Agoney Melián, presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Tenerife

Opinión

Más que una experiencia religiosa

Presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Canarias

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Seguro que muchos de ustedes pensarán en esa canción que se nos metió en la cabeza en el año 1995, interpretada por Enrique Iglesias. Sin embargo, hoy de lo que les quiero hablar es sobre mi último viaje a Roma, en el que tuve la oportunidad de conocer al Papa Francisco, la historia de la ciudad y a muchos de mis compañeros y compañeras de CEAJE. Un viaje para recordar.

En las entrañas de la civilización

Siempre pienso que viajar es necesario para abrir la mente. Conocer las entrañas de lo que fue el Imperio Romano y cómo se desarrolló su historia de principio a fin, te pone en tu sitio. Qué importantes nos creemos y que insignificantes somos en la línea recta de la historia de nuestro planeta. Cuánto deberíamos de pensar y reflexionar sobre los errores y aciertos de los que nos han precedido.

Cada esquina, cada rincón, tenía una historia que imaginaba, con sus protagonistas, con su romanticismo y con su contexto histórico. Pasear por el Trastevere, ese pintoresco barrio tras el río que colinda con la terrible historia del barrio judío; entrar al Coliseo, o estar en las plazas de España o del Pópolo, hacían que de mi cabeza surgiesen ideas y pensamientos impresionantes.

Pero quizás el principal, el más recurrente, era “qué bonito es el mundo y qué poco lo disfrutamos”. ¿Será que estamos desaprovechando nuestro paso por el planeta? ¿Será que a veces estamos enrocados en nuestra propia historia de vida que no nos permitimos abrir los ojos y ver... pero ver de verdad?

Mientras los demás veían piedras, yo estaba absolutamente impresionado escuchando la cantidad de cosas que pasaron, cómo pasaron y fantaseando con la idea de estar allí́, viviendo la historia de las entrañas de esta gran civilización.

Viajar para aprender desde la humildad, creernos menos importantes para no caer en la soberbia me hace creer que las decisiones empresariales que tome a partir de ahora serán más nutritivas.

La Fontana de Trevi, la sorpresa y la promesa

Cuando llegué a Roma, era de noche. Después de algunas horas de retraso, pero con la ilusión intacta, salí́ a la calle. Desorientado, pero con una gran sonrisa dibujada en la cara, busqué en Google qué era lo que más cerca me quedaba del hotel y era La Fontana de Trevi.

Paso firme y con determinación, fui directo y sin pensar. Aunque si les digo la verdad, era inevitable parar en cada esquina para fijarte en los detalles de la arquitectura de la ciudad. Arcos triunfales, fachadas sorprendentes, y un aroma de buen gusto que impregnaba tus sentidos, un trayecto que debería haber durado quince minutos, duró más de media hora.

Como les decía, determinación para llegar, sonrisa en cara y expectante, llegué a una calle estrecha llena de locales muy pintorescos. Mirando de lado a lado practicando la observación, escuché un ruido de agua, y de repente, en frente, majestuosa, me recibió́ La Fontana. Les prometo que me costó unos segundos reaccionar. No sé si por lo increíble de pensar en su construcción, por su belleza, por su estruendoso sonido de agua cayendo… Fue una sensación única e indescriptible, no hay foto que represente lo que yo viví́ en ese instante, ¿te ha pasado alguna vez?

Tuve mucha suerte, no había mucha gente y me pude sacar algunas fotos. Cuando ya llevaba un rato allí́, lancé algunas monedas y sin saber muy bien cuál era el ritual, me hice la promesa de convertirme en el amor de mi vida, aunque para eso, a veces, hay que trabajar un poco, no crean que es tan fácil.

Cuando tienes la mente centrada en ti, y te permites conversar sanamente, a veces es necesario hacerte alguna que otra promesa y propuesta de mejora. Lo ideal sería hacerlo en un contexto como La Fontana de Trevi, pero lo importante es que lo hagas desde el cariño hacia ti mismo, ¿no crees?

El Papa Francisco

¿Si les digo que el verdadero motivo del viaje a Roma fue una audiencia privada con el Papa Francisco, me creerían? Pues sí, aunque no le di demasiada importancia en un inicio, ese fue el motivo principal de mi viaje.

Como Secretario de Comunicación de CEAJE, me tocó ir a Roma a conocer al Santo Padre. Les mentiría si les dijese que soy creyente, pero de conocer a un Papa, este me llama bastante la atención. Así́ que allá́ que fuimos, a conocerle y escucharle con atención.

En unas impresionantes instalaciones, y con un protocolo eclesiástico digno de película, apareció́ Francisco en la sala ante la mirada de todos los que estábamos allí́.

Ya me conocen, soy una persona normal que me gusta que todo tenga contenido, así́ que decidí́ poner atención a lo que decía y les aseguro que me agradó mucho su discurso. Me pareció́ coherente y terrenal, algo que no esperaba. Sensato y con una gran carga emocional, me pareció́ que tenía más cosas en común de las que creía con este Papa.

Aquí́ les dejo un trozo de ese discurso:

“Por otro lado, esto no quiere decir que se ame la miseria, la cual, por el contrario, tiene que ser combatida, y para ello ustedes tienen los buenos instrumentos, como la posibilidad de crear empleos, y contribuir así́ a dignificar a sus prójimos. Pues por medio del trabajo, el Señor <<levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre>> (Sal 113,7). De manera que aquí́ tenemos un remedio para combatir la enfermedad de la miseria: el trabajo y el amor a los pobres. Sean creativos en la planificación del trabajo, sean creativos y eso les va a dar mucha más fuerza.

Los animo a seguir transformando con creatividad el rostro de la economía, para que esté más atenta a los principios éticos (cf. Carta enc. Laudato si’, 189) y no se olvide de que su actividad está al servicio del ser humano, no solo de unos pocos sino de todos, especialmente de los pobres. Además, es importante que tome conciencia de que no está por encima de la naturaleza, sino que tiene que cuidar de ella, pues de esto dependen las generaciones futuras. Tu empresa debe tener, de alguna manera, un cuidado para no contaminar más la naturaleza, al contrario, ir abriendo caminos de sanación. Uno de los grandes científicos europeos en un encuentro que tuve hace seis meses, dijo: “ayer nació́ una nieta, y pensé́, pobrecita, si las cosas siguen así́, dentro de treinta años, le tocará habitar un mundo inhabitable”. Todavía está en nuestras manos cambiar esa tendencia de contaminación que está destruyendo todo.”

Tocó levantarse para acercarse a él y saludarle y eso fue lo que hice. Estábamos en fila y vi que se acercaban a su mano... yo no tenía ni idea del protocolo, así́ que cuando llegué hasta él le miré a los ojos sonriente por lo que me había gustado escucharle y le dije: “Encantado de conocerle”. El hombre levantó la mirada y me miró, y debió́ pensar algo así́ como, ¿quién es este personaje? Le salió́ una pequeña carcajada que me hizo sentir complicidad, me fui encantado de este encuentro.

Más allá́ de lo espiritual, el encuentro fue una experiencia fantástica, que me hizo entender que podía estar de acuerdo en muchas de las ideas y pensamientos del cristianismo. Como dice mi amigo Jorge de Yrichen, ser cristiano es un comportamiento que requiere cariño y mucha generosidad, y esas cualidades me gustan mucho.

El poder de lo humano

No quiero acabar mi artículo sin hablarles de una de las mejores cosas que me ha pasado en este viaje. Conocer de verdad a mis compañeros y compañeras de la Confederación Española de Jóvenes Empresarios (CEAJE), me explico. No es que antes no supiese quiénes eran, todos nos conocíamos de coincidir en los comités, o en los diferentes eventos, pero en Roma, pude charlar de cosas triviales, de temas intensos como la Fe o de cosas personales, parejas, familia, amigos y la vida en general.

Hablamos de “nuestras cosas” y me di cuenta de que estaba muy equivocado.

Yo soy una persona muy pasional en mis planteamientos, y debo confesar que a veces me equivoco, pues esta pasión me lleva a ser un elefante en una cacharrería. Si supieran que detrás de tanta energía hay solo una persona sensible queriendo hacer cosas, a veces me ahorraría algún que otro disgusto.

En AJE somos un equipo de gente diversa, pero si algo he aprendido en este viaje es que, a pesar de nuestras diferencias, hay mucha gente bonita.

Me sentí́ querido y cuidado, escuchado con atención y, sobre todo, me sentí́ parte de esta organización y este sentimiento es indescriptible.

Creo que estamos es un gran momento para cambiar lo que no nos gusta, para reflexionar de manera conjunta y, sobre todo, para disfrutar la organización haciendo de esta una herramienta maravillosa que mejore la situación de nuestra comunidad.

No sé si en el futuro seré́ creyente o no, porque los ojos y el corazón los tengo abiertos. Lo que si sé es que este viaje ha sido mágico y me ayudará a ver mi tierra, a la gente que me rodea y al sector empresarial con otros ojos.

Este viaje ha sido mágico, por eso, me atrevo a decir que esta aventura ha sido más que una experiencia religiosa.