Fran Belín

Opinión

Tierras baldías, ¿culpa del cambio climático, así en abstracto?

Periodista

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En un anterior artículo me centraba en que para defender el medio ambiente no hay que estar esperando grandes decisiones y acciones y, visto lo visto de ciertas muestras de los países más desarrollados, me animo de nuevo a hincar el diente a este capítulo desde otra óptica.

Conversaba hace bien poco con la viticultura palmera Victoria Torres para un artículo en la plataforma huleymantel.com y, ciñéndonos a la agricultura, se mostraba realmente preocupada por lo que ella está palpando desde hace años en el día a día del campo, concretamente en La Palma. Subrayaba que puede que en la ciudad no se note tanto los síntomas del cambio climático pero que en el campo no hay duda de que se están manifestando fenómenos que inciden en la actividad y, por tanto, en la economía del sector primario.

Vicky Torres, que ya saben que a partir de su intervención en un vídeo navideño ha impactado en la gran audiencia por su mensaje de esperanza, reitera su predisposición a continuar luchando por la tierra, a unir fuerzas para sacar adelante una forma de entender la vida que depende directamente de lo que los agricultores-as desarrollen en cada momento histórico. Ahora el volcán y la sequía, según Torres, exigen desafíos pero también estrategias muy meticulosas para no sólo sacar adelante el presente sino garantizar el futuro con una planificación acorde con lo que exige cada comarca y cada subsector.

A pesar de esa llamada a ‘resistir’ y a defender la tierra, la viticultura lanza también un interrogante que debe hacer reflexionar no sólo a las administraciones que nos administran sino a toda la sociedad canaria, a la humanidad en definitiva:  ¿algunos de estos trabajos y formas de ganar la vida son estables? ¿hemos trabajado para que sean estables? ¿Hemos trabajado como sociedad para que lo sean?

Parte de la respuesta la ofrece la propia Vicky Torres circunscribiéndose, en principio, al pueblo de Fuencaliente. “Todo este patrimonio intangible lo solventan, hoy en día, personas octogenarias; no hay recambio con jóvenes que aporten fuerza, potencia a los cambios a los que hay que enfrentarse si pretendemos que la actividad de la viticultura y el vino sean estables. Yo, particularmente, puedo hablar de que no tengo ninguna estabilidad”.

Es por lo que a la sostenibilidad medioambiental, a la que siempre asociamos tierra, paisajes, cuidado del agua,… debemos sumar la económica y la solidaria. La planificación a la que aludía unos párrafos antes se antoja hoy, más que nunca, un instrumento fundamental para “localizar” las fuerzas y las debilidades de cada aspecto de nuestras vidas. No vayamos a caer en nimiedades o banalidades en cuanto a pensar en lo que muchas veces se convierte en estereotipos digamos que aceptados. La agricultura, la ganadería, la pesca son frentes laborales de gran exigencia, mantenidos por personas muy sacrificadas.

Ahí dejamos los perfiles, sin más, y, sin embargo, no vamos allá pues estamos abastecidos y no nos falta en nuestro plato las hortalizas, el pescado, la carne, los quesos que nos proporcionan personas de carne y hueso.

Sí. De carne y hueso. Que se levantan al alba para acudir al terruño a ver cómo se está dando la cosecha; que observan cómo está la mar para faenar o que no saben de descanso porque hay que ordeñar las cabezas de ganado.

Esas personas (pienso que hay mucho olvido con ellos) son vecinos nuestros. Tienen que afrontar la hipoteca de su casa, la mensualidad del coche, la cuota del colegio o las universidades de sus hijos-as,… ¿De Perogrullo lo que digo? No crean que tanto.

A examinar la etiqueta

No sólo habría que valorar en su justa medida estas actividades económicas –apostar absolutamente por el producto local, el de cercanía- sino insistir con la economía circular mirando con lupa las etiquetas en los lineales de los supermercados, en los mercados. ¿Vida de prisas? Si vamos al anaquel y nos vamos con un queso de nuestra isla, de nuestras islas, ya sabremos a dónde acudir a la próxima. Eso, verán, lo considero sostenibilidad.

“No tengo la suficiente estabilidad”, asevera con argumentos Vicky Torres, la mujer que ha contribuido a que el anuncio dirigido por Icíar Bollaín y protagonizado por Karra Elejalde –también por ella, por supuesto- se haya hecho viral. Es que una cosa es el impacto televisivo y en youtube y otra volverse a levantar al día siguiente y comprobar que el cambio climático sigue extendiendo sus perniciosos filamentos.

Sostenibilidad son pequeños detalles

Particulares, colectivos, grupales y de la sociedad alunísono. Sin fisuras. En cambio, si no actuamos en consecuencia los hombres y mujeres que nos proporcionan los cereales, los vinos, los quesos, la pesca, la carne,.. terminarán rindiéndose.

Ahí delante de nuestros ojos se presentarán los terrenos baldíos, inútiles, sin simiente. ¿De quién será la culpa? Posiblemente de nadie y de todos. Del cambio climático, dicho así de forma inconcreta y abstracta para quedarnos conformes. Sumemos y al igual que si todos nos afanamos en reciclar hagamos lo propio en actuar, en la medida de nuestras posibilidades y opciones, para la “recirculación” de nuestra vida y la oxigenación de la tierra que pisamos y el aire que respiramos. Para el presente y futuras generaciones.

Unión para afianzar la viticultura regenerativa

También en uno de mis artículos escribí acerca de ello y quiero citar, por ejemplo, a Familia Torres, verdadera avanzada en la planificación medioambiental en sus viñedos y bodegas, perseverando desde hace varias décadas en su lucha contra el cambio climático.

Precisamente hace unas semanas, esta firma, de las más señeras del planeta, ha creado junto a Clos Mogador, Can Feixes y Jean Leon, además de la consultora agrícola AgroAssessor, la Asociación de Viticultura Regenerativa que está dispuesta a promover un cambio de paradigma en los viñedos de España.

Luchar contra el cambio climático y al mismo tiempo regenerar los suelos, frenar la erosión y fomentar la biodiversidad es, ni más ni menos, el objetivo principal de esta asociación que se constituyó hace unas semanas en Barcelona y que quiere convertirse en un punto de encuentro para compartir información, conocimientos y experiencias en torno al manejo holístico y la agricultura regenerativa.

También una intención clara: sumar a otros viticultores, agricultores, bodegueros, formadores, investigadores o empresas a esta causa de expandir este modelo agrícola basado en el ciclo del carbono y el único que se postula como solución para frenar el calentamiento global.

Recuperar la vida

Cabe destacar que la viticultura regenerativa es, en definitiva, un modelo centrado en insistir en la vitalidad de los suelos imitando la naturaleza. Cuanto más vivos son los suelos, más capacidad tienen de capturar el CO2 atmosférico y más pueden contribuir a frenar el aumento de las temperaturas.

A su vez, la acumulación de carbono orgánico en el suelo de los viñedos ayudará a mejorar la salud de estos terruños, incrementará su resiliencia a la erosión y su capacidad para hacer frente a la sequía, ya que retendrán mejor el agua, y favorecerá la biodiversidad, creando un ecosistema equilibrado y beneficioso para el viñedo y el planeta.

El presidente de la asociación, Miguel Torres, quinta generación de Familia Torres, indica que “queremos divulgar y compartir conocimientos y experiencias; hay que dejar de lado ciertos miedos y aprendizajes culturales y animarse a emprender el camino hacia la regenerativa para convertir los viñedos en grandes sumideros de carbono, ya que este es el único modelo vitícola que tiene sentido en el contexto actual”.

Para solicitar información o darse de alta como miembro de la asociación, puede hacerse a través del formulario de contacto de la web www.viticulturaregenerativa.org

*Como en cada artículo, culmino con llamadas o datos llamativos que he podido ‘capturar’ en redes sociales o internet.

Cocina 'limpia'. En el año 2010, el 57% de la población mundial utilizaba combustibles y tecnologías no contaminantes para cocinar, cifra que ha aumentado hasta el 66% en el 2019.

Alimentos que van a la basura. El 14% de los alimentos que producimos se pierde entre la recolección y la venta. Nuestros sistemas alimentarios no pueden ser resilientes si no son sostenibles. El desperdicio de alimentos lleva aparejado el desaprovechamiento de los recursos utilizados para su producción: el agua, la tierra, la energía, la mano de obra y el capital.

(Fuente: “El Español”)

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