Agoney Melián, presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Tenerife (Las cosas feas de mi casa)

Opinión

Aquella loncha de queso rota

Presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Canarias

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Últimamente, cuando viajo, me gusta fijarme en los pequeños detalles. Me gusta mirar a la gente, cómo viste, cómo anda, pero, sobre todo, cómo se comporta. El otro día, mientras me encontraba en el buffet del hotel donde me alojaba, algo tan sencillo como una loncha de queso rota me hizo reflexionar profundamente. Todos la ignoraban, prefiriendo las lonchas perfectas, intactas. Esta escena, aparentemente insignificante, me recordó lo superficial que nos hemos vuelto. Y pensé en contarte a ti que, siempre me acompañas en estas letras, algo que me genera un poco de tristeza. Reflexionaba sobre cómovivimos atrapados en esta superficialidad, cuando lo que realmente importa es mucho más profundo. Hoy quiero hablar contigo, desde el fondo de mi corazón, sobre la búsqueda de una vida más plena y auténtica, una tarea casi imposible, sobre todo para nuestra juventud.

La juventud y la trampa de la superficialidad

Vivimos en una sociedad que nos bombardea con imágenes de perfección inalcanzable. Desde jóvenes, y más ahora, con una cantidad ingente de gurús vendiendo consejos para ser millonarios, nos enseñan a perseguir estándares imposibles, tanto en apariencia como en estilo de vida. Las redes sociales amplifican esta presión, haciéndonos creer que la validación externa es lo más importante. Cada "me gusta" y cada seguidor parecen dictar nuestro valor y felicidad.

Lo que no nos hemos parado a pensar es que esta constante búsqueda de aprobación externa tiene un precio muy alto. La ansiedad, la depresión y la baja autoestima se han convertido en compañeros silenciosos de muchos. La necesidad de mostrar una vida perfecta, de estar siempre a la altura, genera una presión insostenible. ¿Qué queda cuando apagamos las pantallas? ¿Qué hay detrás de los filtros y las poses cuidadosamente seleccionadas?

Cada vez que veo a la juventud atrapada en esta carrera interminable, siento una tristeza profunda. Me duele ver, en su mejor momento para explorar y descubrir, se pierden en un mar de superficialidad. Nos estamos privando de la oportunidad de conocernos verdaderamente, de experimentar la vida en su forma más pura y auténtica.

El vértigo de lo superficial

Nos hemos acostumbrado a un ritmo de vida acelerado, donde lo efímero y lo superficial reinan. Estamos tan ocupados manteniéndonos al día con las últimas tendencias y novedades que nos olvidamos de detenernos y reflexionar. Esta superficialidad se infiltra en todos los aspectos de nuestra vida, desde las relaciones personales hasta nuestras aspiraciones profesionales, y va tan deprisa que a veces nos deja atrás, a oscuras, sin poder ver con claridad lo maravillosa y corta que es nuestra existencia.

Es urgente que reconozcamos la trampa en la que estamos inmersos para poder salir a tiempo de ella. Nos hemos convertido en espectadores de nuestra propia vida, siempre buscando la próxima dosis de validación externa. Pero la verdadera felicidad, la satisfacción genuina, no se encuentran en el brillo efímero de una pantalla. Están en lo profundo, en lo auténtico, en quienes realmente somos y en cómo nos relacionamos con los demás, y de eso, créanme que entiendo un poco.

La sexualización del reguetón

Quiero aprovechar mis líneas, para hablarte también sobre otro aspecto inquietante de nuestra sociedad actual: la creciente sexualización impulsada por la cultura popular. Géneros musicales como el reguetón han normalizado la sexualización de los cuerpos, especialmente de las mujeres. Las terribles letras explícitas y los videoclips cargados de imágenes provocativas nos condicionan a ver la sexualidad como un espectáculo, despojándola de su intimidad y valor.

La música, que debería ser un medio para expresar sentimientos profundos y experiencias humanas, se ha convertido en un vehículo para perpetuar estereotipos dañinos. La sexualización constante no solo afecta nuestra percepción de nosotros mismos, sino también cómo nos relacionamos con los demás, reduciendo nuestras interacciones a meros intercambios físicos desprovistos de la riqueza que supone encontrar en alguien una verdadera conexión emocional.

La influencia de OnlyFans y la normalización de la pornografía

Y es que, si el reguetón se ha convertido en una fuente de almas vacías, la proliferación de plataformas como OnlyFans ha añadido otra capa a este fenómeno. Originalmente concebida como un espacio para creadores de contenido diverso, OnlyFans se ha convertido rápidamente en sinónimo de contenido para adultos. Lo que antes se consideraba tabú y relegado a las sombras de internet, ahora se presenta como una opción viable y "empoderadora" para muchas personas jóvenes.

Quizás mi edad y mis valores me lleven a tener un sesgo negativo sobre este tema, pero creo profundamente que debemos cuestionar si realmente estamos empoderando a las personas o simplemente blanqueando la pornografía. La normalización de la venta de contenido sexual como algo cotidiano y aceptable desensibiliza a la sociedad sobre los profundos impactos que esto tiene en nuestra percepción del cuerpo y la intimidad. La monetización de la sexualidad, presentada bajo una fachada de liberación, a menudo perpetúa la explotación de los cuerpos, porque no nos mintamos, ¿quiénes han accedido este tipo de prácticas? Le estamos robando el alma a esa juventud que, a veces, es solo un juguete roto.

Me entristece pensar en cómo estas dinámicas están moldeando las mentes jóvenes, creando expectativas irreales y dañinas sobre el amor, el sexo y las relaciones. Estamos permitiendo que la superficialidad y la sexualización de los cuerpos, definan aspectos tan íntimos y esenciales de nuestra existencia.

La búsqueda de una vida plena

Y como siempre, me gusta bucear en mi mente para buscar respuestas y soluciones prácticas a los retos que planteo. Quiero dejar claro que la superficialidad puede parecer un refugio fácil, pero en realidad es una cárcel invisible. Para vivir una vida plena, debemos romper las cadenas que nos atan a la necesidad de aprobación externa y volver a conectar con lo que verdaderamente importa. Y yo, que a veces vivo atrapado, te cuando algunas de las cosas que me ayudan a volver a la vida real, esa que está llena de cosas maravillosas.

Valorar las relaciones reales: Las relaciones auténticas son la base de una vida plena. En lugar de buscar la validación de cientos de seguidores anónimos, me enfoco en construir y mantener relaciones significativas con las personas que nos rodean. Compartir con amigos y familiares que nos conocen y nos aceptan tal como somos, que están allí en los momentos difíciles y que celebran nuestras victorias, es una sensación invaluable.

Descubrir y cultivar pasiones verdaderas: Las pasiones son el motor que nos impulsa. Encontrar lo que realmente nos apasiona y dedicar tiempo a ello nos proporciona un sentido de propósito y satisfacción. Puede ser cualquier cosa, desde el arte hasta el deporte, la música, la lectura o la naturaleza. Lo importante es que sea algo que nos haga sentir vivos y conectados con nosotros mismos.

Practicar la gratitud: La gratitud transforma nuestra perspectiva. En lugar de enfocarnos en lo que nos falta, aprendamos a apreciar lo que tenemos. La gratitud nos ayuda a reconocer las pequeñas bendiciones de cada día, a valorar las experiencias y las personas que enriquecen nuestra vida.

Cuidar de nosotros mismos: Nuestra salud física y mental son fundamentales para una vida plena. Tomarnos el tiempo para cuidar de nosotros mismos, hacer ejercicio, comer bien, descansar adecuadamente y buscar actividades que nos relajen y nos hagan felices, es esencial. No se trata de buscar la perfección física, sino de encontrar un equilibrio que nos permita vivir de manera saludable, llenos de paz mental.

Vivir el momento presente: La ansiedad por el futuro y la nostalgia por el pasado nos impiden disfrutar del presente. Cada momento tiene su propia belleza y lección. Aprender a estar presentes, a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, nos ayuda a encontrar la felicidad en el aquí y ahora.

Por favor, busca tu autenticidad

La superficialidad nos promete una felicidad fácil, pero es una ilusión. La verdadera felicidad se encuentra en la autenticidad, en ser quienes realmente somos y en vivir de acuerdo con nuestros valores y pasiones. Este es un llamado a la juventud, y a todos aquellos atrapados en la trampa de lo externo, para que busquen una vida más plena y auténtica.

Debemos cuestionar las normas que nos imponen las redes sociales, desafiar las expectativas irreales y buscar la paz en nuestro interior. Si te sirve, yo estoy aprendiendo a aceptar mis imperfecciones, a celebrar la diferencia y a encontrar belleza en lo que realmente soy, y créeme si te digo que sé que es muy complicado.

Hacia una vida completa

En este viaje hacia una vida más plena, debemos recordar que no estamos solos. Somos seres sociales, necesitamos conexiones humanas para prosperar. La soledad puede ser elegida y enriquecedora, pero no debemos olvidar la importancia de las relaciones auténticas. Los abrazos, las miradas cómplices y el cariño de los nuestros, son esenciales para una vida plena.

La vida es un viaje, y cada momento cuenta. Celebremos la autenticidad, las relaciones sinceras y las experiencias que nos enriquecen. Solo así, podemos ser verdaderamente felices y completos.

En conclusión, la superficialidad es una trampa seductora pero vacía. La verdadera plenitud se encuentra en lo profundo, en lo auténtico, en lo que realmente somos y en cómo nos relacionamos con los demás. Hagamos un esfuerzo consciente por vivir de manera más presente, valorando lo que realmente importa y buscando una vida que nos haga sentir verdaderamente vivos.

No juzgues, ama, cuida y valora a los demás desde el cariño a la diversidad, para que nunca se sientan solos como… aquella loncha de queso rota.

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