Agoney Melián, presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Tenerife

Opinión

Cariño, tiempo y locura

Presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Canarias

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Hace no mucho, di una charla en un instituto de secundaria en la que les preguntaba a los asistentes cuáles eran sus propósitos de vida, si sabían hacia dónde querían ir para sentirse mejor y qué les proporcionaría felicidad. Se me vino el alma al suelo cuando el noventa por ciento de la clase me relacionó felicidad a cuestiones económicas o externas. Ganar mucho dinero, tener coches de lujo u otras posesiones parecidas… ¿Ese es el mensaje que le estamos mandando a las nuevas generaciones?

Otra de las respuestas que me parecían fascinantes era la necesidad de ser famosos o reconocidos, lo que me indicaba, claramente, que existe una necesidad imperiosa por sentir reafirmación externa, reconocimiento y validación de lo que hacen sin pensar lo erróneo que es poner en manos de otros la persona que quieres ser.

Esto me llevó a atreverme a escribir este artículo que no pretende otra que cosa que hacerte reflexionar si estás dando la importancia necesaria a tu felicidad, sea cual sea.  Si estás haciendo lo adecuado para mantenerte en ella, y digo bien… mantenerte, porque si no lo sabes, la felicidad como objetivo es el error más común de cultura social extendida. No hay un camino único hacia un destino del que no se sale. Es un tránsito de emociones, donde cada uno elige sus paradas, sus retrocesos y sus avances en función de lo que le vaya pidiendo el cuerpo o planteando la vida.

Vamos, que ponerte como objetivo en la vida ser feliz, sin más, es algo que difícilmente se cumple y ahora te explico por qué. 

¿Qué es la felicidad?

La felicidad es un estado de equilibrio indescriptible. Yo lo llamo vivir en paz con uno mismo y no siempre podemos estar así.

Somos seres emocionales y como tal, transitamos cada día por demasiadas cosas como para que nada altere ese momento de paz interior que queremos conseguir. Fíjate que te hablo de equilibrio y de paz interior que nada tiene que ver con lo que decían que necesitaban los chavales de mi charla. Hablo de invertir la mayor parte del tiempo posible en descubrir qué nos ofrece esa paz y hacer lo que sea necesario por preservarla. Para mí esto es importante ya que llevo muchos años buscando y filosofando sobre la felicidad, o como ya les he dicho, sobre la paz interior. Siempre bromeo en mis ponencias diciendo que soy un yonki de esta sensación, y es por eso que dedico tanto tiempo a poner en práctica todo aquello que cuento en mis formaciones.

Por otro lado, y rompiendo mitos, muchas personas creen que la felicidad es un momento de placer, comer un trozo de pizza, un masaje rico o una buena sesión de sexo. Sensaciones corporales que nos llevan a tener un corto espacio de éxtasis producido por la dopamina que segrega nuestro cuerpo, y esto claro que nos hace felices. Pero yo no lo denominaría felicidad en los términos en los que habitualmente la buscamos.

Tampoco la alegría por haber conseguido algo, ver una buena peli o emocionarnos ante un cuadro, sería la terminología que usaría para definir la felicidad. Estas acciones que nombro son una de las partes importantes que necesitamos en la vida y que, por supuesto son indispensables; no quiero imaginar una vida sin placer o sin alegría. Sin embargo, la felicidad se parece más bien al momento en el que somos capaces de estar solos, en silencio, sin sentir la necesidad de ninguna otra cosa porque estamos en paz y equilibrados y esto, por desgracia, es profundamente complicado. Por eso vemos a tanta gente poniendo a prueba a su cerebro dopamínico, dándoles grandes dosis de placer o alegría para compensar los silencios. Cuidado, porque la ausencia de felicidad real es el inicio de todas las adicciones.

¿Seguro que no queremos morir?

Te levantas cada mañana y te preguntas, ¿quieres morir? Y seguro que la respuesta es no, pero… ¿Por qué? Esa es la madre de las respuestas, la que te va a ayudar a continuar en marcha y no estar en modo piloto automático. Es la parte más importante de la vida, tener un propósito y que este te llene y te haga sentir plenitud.

Conozco a un montón de gente que no para de hacer cosas. Hacen de todo desde que se levantan hasta que se acuestan, y yo me pregunto si eso que hacen va enfocado hacia algo que les lleve sentirse mejor, o solo son espacios ocupados.

Yo he conocido a gente que me ha dicho, “es que necesito un reto para continuar, porque una vez consigo lo que me había planteado, siento un gran vacío”. Esto es terrible.

Los propósitos en la vida no tienen que ser enormes, y lo más importantes de estos, ni si quiera es cumplirlos de manera estricta. Son la gasolina que le dan fuego a tu alma, que hacen que vivir no sea solamente una suma de monotonía.

Yo cada día, antes de irme a la cama, me gusta pensar en lo afortunado que soy, en los momentos tan increíbles que tengo la suerte de vivir y no les hablo de grandes acontecimientos. Les hablo de mi taza de café mañanero que dice: “Eres el puto amo” y que me sigue sacando la sonrisa cada mañana. Hablo de encender mi vela de mandarina o  de algún que otro abrazo rodeado de risas de gente que ni pensabas que iban a estar en tu vida. Te hablo de los momentos de manta y tele que me regalo antes de irme a la cama y todas esas cosas que has normalizado y que son… simplemente la hostia. Entre tanta cosa, esto me hace sentir afortunado, porque más que sumar días, me gusta coleccionarnos rodeados de vivencias y de personas increíbles. 

El laberinto de los deseos, o la ausencia de un plan

No pensarías que no iba alguna tarea para este artículo. Algo tendrás que hacer si quieres alcanzar tu paz, y la tarea que te marco pasa porque tengas clara la dirección. No te hablo de la vida, te hablo de poner en marcha el GPS que te guíe hacia tu paz mental. Y me explico.

Muchas de las personas que cuentan conmigo para asesorarles, están inmersas en una cantidad enorme de propósitos que no llegarán a cumplir. Ganar más dinero, tener un mejor aspecto, o mejorar en su etapa profesional, son algunas de las cuestiones que más se repiten, pero se quedan ahí, en un deseo. Tiene que ser frustrante querer cosas que nunca vas a conseguir, estar metido en un laberinto sin salida por no fijarte bien en lo transitado y no marcarte un plan. Estar perdido en el laberinto de los deseos.

Yo te propongo que inicies tu plan de salida del laberinto y para ello, te doy algunos tips.

El primero es que te hagas preguntas sobre tu vida que puedan orientarte por dónde empezar:

¿Qué cosas me gustan de mi vida?

¿Cuáles debería mejorar? Me angustia o me hace sentir mal.

¿Qué recursos tengo hoy para poder mejorar?

¿Con quién puedo contar para conseguir mis mejoras?

¿Por dónde debería empezar?

Hazte estas preguntas y recuerda que no se puede tapar el Sol con un dedo, así que vete poco a poco, con paso firme y sabiendo que el camino no es una línea recta.

Otro de los tips más importantes es disfrutar del camino, no olvides que la vida no es un objetivo y a veces, llegas a sitios inimaginables, pero infinitamente mejores.

El último de los consejos es que te vayas a mis cursos o ponencias jejeje, pero esto es publicidad infiltrada.

Solo o acompañado, eso es lo de menos

Sé que se me ha alargado más de lo habitual este artículo, pero no quiero acabarlo sin darte un último consejo que creo que te va a venir bien. Para alcanzar la felicidad no es necesario que haya nadie a tu alrededor, pero si decides ir acompañado recuerda que: Sociópatas, inseguros y manipuladores… lejos.

Para vivir en plenitud nunca renuncies a quién eres, a tu identidad. Como siempre digo, sin hacer daño a nadie, no dejes que quien te acompañe en tu camino te robe la paz, porque eso es incompatible con la felicidad.

Ir solo es una opción válida y no necesitas nada concreto para alcanzar el equilibrio y la plenitud, pero si decides que hay alguien que te hace la vida más bonita recuerda que es indispensable que compartan… Cariño, tiempo y locura.