Se cumplen estos días cuarenta años del estreno de El rayo verde de Éric Rohmer, ganadora del León de Oro del Festival de Venecia. La película finaliza en la zona de San Juan de Luz, pero esa escena final de la costa francesa tiene lugar en Gran Canaria. La puesta de sol en la que se logra ver el rayo verde que buscaba la protagonista como una obsesión desde el inicio del largometraje fue grabada desde Montaña Arena mirando hacia Arguineguín, aunque no se vean esas referencias en la pantalla porque el director hace pasar esa escena, dentro de la ficción del cine, como si aconteciera en la costa francesa.
El rayo verde nace de una leyenda escocesa y de una novela de Julio Verne que recrea lo que se contaba en esa leyenda a través de una mujer que busca el rayo que aparece cuando el cielo está muy limpio al atardecer y, a veces, también al amanecer. La leyenda escoseca, y el libro de Verne, identifican ese encuentro con el rayo con la sabiduría en los temas del corazón. Rohmer juega prodigiosamente con esa búsqueda siguiendo ese juego que siempre propone en sus creaciones, en donde los protagonistas parecen improvisar la vida a cada paso desde lo cotidiano y con unos diálogos en los que los propios intérpretes solían meter baza para lograr esa naturalidad que buscaba el director francés; pero claro, el rayo verde no podía improvisarse. Lo llevaban buscando por todo el planeta y ya casi habían asumido que tendrían que realizar un montaje con los medios de entonces para que apareciera en la película. Sin embargo, alguien le habló a Rohmer de Canarias y decidió enviar a las islas a Philippe Demard y a Florent Montcouquiol para que grabaran puestas de sol en el oeste de Gran Canaria a ver si había suerte y filmaban el rayo de marras.
El ocaso
Yo pude hablar hace un par de años con Philippe Demard. Durante muchos años se dijo que el rayo verde estaba rodado desde Las Canteras, o también desde la costa de Mogán. Esa última información no estaba muy alejada de la realidad. Pero cuando le pregunté a Philippe Demard por el lugar exacto me pidió que esperara unos días hasta que pudiera enviarme algunas diapositivas de ese lugar porque la productora les pedía que sacaran fotos de cada puesta de sol para que quedara constancia de su trabajo.
Cuando me envió esas diapositivas nos dimos cuenta de que el lugar exacto de la grabación era Montaña Arena, en San Bartolomé de Tirajana, aunque es verdad que la imagen del rayo verde que aparece al final de la película tiene lugar en la costa de Mogán, que era hacia donde apuntaba la cámara. No viajaron con las cámaras de ahora. Utilizaban cámaras muy pesadas que tenían que subir a una cierta altura para captar todo el ocaso.
Tuvieron suerte, y, de alguna manera, tambié tuvo suerte la isla de Gran Canaria, que quedó inmortalizada para siempre en esa maravillosa película de Rohmer. Hace ya cuarenta años de aquella grabación, pero quienes se asoman a los atardeceres entre Maspalomas y la playa de Sardina de Gáldar, por toda la costa oeste de la isla, pueden encontrar ese rayo que les puede volver casi infalibles en todo lo que tiene que ver con el amor, siempre y cuando el amor tenga alguna fórmula que no esté unida, de una manera inexplicable, a la propia luz y a la belleza.
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