La irrupción de la inteligencia artificial generativa ha abierto una nueva y dolorosa brecha en la lucha por los derechos de las mujeres. Tras la polémica suscitada por la Inteligencia artificial Grok, auspiciada por el magnate Elon Musk y su falta de filtros para generar desnudos falsos, la actriz tinerfeña Sara Sálamo ha compartido un testimonio desgarrador que va más allá de la queja técnica: es un grito contra una cultura que sigue considerando el cuerpo femenino como un objeto de consumo público.
Sálamo, conocida por su activismo y su claridad al abordar temas sociales, ha confesado que durante años ha rechazado papeles de ficción para protegerse. Su objetivo era evitar que secuencias de sus películas fueran sacadas de contexto y acabaran en páginas de pornografía, una realidad que la intérprete define sin rodeos como violencia. Sin embargo, la actriz lamenta que, en la era digital, ni siquiera renunciar a su trabajo es suficiente para estar a salvo.
Durante años he dicho que he rechazado papeles porque hay personas que cogen secuencias de mis pelis de ficción, las sacan de contexto y las suben a páginas porno.
— Sara Sálamo (@SaraSalamo) January 2, 2026
Eso ya era violencia.
Lo dije como actriz, pero sobre todo como madre. Porque no es abstracto: son mis hijos, su… pic.twitter.com/2vcEqkd3sY
El miedo de una madre
El mensaje de la actriz canaria cobra una dimensión profundamente humana cuando aborda su faceta familiar. Sálamo ha expresado que su denuncia no nace solo de su condición de mujer pública, sino "sobre todo como madre". La preocupación deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una angustia real por sus hijos, por lo que escucharán en el colegio y por la pesada carga emocional que tendrán que soportar en unos años al ver la imagen de su madre manipulada.
La intérprete subraya la indefensión total ante una tecnología con cero escrúpulos que permite sexualizar a las mujeres sin su consentimiento. Ya no hace falta actuar frente a una cámara; una IA puede modificar la imagen, el cuerpo y el gesto para convertir a cualquier mujer, de nuevo, en un mero producto disponible para el disfrute ajeno.
Cuerpos editables y disponibles
El discurso de Sara Sálamo apunta directamente a la raíz del problema, alejándolo de un simple debate sobre software o regulación tecnológica. Para ella, esto es una cuestión de poder. La actriz denuncia la existencia de una cultura arraigada que cree que los cuerpos de las mujeres son "editables, disponibles y reutilizables", perpetuando una dinámica de abuso que se traslada ahora al entorno digital.
En su reflexión, Sálamo advierte sobre el peligro de normalizar estas conductas. La sociedad, según sus palabras, está cayendo en el error de confundir deseo con derecho y, lo que es más grave, de minimizar estas agresiones tratándolas como bromas. Lo alarmante para la actriz no es solo la capacidad técnica para crear una imagen falsa, sino lo fácil que resulta hacerlo y lo poco que escandaliza a la sociedad esta nueva forma de violencia contra la mujer.
