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Donald Trump y Mohamed VI, aliados cerca de Canarias. / EFE

Canarias ante el Gran Marruecos: el pulso soberanista en el nuevo desorden global

Las aspiraciones marroquíes sobre el Atlántico, el Sáhara y las fronteras sensibles sitúan al Archipiélago en el centro de un escenario global cada vez más inestable

Hace justo una semana Donald Trump dio la orden de capturar a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, y con esa decisión —por si aún quedaba alguna duda— el tablero geopolítico por el que nos movemos como piezas minúsculas saltó por los aires. El orden establecido, primero tras la II Guerra Mundial —con dos grandes bloques bien definidos a ambos lados del Telón de Acero— y después tras la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento de la URSS, desapareció del mapa al mismo tiempo que los soldados de la Delta Force asaltaban a tiros el Palacio de Miraflores en Caracas.

La acción militar estadounidense y las declaraciones posteriores de Trump y su Administración sobre sus planes en Venezuela y Groenlandia no dejan lugar a la duda. En una entrevista en The New York Times, el presidente de Estados Unidos afirma que el límite es su propia moral —detalle que no puede invitar al optimismo—; considera que el derecho internacional es un obstáculo que desestima y desprecia; califica las normas posteriores a la II Guerra Mundial como cargas innecesarias; piensa que la OTAN es esencialmente inútil sin EEUU —y admite que podría tener que elegir entre preservar la Alianza Atlántica u obtener Groenlandia—; y sostiene que la fuerza nacional —y no las leyes o tratados internacionales— debe ser el factor decisivo entre potencias.

En ese nuevo escenario que plantea Trump, una especie de selva en la que impera la ley del más fuerte, ahora cabe cualquier movimiento militar. La diplomacía, la geopolítica o los tratados internacionales son papel mojado. Groenlandia puede pasar a manos de Estados Unidos en 20 días; a la OTAN empieza a ponérsele cara de viejo fantasma de la Guerra Fría; cualquier república báltica puede volver a estar bajo control de Moscú; Taiwán tiembla frente a cada movimiento de China. Todo puede pasar en cualquier punto del planeta. Incluso aquí al lado. Sobre todo si la Alianza Atlántica se rompe y Marruecos, aliado en el Magreb de Trump e Israel, decide tomar por la fuerza —a imagen y semejanza de sus socios— lo que considera que le pertenece para dar forma al Gran Marruecos: Ceuta, Melilla, parte de Argelia y Canarias.

Gran Marruecos

Durante décadas, la idea del Gran Marruecos fue relegada en España al terreno del folclore ideológico: mapas maximalistas, discursos identitarios y reivindicaciones históricas sin traducción práctica inmediata. Sin embargo, ese imaginario nunca desapareció. Persistió en determinados círculos nacionalistas, académicos y mediáticos marroquíes que, de forma recurrente, incluyen a Canarias junto a Ceuta y Melilla dentro de un espacio considerado “natural” para la proyección soberana de Rabat.

Marruecos inauguró hace unos meses una fábrica de drones suicidas a menos de 100 kilómetros de Canarias. / AH

No es una posición oficial formulada en tratados ni comunicados diplomáticos, pero sí una corriente de pensamiento constante, útil para preparar el terreno político y simbólico. Y hoy, a diferencia de hace veinte o treinta años, el contexto internacional le otorga una nueva relevancia.

La captura de Maduro por orden de Donald Trump marca ahora un punto de inflexión. Más allá del caso venezolano, el mensaje fue inequívoco: el derecho internacional deja de ser un límite infranqueable y la fuerza vuelve a ocupar un lugar central en la resolución de conflictos. En ese mundo, las potencias regionales observan, aprenden y ajustan sus estrategias. Marruecos no es una excepción.

Canarias en los mapas

Desde los años sesenta, distintas corrientes del nacionalismo marroquí han defendido que el proceso de descolonización dejó a Marruecos “incompleto”. En ese relato aparecen siempre Ceuta y Melilla, pero en versiones más expansivas —nunca abandonadas del todo— Canarias figura como parte del espacio atlántico vinculado históricamente a Rabat.

Durante años, estos planteamientos circularon en publicaciones afines al régimen, foros doctrinales y medios cercanos a la narrativa oficial. Entre ellos destaca Atalayar, revista española financiada por Marruecos que defiende de forma sistemática las tesis jurídicas y políticas del Reino alauí. España observó estas posiciones como ruido ideológico. Hoy, ese ruido convive con una arquitectura jurídica y diplomática mucho más concreta.

Ceuta y Melilla: el precedente

El caso de Ceuta y Melilla es el mejor ejemplo de cómo Marruecos gestiona sus aspiraciones. Rabat no ha renunciado nunca a su reivindicación sobre ambas ciudades. La ha dosificado en el tiempo mediante presión política, episodios de tensión controlada, cierres fronterizos y discursos periódicos que refuerzan la idea de “territorios pendientes”.

Un submarino nuclear francés participó en unas maniobras navales de Marruecos cerca de Canarias. / EFE

Ese precedente importa en Canarias porque demuestra que no es necesaria una confrontación militar directa para avanzar. Basta con erosionar el marco existente, ganar legitimidad internacional y aprovechar momentos de debilidad del sistema global. En un mundo más duro y menos reglado, esa estrategia gana eficacia.

Resolución 2797 y el Sáhara

En este contexto, la Resolución 2797 (2025) del Consejo de Seguridad de la ONU, que renueva el mandato de la MINURSO, ha sido interpretada por Marruecos como un respaldo indirecto a su marco político sobre el Sáhara Occidental. Aunque la ONU sigue hablando de una solución política mutuamente aceptable, Rabat utiliza cada renovación como un elemento más para consolidar su soberanía de facto en las denominadas provincias del sur.

Para Canarias, el Sáhara no es un asunto distante. Es la llave que abre el Atlántico. Si Marruecos consolida su posición sobre el territorio y las aguas adyacentes, gana fuerza para proyectar su doctrina jurídica hacia el norte, directamente frente al Archipiélago.

La delimitación marítima

La delimitación marítima entre España y Marruecos sigue sin cerrarse jurídicamente. En la práctica, se opera desde hace décadas con una mediana provisional entre Fuerteventura y Tarfaya, nunca reconocida por Rabat. Marruecos sostiene que la línea media no puede aplicarse de forma automática cuando se enfrenta una costa continental extensa con un archipiélago.

El ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Naser Burita. / EFE-Mohamed Siali

Esta tesis quedó reforzada con la aprobación en 2020 de las leyes 37-17 y 38-17, mediante las cuales Marruecos redefine su ordenación marítima y proyecta su Zona Económica Exclusiva frente a todas sus costas, incluyendo las del Sáhara Occidental. Desde esta óptica, defendida con insistencia en medios y foros afines, la delimitación con Canarias debe basarse en la equidad, no en una división geométrica.

Para el Archipiélago, el impacto es directo: zonas de pesca, ecosistemas sensibles, eventuales prospecciones y la propia definición de la ZEE canaria-española dependen de dónde se trace esa línea.

Monte Tropic: geología y geopolítica

La tensión técnica y diplomática se amplifica con el Monte Tropic, un volcán submarino rico en telurio y cobalto situado en un área donde podrían solaparse las plataformas continentales de España y Marruecos. Su explotación no es viable hoy, pero su valor estratégico a largo plazo es indiscutible en un mundo que compite por minerales críticos.

¿Canarias o Marruecos: de quién es el Monte Tropic diez años después? / AH

Marruecos apela al artículo 83.3 de la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar para promover acuerdos provisionales y fórmulas de desarrollo conjunto en zonas en disputa. Para Canarias, este planteamiento encierra una paradoja: puede reducir tensiones futuras, pero también normaliza la idea de que el espacio submarino canario es negociable.

Plataforma continental

España presentó hace una década su solicitud para extender la plataforma continental canaria hasta las 350 millas. Marruecos respondió con objeciones y con su propia documentación. El solapamiento persiste y la Comisión de Límites de la Plataforma Continental solo emite recomendaciones cuando los Estados presentan posiciones compatibles.

Desde Rabat se plantea una coordinación técnica para evitar informes contradictorios. Traducido al terreno político, esto significa que la extensión efectiva de los derechos soberanos españoles frente a Canarias depende de una negociación bilateral compleja, en la que el Archipiélago no tiene asiento propio.

Espacio aéreo del Sáhara

Otro eje clave es el control del espacio aéreo sobre el Sáhara Occidental, actualmente coordinado desde el centro de control de Enaire en Gran Canaria. Marruecos defiende que ese control debe transitar progresivamente hacia una gestión íntegramente marroquí, apoyándose en su consolidación sobre el territorio sahariano.

Para Canarias, el impacto sería profundo. Gran Canaria gestiona una FIR estratégica para las rutas entre Europa, África Occidental y América Latina. Cualquier modificación del esquema actual afecta a seguridad aérea, tráfico intercontinental y al peso estratégico del Archipiélago como nodo atlántico.

Canarias, sin voz formal

La Hoja de Ruta bilateral de 2022, impulsada por el Gobierno de Pedro Sánchez tras su acercamiento a Mohamed VI, reactivó los grupos de trabajo sobre todas estas materias. Desde entonces, Marruecos ha consolidado un discurso coherente: soberanía sobre el Sáhara, equidad marítima y cooperación solo cuando hay

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, saluda al rey Mohamed VI, durante un encuentro mantenido en Rabat. / BORJA PUIG DE LA BELLACASA-EFE

Canarias no es un actor formal en la mesa, pero sí el territorio directamente afectado. En la última cumbre bilateral entre ambos países, no estuvo presente pese a formar parte de la Agenda Canaria que el PSOE firmó con Coalición Canaria a cambio del apoyo del grupo nacionalista a la investidura de Sánchez como presidente. Cada línea marítima, cada competencia aérea, cada decisión técnica define el marco estratégico del Archipiélago para las próximas décadas.

Riesgo real: no la invasión; la erosión

La pregunta no es si Marruecos planea una acción militar sobre Canarias. Ese escenario no existe hoy. El riesgo real es otro: la erosión progresiva de soberanía, competencia a competencia, espacio a espacio, en un mundo donde el orden internacional ya no ofrece las mismas garantías.

En la era del hecho consumado, las ideas vuelven a importar. El Gran Marruecos no es solo un mapa ideológico: es un marco mental que acompaña una estrategia técnica, jurídica y diplomática. Y cuando el contexto global acompaña, los marcos mentales acaban dibujando realidades políticas.

Canarias ya no es periferia. Es frontera avanzada. Y las fronteras, cuando el mundo se endurece, siempre acaban siendo puestas a prueba.