En los locales de la Plaza de la Música, junto al Auditorio Alfredo Kraus, Manuel Benítez, presidente de la batucada Piratas del Caribe, ha iniciado un encierro indefinido y una huelga de hambre tras recibir la orden de desalojo voluntario por parte del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.
"No me voy"
Benítez deja claro que la medida de presión no cesará hasta que el consistorio capitalino ofrezca una solución para la actividad cultural que representa. "De aquí no me voy hasta que me den otro local", sentencia el dirigente, que ve en esta orden de desahucio un ataque a una de las entidades que participa desde hace décadas en el Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria.
El conflicto surge tras la decisión municipal de recuperar los locales situados en el entorno de la plaza. La iniciativa también afecta a otras agrupaciones como la Parranda Guanarteme y la asociación de Capoeira. Según las notificaciones entregadas, estos colectivos disponen de un plazo de diez días para abandonar las instalaciones de forma voluntaria.
Escalada de un conflicto
El encierro de Benítez es la respuesta más drástica hasta la fecha en un proceso que comenzó a finales de 2025. Los afectados denuncian que el Ayuntamiento pretende desalojarlos sin ofrecer un espacio alternativo donde guardar sus instrumentos y continuar con sus ensayos o entrenamientos.
El club de capoeira ha optado por no oponerse al desalojo, pero reclama más tiempo para encontrar una nueva sede, mientras que Pirata del Caribe sí que se niega a marcharse.
Argumentos
La agrupación sostiene que montaron el local con los presupuestos participativos, que tienen un contrato de entrega de llaves, que llevan más de una década en la Plaza de la Música y que hay más locales municipales ocupados por entidades, las cuales no han recibido notificaciones de desahucio, como un club privado de fútbol y la asociación de mayores de Guanarteme.
El Ayuntamiento, en cambio, apela a la falta de contrato o de título habilitante para ocupar un espacio privilegiado al lado del Auditorio Alfredo Kraus, sin desvelar el proyecto concreto más allá de abrir esos locales a una mayor participación ciudadana.
Reclamo de diálogo
A pesar de la orden administrativa, Benítez se mantiene firme tras los muros del local que ha sido el hogar de la batucada durante más de una década. El presidente espera que este gesto de extrema presión obligue a los responsables municipales a sentarse a negociar una reubicación real y efectiva.

Asegura que durante la mañana de este lunes ha habido un acercamiento, pero se niega a levantar la huelga de hambre hasta que lo hablado se plasme en un cuerdo. "De aquí no nos vamos hasta que nos den otro local para guardar los instrumentos y ensayar", insiste. El cuartel Manuel Lois, que alberga buena parte de la infraestructura del Carnaval, podría ser una solución.
Mientras tanto, la Plaza de la Música se convierte en el epicentro de una protesta que pone de manifiesto la difícil convivencia entre los planes de renovación urbana y la permanencia de las entidades culturales de base en la capital grancanaria.
Actos del Carnaval
Benítez ha colocado cartulinas de colores chillones en la sede de Piratas del Caribe, con la finalidad de escenificar el conflicto y aclarar que no son unos "okupas". El presidente tiene el apoyo de todo el colectivo, cuya veintena de miembros se debate entre participar o no en los actos del Carnaval.
Él, por el momento, está dispuesto a pasar hambre y hacer noche en el local para asegurarse que nadie los echa con nocturnidad y alevosía.