Persona acostada en la calle|REDES
Persona acostada en la calle|REDES

La voz del mendigo en Canarias: "Nadie elige la calle y detrás de cada vida rota hay una historia"

Antonio Jiménez, la voz del mendigo, denuncia la mirada que reduce a las personas sin hogar a estereotipos y reclama respeto, mientras defiende que la calle agrava heridas previas

En Santa Cruz de Tenerife, como en muchas otras ciudades, las personas sin hogar suelen aparecer en el debate público como una cifra, una molestia o un conflicto, pero rara vez como personas que tuvieron una vida planificada, hombres y mujeres atravesadas por golpes de la vida que la calle multiplica y agrava. 

Antonio Jiménez, promotor y defensor de los derechos humanos de las personas sin hogar y conocido como “la voz del mendigo Canarias", insiste en algo que parece sencillo y, sin embargo, se olvida con frecuencia y es que “detrás de cada persona hay una historia”.​

Aporofobia

Jiménez, que sabe de lo que habla porque lo ha vivido, denuncia que se tiende a catalogar a todas las personas en situación de calle de la misma manera, “personas con adicciones, con trastornos mentales, agresivas o incívicas”, una etiqueta que no solo no se ajusta a la realidad en muchos casos, sino que termina por convertirse en una forma de aporofobia, ese rechazo específico a quien vive en la pobreza

"Hay un porcentaje que puede tener esas dificultades", reconoce, pero “generalizar sobre todos provoca que muchas personas se sientan directamente atacadas”, matiza.​

Al alcance de cualquiera

La voz del mendigo invita a cambiar la perspectiva y a entender que cualquier persona puede atravesar a lo largo de su vida varios sucesos estresantes -como una separación, abusos en la juventud, la pérdida de un empleo- y aún así encontrar apoyo, recursos o redes familiares. "Pero no siempre es así", apunta.

Añade el entrevistado que cuando esos mismos golpes llegan y te llevan a vivir en la calle, el impacto es mucho mayor. “El tiempo que lleva una persona en situación de calle la va deteriorando”, resume, poniendo el foco no en “cómo son” las personas sin hogar, sino en lo que la calle les hace.​

La calle amplifica el problema

Su experiencia acompañando a gente en la calle le ha mostrado que la realidad es diversa y explica que en algunos casos esas personas arrastran problemas de salud mental o adicciones, pero también hay otras que han perdido el trabajo en plena madurez, otras con enfermedades crónicas que se han agravado al no contar con un espacio adecuado para cuidarse, e incluso personas mayores para las que resulta casi imposible volver a entrar en un mercado laboral competitivo. 

La calle, en todos los casos, funciona como un amplificador de la vulnerabilidad previa”., subraya

Housing First

Más que poner el acento en culpables, Antonio Jiménez prefiere hablar de necesidades urgentes. Cree que el modelo basado exclusivamente en albergues, concebidos como recursos de emergencia y rotación rápida, se queda corto. Según explica, muchas personas pasan unos días bajo techo y regresan después al cartón de la calle, una dinámica que no ayuda a recomponer un proyecto de vida. 

Añade que teniendo en cuenta lo expresado, defiende modelos como el Housing First, aplicado en otros países europeos, que parte de una idea clara y que se basa en garantizar primero una vivienda estable y, a partir de ahí, trabajar la salud, la formación y la posible inserción laboral.​

Fallecidos en la calle

En su día a día, el portavoz recibe mensajes de vecinos y asociaciones que le envían fotografías o relatos de personas que han fallecido en la calle, recordando, entre algunos casos, el del hombre que fue hallado muerto hace unos meses en la céntrica plaza de El Príncipe, aunque, desgraciadamente, no ha sido el único. "Cada seis días muere una persona sin hogar en las calles de España”, subraya.

Más allá del impacto que puedan tener esos fallecimientos, le preocupa que muchas de esas muertes pasen casi desapercibidas y que se pierda la oportunidad de preguntarse “qué había detrás de esas personas, cuántas peticiones de ayuda, cuántos episodios de enfermedad, cuántas puertas que no se abrieron a tiempo.​”

Respeto

Jiménez se ha propuesto que esas historias no queden en el silencio. A través de sus redes sociales, en páginas como La voz de los que claman en el desierto, comparte situaciones de personas que viven en chabolas, en tiendas de campaña o en antiguos búnkeres, en el municipio deSanta Cruz No busca exhibir la pobreza, sino hacer visible una realidad que, según percibe, a menudo se prefiere no mirar.

Antonio insiste en pedir respeto. Respeto a quienes han perdido casi todo, respeto a quienes sienten miedo a morir en la calle, respeto a quienes no encajan en la imagen simplificada que muchas veces se proyecta sobre “los sin techo”. “A mí me duele cada caso”, confiesa, y por eso pide que se cuente lo que ocurre sin pisar a los más vulnerables ni utilizarlos como argumento contra nadie.​

Ante una realidad compleja, su mensaje es nítido. “Las personas sin hogar no son un bloque uniforme ni un problema a retirar de la vista, sino vecinos y vecinas cuya historia podría parecerse más de lo que pensamos a la nuestra. La calle no los define, solo agrava lo que ya traían a cuestas”, añade y concluye señalando que la diferencia, muchas veces, está en quién tuvo una red que lo sostuvo a tiempo y quién se quedó, literalmente, a la intemperie.​