entiende que los sentimientos y los afectos forman parte inseparable de la toma de decisiones. Le gusta recordar la célebre frase de Blaise PascalHay razones del corazón que la razón no entiende. Esa idea ha guiado su forma de liderar, consciente de que las decisiones empresariales no se toman en el vacío, sino en contextos humanos complejos donde las personas importan.

Esa concepción se traduce en una forma muy particular de entender La Isleña. Quienes forman parte de la empresa son parte de su familia, no como un eslogan vacío, sino como una realidad cotidiana. Le gusta conocer a la gente, interesarse por sus historias, escuchar. Tiene una sensibilidad especial para detectar estados de ánimo y comprender las circunstancias personales de quienes trabajan a su lado. Esa cercanía ha sido, para muchos, una de las claves de la estabilidad y cohesión interna de la compañía.

Cooperación insular

Su trayectoria también se ha caracterizado por una defensa constante de la unidad del tejido industrial y empresarial de Canarias. Convencido de que la cooperación es esencial para garantizar la pervivencia y el desarrollo de las empresas del Archipiélago, Megías ha apostado siempre por el diálogo, la colaboración y la construcción de alianzas. Su visión trasciende el interés particular de una compañía concreta y se proyecta hacia un modelo de desarrollo más sólido y compartido para Canarias.

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Andrés Megías recoge el Premio a la Mejor Empresa Familiar de Canarias. / AH

A lo largo de su carrera, Andrés Megías Pombo ha recibido numerosos reconocimientos que dan cuenta tanto de su trayectoria empresarial como de su compromiso con la sociedad canaria. Entre ellos figuran el título de Hijo Predilecto de Las Palmas de Gran CanariaHijo Adoptivo de Arucas, el Premio a la Mejor Empresa Familiar de Canarias (EFCA), el Roque Nublo, la Medalla de Oro de Canarias y el Premio a la Labor Industrial de ASINCA. Distinciones que, más allá del prestigio, reflejan el respeto y el afecto que despierta su figura.

En una época marcada por liderazgos acelerados y discursos vacíos, Andrés Megías Pombo representa una manera distinta de estar al frente de una empresa. Un liderazgo paciente, cultivado, profundamente humano, que ha sabido conjugar tradición e innovación sin perder el norte. El humanista que un día no pensó que dirigiría La Isleña acabó enamorándose de ella y, en ese proceso, contribuyó decisivamente a escribir una de las páginas más sólidas y coherentes de la industria canaria contemporánea.