Agoney Melián, presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Tenerife

Opinión

¡Eh!, bájame el labio

Presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Canarias

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Si me sigues, sabes que ser canario me apasiona. Me gusta perderme en nuestros preciosos parajes naturales, y echarme, que es como comúnmente le decimos a comer algo, un buen vino de guachinche (lugares tradicionales y familiares en los cuales podrá disfrutar del buen vino y de algunos platos de la gastronomía canaria) y unas papas arrugadas. Sin embargo, otro de los acervos culturales de mi tierra es su singular forma de hablar, y no me refiero solamente a los distintos acentos, que me impresionan y me fascinan, sino a esas expresiones y palabras que decimos y que le sacan a uno la sonrisa.

La invitación al Podcast. Se formó el tenderete

Si aún no lo conoces, tienes que ir directamente a Instagram o cualquier plataforma digital tipo Spotify a conocer el podcast de moda en Canarias, Bájame el labio. Es un espacio irreverente lleno de momentos divertidos comandado por mi amigo Airam Abella, el irrepetible Alex Mercurio y la diosa Ceci Wallace.

Ingenioso y dinámico y con una gran carga emocional, se ha convertido, en tan solo dos temporadas, en uno de los espacios referentes de la diversidad e inclusión en Canarias, y en algún que otro sitio más.

Vi nacer este proyecto en mi casa y siempre pensé que podría ser divertido participar. Lo que nunca pensé, viendo el calibre de invitados, es que algún día recibiría la invitación para formar parte de la historia de este espacio de tertulia. Al fin y al cabo, la imagen que suelo dar es más seria y profesional.

Recuerdo perfectamente el momento, entré a la oficina un viernes y Airam me dice: “El próximo lunes grabamos podcast”. Por un instante me cogió despistando, no entendía muy bien qué tenía que ver yo con aquella acción hasta que entendí que era el siguiente invitado. Qué emoción, no me lo podía creer.

Les parecerá una chorrada, pero… a una persona como yo, que en los últimos dos meses ha estado reunido con un ministro del Gobierno de España y con el Papa Francisco, ir a compartir un rato con Ale y Ceci, le parecía (y me sigue pareciendo) un must. Era salir de mi zona de confort y ser un poco más persona y menos personaje.

Tuve que irme preparando para la pérdida de control absoluto porque… algunas de las cosas que iban a pasar se salían de todo mi control, y siendo honesto con ustedes, no me viene nada mal como terapia. Llegó el día y yo fui con mi guion perfectamente preparado, sin embargo, no habían pasado ni diez minutos y yo ya estaba perfectamente metido en dinámica. Ni guion, ni nada de nada, cuando Ale y Ceci empezaron a grabar… se formó el tenderete*.

Me lo pasé “bienísimo”

Si eres de Gran Canaria sabes que bienísimo es el superlativo de bien. Para el resto del mundo, bienísimo es que no te lo puedes pasar mejor o no puede hacerse algo mejor, y es eso justamente lo que yo sentí que pasó en aquel set de grabación.

Hubo momentazos que recuerdo, como decirle a Ceci que era guapa reversible, por dentro y por fuera, y ella decirme que el páncreas no muy bien, ¿qué respondes a eso?

Yo quería hablar de mi papel como presidente de jóvenes empresarios, de mi filosofía de empresas de colores, o del plan que tengo para devolver la esperanza a la juventud de Canarias, y lo hice a mi manera. Sin embargo, consiguieron hacerme sentir cómodo, estaba echándome unas cañas con dos amigos muy divertidos con los que te sueltas y dices lo que se te pasa por la cabeza.

No sé cómo lo hicieron, pero terminé hablando de temas como el sexo y la vida. Sin duda, consiguieron hacerme olvidar que había una cámara delante. Terminé de grabar con dolor de barriga de las risas. Estoy en disposición de afirmar que me lo pasé … bienísimo.

Se me fue el baifo

Menudo relajo aquella hora, tal y como les contaba, me sentí tan relajado que no paré de soltar burradas de magnitudes épicas.

Hablé de como cambiar las rutas neuronales cada mañana, de mi visita al Papa Francisco y de juguetes sexuales, todo esto junto. Un auténtico “potaje” de historias y contenido diverso sin tapujos ni censura.

Me gustó mucho porque tuve la oportunidad de explicar mi opinión sobre el uso de las etiquetas.

Y es que etiquetar es una herramienta para visibilizar una realidad y hacer una discriminación en positivo un tiempo hasta conseguir el fin último, que para mí no es otro que la igualdad real y la inclusión en todos los aspectos.

Como ejemplo les cuento mi experiencia con la mujer en AJE. Cuando llegamos, era muy complicado que las mujeres participasen en las cosas que hacíamos, así que pusimos en marcha una iniciativa súper chula que se llamaba WO+MAN. Pretendíamos crear un espacio agradable donde las mujeres se sintieran cómodas; que AJE no fuese un lugar hostil y a lo largo de los años, a través de esta etiqueta, fuimos probando acciones que ayudasen a que, las mujeres empresarias, formasen parte de la organización.

Hoy hemos pulverizado los datos teniendo la primera presidenta, Sheila, o la primera Secretaria General, María, o de Comunicación, Montse. En la junta directiva en Tenerife, tiene más de un 70% de mujeres y no por el hecho de serlo, sino porque son personas talentosas que aportan mucho valor. Hoy la etiqueta de WO+MAN ya no es necesaria, porque AJE Canarias es un espacio igualitario e inclusivo, y ese para mí es el objetivo principal.

En otro aspecto, y hablando de etiquetas también, hace poco fui a una formación de una psicóloga brutal que se llama María José (Marichu), donde hablaba del peso que determinadas etiquetas suponen para la salud mental. Ser fuerte, ser optimista está bien, siempre y cuando te puedas permitir no serlo de vez en cuando. Ser torpe, o una persona triste, son etiquetas limitantes. Me gustó tanto el concepto que empecé a decirme a mí mismo que a lo mejor nos estamos esforzando en etiquetar, y que quizás deberíamos empezar a valorar cual es el sentido de hacerlo. Si es visibilizar para trabajar en un objetivo bien, pero si no dotamos de contenido a esta acción, puede que estemos desvirtuando el uso de esta herramienta.

Es cierto que, si escuchas el podcast, escucharás mi propuesta de la subida del sueldo mínimo interprofesional o como construir una Canarias con empresas más potentes y humanas. Pero también saqué una parte muy interna y personal, un yo vulnerable que no es muy habitual escuchar, ni siquiera para mí. En algunas partes sentí, que se me fue el baifo.

Estuve “trabado” unos días

Aquella noche me fui a casa pensando… ¿me habré pasado? ¿Habré metido la pata con tanta sinceridad? Y es que estos dos artistas son capaces de generar un ambiente tan mágico que ni te das cuenta de que alguien va a escuchar lo que estás diciendo.

Estuve pensativo algunos días, reflexionando la cantidad de cuestiones de carácter íntimo que nombré y que, en aquel momento no las sentí como nada malo.

Cómo somos, en mi caso no me preocupa mandarme un discurso reaccionario delante de gran parte de la sociedad canaria, sin embargo, el miedo a que sepan que detrás del personaje público, hay un ser humano normal, que ríe y llora a partes iguales, me tenía trabado… aunque ya poco podría hacer.

No seas tolete

Para mi sorpresa, cuando se emitió el capítulo: Las intimidades de un presidente, empecé a recibir mensajes preciosos, de gente que me conoce y, sobre todo, de mucha gente que no me conoce.

Muchos me decían que les había cambiado el concepto sobre mi persona, algo que me sorprendió muchísimo. Me decían que no sabía que era una persona divertida, que creo que lo soy, o dinámica. Que ahora les gustaba más.

A medida que fui recibiendo este tipo de mensajes, empecé a reflexionar sobre que malos son los pensamientos negativos y cuantos miedos habitan en nuestra cabeza. Si te está pasando esto, no seas tolete y vivirás un poco mejor.

Quiero acabar explicando que “bájame el labio” es una expresión canaria que se le dice a alguien para pedirle que te trate con más respeto, y es eso justamente lo que haré la próxima vez que tenga un pensamiento así.

Cuando venga el miedo a visitarme solo por salir de mi zona de confort, no les quepa duda, lo miraré a los ojos y le diré: ¡Eh!, bájame el labio.