Judith Fernández Batista

Judith tiene veintiséis años, es grancanaria y acaba de publicar ‘Yo también fui la torre’

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Santiago Gil.

El tarot de la vida reparte las cartas y uno las va interpretando con la sapiencia de los años, con la intuición o con esas pistas extrañas que a veces nos regalan las palabras. Escribir, a veces, es una manera de combinar el tarot de nuestra propia existencia, o de entenderlo en medio de un escenario en el que un día nos vimos interpretando un papel que va cambiando de registro a medida que avanza una obra que también ignoramos. De todo eso escribe Judith Fernández Batista en su libro de poemas Yo también fui la torre. Judith tiene veintiséis años, es grancanaria y se presenta en el mundo literario con una obra sorprendente, con mucho simbolismo y con esa alquimia que transforma el dolor en belleza para curar el alma o para jugar con sentido poético esas cartas que van cayendo sobre el tapete del destino con distintas interpretaciones.

Yo también fui la torre (Olé Libros) se presenta en su contraportada explicando que es “un poemario que no se lee, se baraja. El tarot deja de ser adivinación y pasa a convertirse en anatomía”. Y así es. Se baraja y lo barajamos. Emociona y nos emociona. Sorprende y nos sorprendemos. Por su originalidad, por sus desgarros y por sus hallazgos poéticos. Ya Judith había quedado finalista con Seis veces tú del Premio de Literatura Diversa 2023 que convoca la Editorial Siete Islas, que fue quien publicó ese primer texto  también novedoso y sorprendente de Fernández Batista. Ahora mismo, además, está empezando a mover una novela corta en la que se lanza a ese vacío de la búsqueda creativa siguiendo la intuición de su voz propia, de sus lecturas y de una manera muy original, y siempre poética, de contar el mundo que le rodea.

Versos

Si el mundo fuera un poco más justo,/ no necesitaría un cuerpo tan frágil./ Pero soy de vidrio,/ transparencia impuesta/ ante lo insoportable. Esos versos están en el Arcano VIII. La Justicia, y estos otros en  el principio del Arcano XVI. La Torre: De los cien ladrillos que tenía la torre,/ solo yo quedé en pie./ Estaba desnuda:/ no hay misterio más inquietante/ que no sentir la necesidad de cubrirse”.

Cada Arcano tiene el enigma de su propio poema. Van desfilando el Loco, el Mago, La Sacerdotisa, El Hierofante o La Rueda de la Fortuna. Todo se va hilando sutilmente en un mismo libro que nos va acercando significados que se convierten en un cuaderno de bitácora de una biografía que se cuenta entre metáforas, esoterismos y sueños. Uno celebra la llegada de libros como el de Judith, y la propia aparición de alguien que ha leído mucho y que ha también ha vivido intensamente. Termino dejando que sea la poesía de Judith la que termine este texto. No le pierdan la pista a esta mujer que escribe desde las entrañas y desde la magia. Vale la pena ese acercamiento al tarot de sus palabras. El poema se titula Arcano. XIV. La templanza: “Mis manos, que han contenido tempestades,/ podado selvas, amansado bestias,/ cargado con el peso de lo fútil,/ mesurado océanos en las copas,/ mis manos,/ rehúyen la caricia.