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Detalle de una de las arpilleras blancas de Millares expuesta en el Museo de Arte Abstracto de Cuenca

La luz de Millares

Coincidiendo con los cien años del nacimiento del artista grancanario, la Fundación Antonio Pérez de Cuenca acoge la muestra la exposición Millares, rebelde. comisariada por Alfonso de La Torre

Cuenca es arte y, sobre todo, arte moderno. Su Museo de Arte Abstracto Español situado en una de las Casas Colgantes merece muchas visitas a esa ciudad mágica situada entre las gargantas del Júcar y el Huécar, si puede ser en otoño, que es cuando las hojas de los árboles que la circundan juegan todavía más a embellecer todos sus horizontes. En ese museo hay obras de Chirino y de Manuel Millares. Se cuentan numerosas arpilleras de distintas épocas, junto con las obras de Zóbel, Saura, Palazuelo, Tápies o Canogar. Manuel Millares visitó muchas veces Cuenca de la mano de Fernando Zóbel, y no es casual que tanto él como otros grandes del arte contemporáneo español decidieran dejar allí buena parte de su obra, en esa sala auspiciada por la Fundación Juan March.

En 2026 se celebran los cien años del nacimiento de Manuel Millares y, coincidiendo con esta celebración, la Fundación Antonio Pérez, otro de los muchos motivos por los que vale la pena visitar y revisitar Cuenca, ha inagurado hace unas semanas la exposición Millares, rebelde, comisariada por Alfonso de La Torre. La muestra, que se encuentra en una antigua capilla, se acerca a algunas de la obras más vinculadas con la crítica social y política de su tiempo. Ya hace unos meses, en una charla organizada en la Fundación de Arte y Pensamiento Martin Chirino, Alfonso de La Torre impartió una conferencia en la que anticipaba buena parte de lo que podemos encontrar en Cuenca, incluyendo un documento audivisual que resulta esencial para entender el proceso creatvo del artista y lo que buscaba en cada uno de esos trazos y de sus fomas. La exposición estará abierta hasta el próximo 24 de enero y en ella podemos encontrar veintiocho obras magníficamente contextualizadas y presentadas para indagar en las numerosas pistas que dejaba Millares en todo lo que iba creando.

Uno de los detalles que más me llamó la atención de la muestra de Manolo Millares en la Fundación Antonio Pérez y también en el Museo de Arte Abstracto de Cuenca fue el de las arpilleras blancas que pintó en sus últimas obras, la luminosidad de esas obras, nada parecida a la negrura o al rojo incandescentte de buena parte de sus creaciones anteriores. Poco antes de morir, como Jorge Oramas en su acercamiento a una luminosidad cada vez más hipnótica e intensa, Millares dejó rastros muy diferentes a los que había proyectado en sus anteriores obras, como si esa cercanía del final le llevara, consciente o inconscientemente, hacia esa luz eterna en la que muchos intuyen que están todos los átomos que nos integran desde el origen del universo, a la misma luz que pidió Goethe justo antes de cerrar los ojos para siempre en este lado del tiempo.

 

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