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Modelo anatómico que muestra el hígado, la vesícula biliar, el páncreas y el bazo / FREEPIK
Modelo anatómico que muestra el hígado, la vesícula biliar, el páncreas y el bazo / FREEPIK

Los cálculos en la vesícula: cuando dejar pasar el tiempo puede convertirse en un riesgo

En el momento en el que los cálculos en la vesícula biliar empiezan a dar señales o ya han sido diagnosticados, los especialistas recomiendan actuar a tiempo para evitar complicaciones graves y cirugías de urgencia

Fernando Baquero

Los cálculos en la vesícula son una de las patologías digestivas más habituales. Aunque muchas personas pueden convivir con ellos durante años sin notar ningún síntoma, los especialistas advierten de que no siempre permanecen inofensivos. Cuando empiezan a provocar molestias o ya han sido diagnosticados, retrasar su tratamiento puede aumentar el riesgo de sufrir complicaciones que, en algunos casos, terminan requiriendo una cirugía de urgencia.

La presencia de cálculos en la vesícula biliar, conocida médicamente como colelitiasis, afecta a una parte importante de la población adulta. En numerosos casos se detecta de forma casual durante una ecografía realizada por otro motivo. Sin embargo, el hecho de que no produzcan síntomas inicialmente no significa que deban ignorarse.

La colecistectomía laparoscópica, técnica que permite extirpar la vesícula a través de pequeñas incisiones, se ha convertido en el tratamiento de referencia para los pacientes que presentan síntomas o desarrollan complicaciones derivadas de esta enfermedad. Se trata de una intervención segura, ampliamente consolidada y con una recuperación generalmente rápida.

Normalizar el dolor

"Muchas personas conviven durante años con pequeñas molestias digestivas y terminan normalizándolas", explica el doctor Hermógenes Díaz, jefe de Cirugía General y Digestiva del Hospital Quirónsalud Tenerife. "Lo que vemos con frecuencia en consulta es que el paciente se acostumbra al dolor después de determinadas comidas y retrasa la valoración médica. Sin embargo, cuando la vesícula empieza a manifestarse con síntomas, ya nos está indicando que existe un problema que puede evolucionar hacia complicaciones potencialmente graves", añade.

El especialista señala que una de las dificultades es que los primeros síntomas suelen confundirse con digestiones pesadas o problemas gastrointestinales menores.

"Hay pacientes que llevan meses o incluso años sufriendo episodios recurrentes de dolor sin saber que la causa está en la vesícula. Cuando finalmente acuden al especialista y se realiza el estudio adecuado, descubrimos que los cálculos ya estaban presentes desde hacía tiempo", indica.

Las señales que no conviene ignorar

El síntoma más característico es el denominado cólico biliar, una crisis dolorosa que suele aparecer después de comidas copiosas o con un elevado contenido graso.

El dolor suele localizarse en la parte superior derecha del abdomen y puede irradiarse hacia la espalda o el hombro derecho. En ocasiones dura varias horas y puede ir acompañado de otros síntomas como náuseas, vómitos, sensación de plenitud abdominal o digestiones especialmente pesadas.

"El cólico biliar no es un simple dolor de estómago", reclaca el doctor Díaz. "Se trata de un dolor muy característico e intenso. Cuando aparece de forma repetida o se acompaña de náuseas, vómitos o fiebre, es fundamental acudir al especialista para valorar la situación cuanto antes".

Según el cirujano, existe una falsa sensación de seguridad cuando los síntomas desaparecen entre un episodio y otro.

"Muchos pacientes piensan que, como el dolor cede al cabo de unas horas, el problema se ha solucionado. Pero lo que realmente ocurre es que el cálculo deja de obstruir temporalmente la salida de la vesícula. La enfermedad sigue ahí y puede volver a manifestarse en cualquier momento".

Cuando el problema va más allá

Uno de los riesgos más frecuentes de retrasar el tratamiento es la aparición de una colecistitis aguda, una inflamación de la vesícula provocada por la obstrucción de la salida de la bilis.

Esta complicación suele cursar con dolor continuo, fiebre y un importante deterioro del estado general del paciente. Si el proceso inflamatorio avanza, puede producirse la destrucción progresiva de la pared vesicular, aumentando el riesgo de perforación y de infección abdominal generalizada.

"El principal error es pensar que, si el dolor desaparece, el problema también ha desaparecido", advierte el especialista. "Los cálculos continúan ahí y pueden provocar nuevas crisis o complicaciones más serias. Por eso insistimos tanto en no posponer una decisión terapéutica cuando existe una indicación clara de cirugía".

Además, cuando la inflamación lleva varios días de evolución, la operación se vuelve más compleja.

"Cuando intervenimos una vesícula muy inflamada, los tejidos están más frágiles y existe una mayor dificultad técnica. Siempre que sea posible preferimos actuar en un contexto programado, porque eso mejora las condiciones de la cirugía y reduce los riesgos para el paciente".

La temida pancreatitis

Más allá de la propia vesícula, los cálculos pueden afectar a otros órganos y provocar cuadros clínicos de especial gravedad.

Una de las complicaciones más temidas es la pancreatitis aguda de origen biliar, que se produce cuando un cálculo abandona la vesícula y bloquea el conducto pancreático.

Esta inflamación del páncreas puede requerir hospitalización durante varios días y, en los casos más severos, ingreso en una unidad de cuidados intensivos.

"La pancreatitis aguda de origen biliar es una de las complicaciones que más nos preocupa", afirma Díaz. "En algunos pacientes puede evolucionar de forma muy severa, requerir ingreso en cuidados intensivos e incluso dejar secuelas permanentes. Por eso es tan importante evitar que los cálculos migren fuera de la vesícula".

Otro riesgo importante es la colangitis, una infección de la vía biliar que aparece cuando los cálculos obstruyen el flujo normal de la bilis.

"La colangitis puede progresar rápidamente y convertirse en una infección grave. Cuando la obstrucción no se resuelve a tiempo, el paciente puede desarrollar una sepsis, una situación potencialmente mortal que requiere tratamiento urgente".

Una cirugía cada vez menos invasiva

La buena noticia es que la mayoría de estas complicaciones pueden evitarse mediante una intervención realizada a tiempo.

La cirugía laparoscópica permite extraer la vesícula mediante pequeñas incisiones por las que se introducen una cámara de alta definición y el instrumental quirúrgico necesario. Gracias a esta técnica, el procedimiento resulta mucho menos agresivo que la cirugía abierta tradicional.

"La cirugía laparoscópica ha supuesto un cambio radical en el tratamiento de las enfermedades de la vesícula", destaca el doctor Díaz. "Hoy podemos realizar intervenciones mucho menos agresivas para el paciente, con menos dolor, una recuperación más rápida y una reincorporación precoz a la vida cotidiana".

Además de reducir el dolor postoperatorio, esta técnica acorta la estancia hospitalaria, disminuye las complicaciones asociadas a la cirugía y favorece una recuperación más cómoda.

"La mayoría de los pacientes se sorprende de lo rápido que puede recuperarse. En muchos casos pueden caminar pocas horas después de la intervención y volver a sus actividades habituales en cuestión de días".

Vivir sin vesícula

Una de las dudas más frecuentes entre quienes deben someterse a una colecistectomía es cómo afectará la ausencia de la vesícula a su vida diaria.

Los especialistas recuerdan que se trata de un órgano que almacena bilis, pero que no es imprescindible para la digestión. Tras la cirugía, el hígado continúa produciéndola y el organismo se adapta progresivamente a la nueva situación.

"Se puede vivir perfectamente sin vesícula", asegura el doctor Díaz. "El hígado sigue realizando su función con normalidad y la inmensa mayoría de los pacientes recupera una calidad de vida completamente normal tras la intervención".

Para el especialista, el mensaje más importante sigue siendo el mismo: no esperar a que aparezcan las complicaciones.

"En medicina siempre es mejor prevenir que tratar las consecuencias de una enfermedad avanzada. Cuando actuamos a tiempo, la cirugía suele ser más sencilla, el riesgo es menor y la recuperación mucho más favorable. Esperar a que el problema desaparezca por sí solo rara vez es la mejor decisión cuando hablamos de cálculos en la vesícula", afirma para concluir.

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