La Pastelería Parrilla deja Triana tras 120 años y comienza una nueva vida en Tomás Miller. / AH
La Pastelería Parrilla deja Triana tras 120 años y comienza una nueva vida en Tomás Miller. / AH

La Pastelería Parrilla deja Triana tras 120 años y comienza una nueva vida en Tomás Miller

El histórico negocio, abierto en 1906, se traslada a Puerto-Canteras después de que el juzgado revocara la cautelar que permitió su reapertura durante unos días

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Martín Alonso

La historia de la Pastelería Parrilla continúa, pero ya no en Triana. Después de 120 años vinculada a uno de los principales barrios comerciales de Las Palmas de Gran Canaria, la familia ha trasladado el negocio a Tomás Miller, 21, a pocos metros del CEIP Santa Catalina. Los dulces siguen siendo los de siempre. Lo que ha cambiado es el lugar desde el que Elena Parrilla y su equipo intentan garantizar que una historia iniciada en 1906 pueda seguir sumando años.

La nueva pastelería ya está abierta. Detrás de esa frase sencilla quedan varias semanas especialmente complicadas para Elena Parrilla y los seis trabajadores que forman el equipo del establecimiento. Una orden de cierre, una medida cautelar que permitió recuperar temporalmente la actividad, la posterior revocación de esa decisión judicial y, finalmente, una mudanza para evitar que un problema con el local terminara convirtiéndose en el punto final de un negocio familiar centenario.

El desenlace deja además una pequeña alteración en el mapa sentimental y comercial de Las Palmas de Gran Canaria. Triana pierde uno de sus establecimientos históricos. Puerto-Canteras gana una pastelería que llega con 120 años de historia a sus espaldas.

De 1906 a 2026

Parrilla pertenece a una generación de establecimientos que comenzó a trabajar cuando la ciudad, sus calles y hasta las normas que regulaban la actividad comercial eran muy diferentes de las actuales.

La pastelería abrió en 1906, más de medio siglo antes de que comenzara a exigirse en 1961 la licencia de apertura que décadas después terminaría teniendo un papel fundamental en los problemas burocráticos del establecimiento. Durante las décadas siguientes, ninguna administración pública resolvió esa situación heredada.

El problema terminó aflorando más de un siglo después.

El viernes 26 de junio, Parrilla recibió la resolución del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria que obligaba al cierre del obrador después de la denuncia por ruidos presentada por el propietario de una vivienda situada sobre el establecimiento. La decisión municipal incorporó además una circunstancia que sorprendió a la familia: no solo impedía continuar con la elaboración de los productos, sino también mantener abierto el punto de venta.

La persiana tuvo que bajar.

Una reapertura que duró poco

Cuando todo parecía encaminado al cierre, el juzgado concedió el 1 de julio una medida cautelar provisional contra la resolución municipal. Aquella decisión permitió a Parrilla recuperar la actividad y a sus trabajadores regresar al obrador.

Elena Parrilla lo interpretó entonces como una oportunidad para encontrar una solución después de visitar otros obradores y estudiar una alternativa planteada por una técnica municipal que habría permitido adaptar las instalaciones.

La solución pasaba por una transformación importante: reducir el obrador de aproximadamente 500 a 250 metros cuadrados y trabajar con un horno eléctrico de diez caballos de potencia.

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Local, en el 21 de Tomás Miller, donde se ubica Parrilla. / AH

Cautelar revocada

Era una forma de intentar que una actividad iniciada en 1906 pudiera acomodarse a las exigencias de 2026. Pero aquella tregua judicial fue breve. El juzgado revocó pocos días después la cautelar provisional que había permitido la reapertura y el escenario volvió a cambiar.

Elena Parrilla tuvo entonces que elegir entre continuar una batalla de resultado incierto o buscar otro lugar para preservar lo verdaderamente importante: el negocio. Eligió lo segundo.

De Triana a Tomás Miller

La solución apareció a unos kilómetros de distancia y dentro de la misma ciudad. Parrilla se ha instalado en el número 21 de la calle Tomás Miller, en la zona de Puerto-Canteras y a pocos metros del CEIP Santa Catalina. Allí ha comenzado una etapa diferente, pero con los mismos pasteles y una novedad: servirá café.

El cambio supone mucho más que trasladarse físicamente. Para cualquier comercio con décadas de trayectoria, la ubicación termina formando parte de su propia identidad. Cuando esa vinculación alcanza los 120 años, separar el nombre del negocio del lugar donde creció resulta todavía más complicado.

Pero la alternativa era mucho peor. La marcha deja una ausencia en Triana, pero Parrilla ha cambiado de dirección para poder conservar todo lo demás.

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