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Correíllo La Palma en Santa Cruz de Tenerife|TERECOELLO-AH

El viejo Correíllo La Palma: medio siglo esperando su segunda vida en el mar

Un viejo vapor que Canarias se negó a perder, el Correíllo La Palma, sigue vivo gracias al empeño de marinos, voluntariado e instituciones que luchan por verlo de nuevo navegando

Hay barcos que son más que hierro y remaches, y el Correíllo La Palma es uno de ellos. Desde que en 1976 quedó amarrado por una avería en sus calderas y con el desguace como desenlace más probable, su historia se ha convertido en una larga lucha colectiva para que no desaparezca un símbolo de la memoria marítima de Canarias.​

Durante unas jornadas celebradas en la Escuela Náutica de Santa Cruz de Tenerife, Juan Pedro Morales, presidente de la Fundación Canaria Correíllo La Palma, expresó -no en tono épico, sino con la emoción contenida de quien lleva media vida peleando por lo mismo- la importancia y la responsabilidad de saber que "estamos en el camino correcto para ver al Correíllo La Palma de nuevo en la condición de buque navegando”.​

Del abandono al compromiso 

Durante su ponencia, recordó que, tras una década amarrado en Las Palmas, el barco llegó en 1986 a Santa Cruz de Tenerife a remolque del Tamarán y la ciudad lo recibió con una fiesta, con la ilusión de convertirlo en museo

“Pero esa ilusión tropezó pronto con la falta de apoyo, los cambios de criterio y el deterioro silencioso en el varadero, pese a la creación de un patronato insular que, con el tiempo, fue perdiendo implicados hasta quedar solo el Cabildo de Tenerife”, subrayó.​

Escuela de Náutica

El giro llegó en 1996, en una sala de la Escuela de Náutica, donde un grupo de capitanes de la Marina Mercante y profesionales del mar se reunió para decidir qué hacer. 

Allí, el entonces presidente del Cabildo, Adán Martín, lanzó una frase que aún hoy citan desde la Fundación como un punto de no retorno: “Si ustedes, marinos, lideran el proyecto, nosotros les vamos a apoyar”, recordó Morales “Ambos hemos cumplido -subraya el ponente- nosotros estamos liderando y el Cabildo sigue apoyando”.​

Nace la Fundación Correíllo La Palma

De la mencionada reunión nació el embrión de la actual Fundación: una asociación que se marcó un lema sencillo y directo, “Salvemos el Correíllo”.

Pronto los emprendedores comprobaron hasta qué punto el barco estaba arraigado en la gente al rozar el millar de socios en muy poco tiempo.​

Una obra gigantesca 

La restauración del Correíllo no ha sido un lavado de cara, confiesa, "sino una operación de fondo sobre un casco centenario", sometida al escrutinio de Lloyd’s Register y de los técnicos de Marina Mercante. El convenio con el Ministerio de Transportes que ha permitido esta reforma ha supuesto 50.000 euros.

“Hubo que cortar los dobles fondos, fabricar bloques en Portugal, traerlos y encajarlos al milímetro, apuntalar el barco para que no se desmoronara y sustituir todas las planchas de menos de ocho milímetros hasta cerrar costados y cubierta”, apunta

Sala Correíllo La Palma|TC-AH

Botadura en 2008

En 2008 llegó el día soñado: la botadura. Y, paradójicamente, también el frenazo. La crisis económica que galopaba en esos años golpeó de lleno al proyecto, dejando una deuda importante con la empresa constructora y obligando a parar casi todo durante años, mientras el constructor esperaba cinco años para cobrar.

Recuerda Juan Pedro Morales que el constructor “creía tanto en el proyecto como nosotros”. Aun así, no se detuvo del todo: se montó la arboladura con una pequeña subvención y mucho voluntariado, se saneó la chimenea y los mástiles y se fue diseñando y fabricando el mobiliario original que algún día llenará sus salones.​

El barco por dentro

Con la mejora del contexto económico, el trabajo se trasladó al interior del buque. La rehabilitación de la cubierta del puente y del propio puente, financiada por el Cabildo, permitió  entrar de nuevo al barco y empezar a recuperar espacios que hablan de otra época, como la escalera y el salón de primera clase, “cuya obra acaba de entregarse gracias al apoyo del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife”.​

Escaleras artesanales Correíllo La Palma|TC-AH

En la actualidad el Correíllo ya cuenta con certificado de cumplimiento como hotel flotante y avanza hacia su reconocimiento pleno como buque histórico. En torno a él se proyecta un centro de interpretación marítima y su integración en un futuro Museo Marítimo de Tenerife, para que el barco no sea solo una pieza de museo, sino un lugar vivo donde se cuente la historia del mar y de la gente que lo ha navegado.​

Lo que queda por hacer

La mirada está puesta en 2026, con tres grandes tareas por delante: conseguir financiación estable, afrontar una varada clave en Tenerife Shipyards -donde se espera que sea el primer barco en entrar a dique- y decidir cómo se moverá el Correíllo en el siglo XXI

La opción diésel-eléctrica que se barajó al principio comparte ahora espacio con alternativas como los biocombustibles, siempre con el reto de combinar seguridad, normativa y respeto ambiental.​ “El tema de la propulsión es para otra charla entera”, admite el ponente, pero deja clara la idea de que el barco debe volver al mar cumpliendo los estándares actuales sin renunciar a su esencia histórica.​

Apoyo del Estado

El Boletín Oficial del Estado (BOE) del pasado 20 de enero articula una subvención directa de 50.000 euros a favor de la Fundación Canaria Correíllo La Palma para la restauración y rehabilitación del buque en condiciones de navegación, con el fin de poner en valor sus atributos históricos y patrimoniales como recurso cultural y turístico único en España.

La ayuda está destinada a cubrir gastos de personal, materiales, suministros y otros costos directamente relacionados a las obras y tareas de recuperación del barco.

Manos anónimas

Si algo repite Morales es que, sin la gente, el Correíllo La Palma ya no existiría. Voluntarios, técnicos jubilados, marinos, estudiantes, mecenas discretos y colaboradores que han aportado tiempo, contactos y recursos han sido el verdadero motor del proyecto durante treinta años. 

Con cuatro empleados en nómina hubiese sido imposible; no hubiésemos podido hacer nada de lo que se ha hecho”, reconoce, dedicándoles un agradecimiento explícito y un recuerdo especial a figuras como el capitán Juan Cañas, que “dejó una huella imborrable” en esta travesía colectiva.​

Quizá la frase que mejor condensa el sentido de todo este esfuerzo sea la que pronunció la entonces directora general de Patrimonio Cultural, Dolores Padrón: “Rescatar el Correíllo La Palma es caro, pero más caro saldría perderlo, porque eso no tiene precio dado el alto valor para la historia del mar y para esta tierra”.