Hay detalles aparentemente menores que explican mejor a una persona que cualquier currículum. En el caso de Nicolás Villalobos, uno de ellos es su debilidad por Flor Pálida. No como canción de celebración, sino como acompañamiento íntimo. Una melodía que habla de amor sin posesión, de cuidado silencioso, de saber estar sin invadir. Esa idea atraviesa, sin estridencias, su manera de entender la vida y también la empresa.
Otro detalle: Villalobos no suele nadar en zonas profundas del mar. Prefiere la orilla o mantenerse cerca del barco cuando sale a mar abierto. La razón se remonta a la infancia, cuando la película Tiburón dejó una impresión duradera. No es miedo paralizante, sino una forma de prudencia temprana, una conciencia clara de que no todo riesgo merece la pena. Saber hasta dónde llegar.
Y un tercero: el sueño cumplido de comprarse un Jeep Willys militar estadounidense. No es un capricho ni una excentricidad. Es una pieza sobria, robusta, sin artificios, que exige atención y conocimiento para mantenerse en marcha. Un vehículo que no engaña. Como los proyecos que duran.
De Triana al mundo
Detrás de esos rasgos personales hay una biografía profundamente ligada a Las Palmas de Gran Canaria. Villalobos es orgullosamente palmense y orgullosamente aficionado de la Unión Deportiva Las Palmas —amor futbolero que, ligeramente, comparte con el FC Barcelona (herencia genética por parte de madre)—. Criado en Triana, en la Avenida Rafael Cabrera, el barrio histórico es un lugar al que siente que pertenece y al que siempre ha sabido que quería volver. Sus calles no son solo un recuerdo, sino un punto de referencia permanente, una forma de entender la ciudad y las relaciones humanas.

Con apenas 17 años dejó la isla con un plan muy claro. Madrid fue su destino y la Universidad Pontificia de Comillas (ICADE) el lugar donde cursó el doble grado de Administración y Dirección de Empresas y Derecho. Una formación exigente, pensada para comprender la empresa como un todo, sin compartimentos estancos.
Desde el inicio, su itinerario no fue errático. Cada paso respondía a una idea previa: adquirir una formación integral y experiencia real en todos los ámbitos que confluyen en el turismo, con el objetivo último de regresar a casa preparado para aportar.
El rigor, punto de partida
Su primera experiencia profesional fue en Uría y Menéndez, una escuela de método, análisis y disciplina. Allí aprendió a enfrentarse a problemas complejos con profundidad, a no tomar decisiones sin comprender antes todas las variables. Esa etapa marcó su forma de trabajar.
Más tarde dio el salto al mundo de las finanzas y la banca de inversión en BBVA, coincidiendo con la fusión con Argentaria. Fue un periodo clave para entender los procesos de integración, la lógica financiera de las grandes operaciones y la importancia de la planificación a largo plazo. Un aprendizaje que después resultaría esencial en su aproximación al turismo.
Europa y el turismo desde dentro
El siguiente paso lo llevó fuera de España. Frankfurt se convirtió en su base para trabajar en la integración vertical de Thomas Cook, participando en procesos de compra de hoteles, estructuración de producto y contratación de destinos de larga distancia. Fueron años de intenso aprendizaje en los que el grupo mostraba una solidez que hacía impensable su posterior colapso.

Esa experiencia le permitió conocer el turismo desde la sala de máquinas, desde las decisiones estratégicas que afectan a mercados emisores completos y a destinos enteros. También le enseñó la importancia de no perder nunca el control del modelo ni de confiar ciegamente en inercias que pueden cambiar.
América y una influencia decisiva
Su trayectoria internacional se amplió con estancias y trabajo en México, Brasil y otros destinos. América no solo contribuyó a su formación profesional, sino también a su mirada cultural. México ocupa un lugar central en su vida, también en lo personal: su esposa es mexicana, y esa vinculación ha dejado una huella profunda.
La cultura mexicana, su sentido de la hospitalidad, del trato cercano y del valor de las raíces, ha influido de manera natural en su forma de entender el turismo. No como producto estandarizado, sino como experiencia que debe respetar la identidad del lugar que acoge al visitante.
Salir para volver
En total, diez años fuera de la isla. Diez años de aprendizaje consciente, de acumulación de conocimiento, competencias y experiencia. Todo con un único objetivo: regresar a Gran Canaria con un equipaje sólido y una trayectoria impecable para contribuir a situar la isla como destino turístico de primer nivel.
Ese regreso se materializó como director general de Cordial Hotels & Resorts, una cadena canaria fundada en 1988 que hoy gestiona 17 establecimientos y supera los 500 empleados. La compañía declara una facturación de 83,4 millones de euros, con un crecimiento sostenido apoyado en la reinversión y en la consolidación de su planta alojativa entre el sur turístico y la oferta urbana.
Crecimiento con sentido
La evolución de Cordial Hoteles se ha basado en la reinversión constante, la modernización progresiva de sus activos y una gestión financiera prudente. Los balances reflejan una empresa saneada, alejada de aventuras especulativas y centrada en consolidar un modelo sólido.

Durante los momentos más duros del sector, especialmente en la pandemia, la dirección optó por preservar el empleo y preparar la recuperación, evitando decisiones precipitadas. Esa etapa reforzó la cohesión interna y consolidó una cultura empresarial basada en la confianza y la estabilidad.
Liderar sin ruido
Villalobos practica un liderazgo discreto y cercano. Prefiere la conversación directa a la exposición pública, la coherencia diaria a los grandes gestos. En Cordial, el liderazgo se ejerce desde la responsabilidad compartida, dando margen a los equipos y fomentando la toma de decisiones informada.
En un sector sometido a presiones constantes, ha defendido siempre la importancia de conocer los límites y de no forzar el crecimiento más allá de lo razonable. La prudencia que aprendió de niño frente al mar se traduce aquí en gestión.
Empresa y territorio
Bajo su dirección, Cordial ha multiplicado su figura: en número de hoteles (17) y empleados (más de 500). Pero también ha integrado políticas de eficiencia energética, gestión responsable de recursos y reducción del impacto ambiental en su operativa diaria. A ello se suma una apuesta por proveedores locales y por la generación de valor en el entorno en el que opera.
No se trata de gestos aislados, sino de una línea de trabajo coherente con una forma de entender la empresa como parte activa del ecosistema social y económico de Canarias.
El valor del tiempo
Como en Flor Pálida, en la trayectoria de Nicolás Villalobos hay una constante: el respeto por los tiempos. Saber esperar, saber cuidar, saber sostener. No pretender ser dueño, sino responsable. De una empresa, de un equipo, de un territorio.
Desde Triana al mundo y del mundo de vuelta a casa, Villalobos ha construido su camino como quien conduce un Jeep Willys por terreno irregular: atento, sin prisas, consciente de que solo así se llega lejos.

