Después de 120 años endulzando la vida de varias generaciones de grancanarios, la Dulcería Parrilla bajará este martes la persiana de su histórico local de Triana.
Lo hará obligada por la ejecución de una sentencia judicial derivada de la denuncia presentada por un vecino, un desenlace que pone fin, al menos por ahora, a más de un siglo de actividad ininterrumpida en uno de los comercios más emblemáticos de Las Palmas de Gran Canaria. Pero la empresa insiste en que no se trata de un adiós.
"Un hasta luego"
En un vídeo difundido este lunes a través de sus redes sociales, una de las responsables del negocio comunica con emoción la decisión, explica las circunstancias que han llevado al cierre y lanza un mensaje de esperanza a su clientela.
“No es un adiós, es un hasta luego”, afirma, dejando claro que la intención de la familia es volver a abrir una vez pueda afrontar una nueva etapa con un establecimiento renovado y adaptado a las nuevas circunstancias.
Golpe al patrimonio comercial
El cierre llega después de que un juzgado fallara a favor de un vecino que denunció la actividad del establecimiento. Como consecuencia de esa resolución, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria se ha visto obligado a solicitar la ejecución de la sentencia, una actuación administrativa que desemboca en el cese de la actividad del histórico negocio.
La noticia supone un duro golpe para el patrimonio comercial de la capital grancanaria. Fundada hace 120 años, Dulcería Parrilla ha sobrevivido a guerras, crisis económicas, cambios sociales y profundas transformaciones urbanísticas, convirtiéndose en uno de esos comercios cuya historia se confunde con la de la propia ciudad.
La tristeza de cerrar
Su mostrador, sus dulces tradicionales y su presencia en el corazón de Triana forman parte de la memoria colectiva de miles de familias que, generación tras generación, han convertido una visita a Parrilla en una tradición ligada a celebraciones, meriendas y fechas señaladas.
Precisamente por ello, el mensaje difundido por la empresa tiene un marcado componente emocional. Sus responsables agradecen el respaldo recibido durante todos estos años y reconocen la tristeza que supone verse obligados a cerrar las puertas de un local centenario. Sin embargo, también trasladan un mensaje de optimismo al asegurar que ya trabajan para regresar con una imagen renovada y una nueva etapa empresarial.
Protección de los comercios históricos
El caso vuelve a abrir el debate sobre la protección de los comercios históricos de Las Palmas de Gran Canaria, especialmente aquellos que forman parte de la identidad urbana de barrios como Triana o Vegueta. En los últimos años, varios establecimientos con décadas de historia han desaparecido por jubilaciones, cambios en el mercado, el incremento de los costes o conflictos urbanísticos y administrativos.
Atlántico Hoy publicaba recientemente un reportaje sobre las herramientas que otras ciudades españolas, como Zaragoza, han desarrollado para proteger su comercio histórico mediante figuras específicas que reconocen su valor patrimonial, cultural y social. El cierre de Parrilla vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de encontrar fórmulas que permitan preservar este tipo de negocios sin renunciar al cumplimiento de la legalidad.
Porque la historia de la Dulcería Parrilla no termina este martes. Al menos, esa es la voluntad de una empresa que, después de verse obligada a bajar la persiana por mandato judicial, asegura que ya trabaja para volver. No como un recuerdo del pasado, sino como un negocio renovado dispuesto a seguir escribiendo una historia que comenzó hace más de un siglo.