Fomo identitario

"Nuestra identidad está de moda, vinilado gigante en el tranvía que sube la cuesta medio renqueante en la curva que ustedes saben. Claramente, campaña de publicidad institucional con la matraquilla del Día de Canarias"

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Carmen Peña

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Nuestra identidad está de moda, vinilado gigante en el tranvía que sube la cuesta medio renqueante en la curva que ustedes saben. Claramente, campaña de publicidad institucional con la matraquilla del Día de Canarias.

“¡Pedales de bicicletas hechos de gofio, todo de gofio, solo gofio!” es lo que se escuchaba en mi cabeza constantemente mientras empresas, organizaciones de todo tipo, partidos políticos y personajes varios hacían canarywashing sin tino. Luis de la Barrera lo explicó recientemente a la perfección en en redes sociales, y muy resumidamente es la mercantilización que se hace de símbolos populares ligados a la identidad canaria con el fin de ganar más dinero y/o contribuir al domesticamiento cultural de la sociedad canaria.

Esta humilde aportación al debate sobre la identidad no hace referencia a ningún test de canariedad, ni a un señalamiento que en base a orígenes, genealogía o creencias defina si eres más o menos canario. Los abordajes simplistas de cuestiones tan complejas como el proceso de construcción de identidad de un pueblo no son caminos que llevan a ningún fin útil para la generación de comunidad, sino que suponen un caldo de cultivo para el racismo y la xenofobia.

Territorio limitado

Una cosa es plantear marcos de debate asumiendo que en un territorio limitado y con una capacidad de carga en base a la sostenibilidad haya que limitar el número de personas que consumen recursos en las islas, cosa que desde Drago Canarias planeamos desde el 2023, y otra ser un racista. Tranquilos, que a las élites burguesas económicas de nuestro Archipiélago les viene de lujo que se esté señalando a la gente por su origen y no al sistema productivo que sostiene el sinsentido de que vengan más de 18 millones de turistas al año.

En Canarias, además, transitar por este posicionamiento discursivo supone contradecirse con la verdadera historia que se intenta contar, siendo más fidedigno a la realidad explicar cómo desde que los antiguos que llegaron desde el pueblo  amazigh toda construcción identitaria ha venido pasando por el diálogo entre culturas. Gracias a las migraciones tan diversas de las que ha formado parte el Archipiélago, ese hilo conductor de nuestra historia es lo que teje una sociedad tan resiliente, solidaria y orgullosa como la sociedad canaria.

Hay mucha gente que no lo entiende y luego tenemos unos cacho de referentes como Farrujia, que se va con Patty Mills, jugador del CB Canarias de origen indígena australiano a enseñarle Anaga y los vínculos guanches del territorio; con una comunicación impecable en lo respetuoso, amena y asequible para todos sus seguidores, acercando a la gente el conocimiento y respeto por nuestra historia indígena.

Eje identitario

Este manojo de reflexiones pueden servir de utilidad en la construcción de un eje identitario que no se lea desde la performatividad individual, sino desde la necesaria reflexión sobre todos los muros, vendas y mordazas que nos faltan por romper en el proceso de emancipación cultural e identitaria, un proceso de empoderamiento colectivo que sin duda alguna está marcando a la juventud y generando un relato mucho más ilusionante que la pesadumbre de asumir que “estamos muy mal pero no es nuestra culpa”. Así, claramente, no vamos a llegar a nuestro prime.

En este contexto, pienso mucho últimamente en el fomo identitario que puede llevar tanto a que al canario le partan el pico con la azada o a que el canario se recluya en la jaula identitaria y ahí quede encerrado, sin libertad. El fomo identitario es un concepto que se nos ocurrió a unas amigas en un viaje a El Hierro para un festival de cultura contemporánea. Este palabro viene de un anglicismo muy utilizado por la generación Z, “FOMO”, que son las siglas de “fear of missing out” o miedo a perderse algo.

Qué hacen los demás

Socialmente, es esa sensación de ansiedad o inquietud que aparece cuando crees que otros están viviendo experiencias más divertidas, interesantes, aprovechando más el disfrute o las oportunidades. Se utiliza en redes sociales en esta actualidad de modalidad relacional neoliberal que nos expone constantemente a ver qué hacen los demás, a dónde van, qué comen, cómo se divierten en redes sociales, etc. Probablemente, esta semana en el Archipiélago haya mucha gente pasando fomo de ver el concierto de Bad Bunny a través de las historias de Instagram de los que sí pudieron ir a verlo. El resto, por suerte, tenemos un calendario lleno de verbenas de verano donde los clásicos grupos de merengue y salsa ya versionaron ese baile inolvidable.

En la urgencia de definirnos, de encontrarnos, de sentirnos entendidos, respetados, en la urgencia de sobrevivir como pueblo en una época de incertidumbre por lo que vendrá, de magua por un futuro que se nos escapa y, sobretodo, de profundo malestar social y dolor por el maltrato a nuestra tierra, una de las manifestaciones de la mentalidad colonial radica pues en el fomo identitario; que consistiría en una performación de la canariedad por miedo a quedarse fuera de la conversación. Un poner por delante el hecho de que esté de moda, sin pensar críticamente cuáles son las derivas de la instrumentalización de la identidad, y esto, por supuesto, no quiere decir que la cultura y la identidad no se vivan con alegría y se disfrute popularmente y que esto tá bien.

Pero por ejemplo, el siglo pasado el régimen franquista y sus herederos prohibieron durante un tiempo la emisión del programa de televisión Tenderete viendo como el disfrute de nuestra cultura, además en sentido archipielágico, podría canalizar movimientos políticos en favor de la ruptura con la metrópoli y tesis mucho más soberanistas. Con la transición, la represión estatal y violenta, las autonomías y el desarrollo económico lograron el uso político de la identidad para amansarnos, en una historia que merece su propio artículo. En aquella época, Nanino Díaz Cutillas ya llevaba una cadena de oro con la pintadera, no estamos inventando el fuego pero seguro que desde el cielo se alegra de que hoy lo quiera llevar buena parte de la pibada.

Hegemonía

Tenemos que ser conscientes de que la hegemonía cultural canaria actual está profundamente atravesada por todos los poderes que han hecho incidencia de todo tipo para generar una identidad manejable, consumible y amable. Una identidad que no se te revire como morena en la salida de la cueva y que no ahonde en lo que más teme el Estado español: la cristalización de un movimiento político soberanista y la organización de una mayoría social que quiera subvertir las estructuras de poder que nos tienen a la juventud eligiendo entre sobrevivir o la maleta. Es más fácil el paraíso, el Clipper, la guagua, tenerifelicidad, el choss qué precios, para que no le demos muchas vueltas a la situación real del Archipiélago con casi la mitad de la población bajo el umbral de la pobreza. 

A los que gobiernan y a los partidos que financian medios de comunicación les resulta muy útil hacer incidencia cultural y a través del dinero y seguir ahondando en todos los dispositivos de control colonial, véase la aculturación forzada —imposición de la cultura dominante sobre la subordinada—, la colonización del imaginario —cuando los dispositivos culturales penetran en la mente y el deseo del colonizado—, la alienación cultural —el sujeto se distancia de su propia identidad y el asimilacionismo—, política de borrar la cultura propia para integrarse al colonizador… Por poner algunos ejemplos teóricos que beben de la sociología decolonial. Así, con una capacidad de permeación brutal, son capaces de satisfacer las ansias sociales de reivindicarse culturalmente, vaciando la parte de reflexión política, que esa no interesa.

Tsunami identitario 

En este contexto de tsunami identitario no hay que ser tan corto de miras para afirmar la separación de los procesos culturales y los políticos, la existencia de una cultura popular que no se construya también a través de la canalización al golpito de permeación de ideas de libertad. Hay tiempo para todo eso, mirada larga, generosidad y apoyo a toda Canarias diversa, no a la que queremos que sea, sino la que ya es.

Desde la autoestima, que esto sirva para que nuestra generación y las que están por venir, aparte de ataviarse con fundamento, cojan fundamento para dejar atrás los relatos victimistas y ocupemos los espacios. No somos menos que nadie, no tenemos que pedir perdón sino reclamar lo que nos es justo. A eso también se refería Rodríguez en 2023 con ser las dueñas de nuestro destino.

Con humildad, pero con la certeza de que esto es serse, los cambios políticos soberanistas claramente se acompasan a estos cambios culturales y para la juventud ese cambio se llama Drago Canarias. Con montón de ilusión, trabajo serio y ocupando los espacios que no estamos dispuestas a dejar a otros, porque basta ya de que decidan por nosotras. Ahul mi gente, celebrar ya celebraré cuando Canarias sea libre, pero agradecer lo que hay, disfrutarlo y luchar por la tierra no es solo el 30 de mayo. Vive tu identidad con orgullo y construye colectivamente.