Elena Marrero Betancor, comisaria y gestora cultural independiente, y Dácil Bueno, creativa y directora de arte, son dos ejemplos de resistencia cultural en Las Palmas de Gran Canaria, una ciudad que se vuelve dormitorio y pierde su identidad por la presión del turismo.
Hace un año, Marrero puso en marcha El Palmeral, una pequeña galería de arte que se complementa con Isla de Papel, el centro de impresión y estudio creativo de Bueno, heredero de la antigua Foto Arte. Ambos negocios estaban teniendo buena acogida entre los artistas locales y el vecindario de El Terrero, en el barrio de Triana, hasta que el vecino de siempre las acusó de organizar fiestas y las denunció por ruidos al Ayuntamiento, que ha ordenado el cierre de El Palmeral.
La Policía Local no ha podido corroborar las supuestas escandaleras porque no existen, pero la presión ejercida por ese único vecino ha motivado el cierre forzoso de la galería y la indefensión administrativa de las afectadas.
En esta entrevista, Elena Marrero y Dácil Bueno explican la historia detrás de ese conflicto vecinal, que tachan de acoso debido a las grabaciones y las fotografías a las que se han visto sometidas.
[Pregunta] Una cafetería de Triana echó el otro día a una clienta habitual para hacerle hueco a los guiris porque era la hora del lunch. ¿Qué le está pasando a Las Palmas de Gran Canaria?
[Elena Marrero] Que está volviendo una ciudad dormitorio. Estamos degenerando o desvirtuando la cultura. Nos estamos olvidando de ella y de nuestra gente, que es lo fácil. Los vecinos trabajamos aquí y nos gusta que haya buen ambiente y seguridad, pero es vital que nuestra gente ocupe los espacios expositivos. El turismo no debería ser nuestra única fuente de ingresos. Lo importante es que la gente que vive aquí viva bien.
[Dácil Bueno] No sólo trabajamos, no sólo vivimos del turismo. Olvidarnos de la cultura es olvidarnos también de la gente, de los vecinos que viven aquí.
¿Es para tanto el ruido?
[Dácil Bueno] Una ciudad tiene ruidos, pero me preocupa más el ruido de la basura a las doce de la noche, y no el de un espacio cultural al que la gente viene en petit comité. Hablamos de una cafetería con horario razonable o una galería donde se disfruta sin hacer fiestas.
¿Qué problema han tenido con el centro cultural?
[Dácil Bueno] En las inauguraciones de las exposiciones, la gente viene a apoyar a los artistas y eso a un vecino le ha causado molestias y nos ha denunciado al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. El problema real es que no tenemos recursos económicos para defendernos judicialmente de forma constante. La cultura y el arte no dan para pagar juicios o abogados durante mucho tiempo, así que hemos tenido que cerrar.
[Elena Marrero] Sí, aunque ganemos el pleito, nos podría volver a denunciar y esto sería un sinvivir. Además, estoy embarazada, y en mi estado no es eso lo que me apetece.
¿La orden municipal de cierre entonces es por ruido?
[Dácil Bueno] La policía ha venido en dos ocasiones y no ha podido corroborar las alegaciones del vecino. Así lo recoge el informe que está en el expediente administrativo, pero él se queja y muestra imágenes de los momentos puntuales de las inauguraciones.
[Elena Marrero] Sí, para mantener abierta la galería tendríamos que meternos en obras y en procesos administrativos que no podemos asumir económicamente. Es un espacio muy pequeño, de apenas 30 metros cuadrados.
¿Pero ustedes hacen fiestas allí?
[Elena Marrero] No, esto es una galería de arte. El vecino nos amenaza porque hay gente en el callejón, gente de la cultura que entra y sale de la galería.
[Dácil Bueno] Hasta la Policía Nacional nos dice que el callejón ahora está mejor, que ya no se trapichea con droga ni se bebe. Nuestro horario es razonable, hasta las 20:00 o 20:30 horas, y los cambios de exposición son cada mes y medio o dos meses. Creemos que es algo personal del vecino.
¿Se sienten acosadas o perseguidas?
[Elena Marrero] Sí, por supuesto. Nos graba y saca fotografías, incluso cuando hablamos por teléfono o hacemos presentaciones de fotolibros. Estamos siempre en tensión, mirando fuera a ver si viene la policía. Es desmotivador y desgasta mucho, sobre todo estando yo embarazada.
¿Cómo es la relación con el resto de la comunidad de vecinos?
[Dácil Bueno] Los demás vecinos son súper cariñosos, nos hablan bien y nos cuidamos entre todos. Nos extraña esta actitud de una sola persona que molesta al resto. Hay vecinos que nos preguntan qué pueden hacer para apoyar la cultura porque no les parece bien lo que ocurre.
¿Cúando abrieron?
[Elena Marrero] Hace un año, con una exposición colectiva de Carolina Hernández, Zhana Yordanova y Yasmina Pérez, que inauguraron el espacio. También hemos vendido obras de artistas como Ana Beltrá o Miguel Panadero, y le hemos dado visibilidad a otros creadores emergentes o menos conocidos. En total hemos hecho seis exposiciones.
¿Han tenido apoyo institucional?
[Elena Marrero] El apoyo público a espacios privados es muy escaso. Me conocen en el Ayuntamiento, en el Cabildo y en el Gobierno de Canarias, pero no ha habido movimiento por su parte. Casi no quedan galerías en Las Palmas, solo Saro León y poco más. El sector de las artes visuales es muy complejo. Canarias tuvo una época muy buena entre los años 30 y 60, pero se ha dejado de invertir en arte. Quería aportar mi experiencia y ayudar para que la ciudad no se muera artísticamente, pero no ha sido posible.
[Dácil Bueno] Los autónomos estamos solos. Te arriesgas e inviertes en un negocio, pero te lo cierran por la denuncia de un vecino que es escritor y se supone que debería apoyar la cultura.
¿Por qué son necesarios estos espacios?
[Elena Marrero] Porque los espacios públicos como el CAAM o La Regenta no ofrecen una venta real para el artista. Los artistas necesitan promoción privada para avanzar. Además, estos sitios atraen un turismo de calidad que no es solo el de bar; es gente que quiere desayunar bien, ver arte y leer.
¿Qué pasará ahora con el proyecto?
[Elena Marrero] Es una pena porque cuesta mucho montar un espacio y los alquileres están por las nubes, la ciudad se está volviendo prohibitiva. Se pierde el vínculo con Isla de Papel, una alianza que era perfecta porque creábamos sinergias y nos dábamos clientes mutuamente. Seguiré con el proyecto desde otro punto de vista, pero buscar otro espacio ahora será muy complicado. Los alquileres están muy caros.
¿Llegaron a intentar hablar con este vecino?
[Elena Marrero] Al principio ni sabíamos quién era. Cuando abrimos invitamos a todos los vecinos a la inauguración, incluso envié una circular a la asociación de vecinos El Terrero, que está aquí al lado. Cuando vino a hablar con nosotros, fuimos muy amistosos y le invitamos a que viniera con su familia a conocer el espacio, pero no ha servido de nada.