La población de Canarias ha crecido un 31,61 % desde el año 2000 hasta alcanzar los 2.258.866 habitantes, según las fichas socioeconómicas de 2025 publicadas este jueves por el Consejo General de Economistas (CGE). El dato sitúa al archipiélago diez puntos por encima de la media estatal, que se queda en el 21,3 % en el mismo periodo.
Canarias es la quinta comunidad autónoma con mayor crecimiento demográfico en los últimos 25 años. Por delante se sitúan Baleares, que lidera el ranking con un 47,8 %, la Región de Murcia (38,08 %) y la Comunidad Valenciana y la Comunidad de Madrid, ambas con un 31,66 %, apenas unas décimas por encima del registro canario.
El aumento se produce, además, a pesar de que el crecimiento natural de la población —la diferencia entre nacimientos y defunciones— decae de forma constante y pronunciada desde 2017. En 2024, último año analizado, retrocedió un 0,61 %, lo que supone 5.846 personas menos respecto a 2023. El crecimiento demográfico del archipiélago descansa, por tanto, en la llegada de nueva población.
Santa Cruz de Tenerife crece más
La población extranjera censada en Canarias representa el 15,17 % del total, más de un punto porcentual por encima de la media estatal, aunque lejos del 21,67 % de Baleares o del 19,46 % de la Comunidad Valenciana.
Por provincias, Santa Cruz de Tenerife registra el mayor porcentaje de población extranjera censada, un 15,76 %, frente al 14,62 % de Las Palmas. La provincia occidental es también la que más ha crecido desde principios de siglo: un 32,81 % frente al 30,52 % de la oriental.
Presión sobre los servicios públicos
Más allá de la estadística, el dato refleja un desafío estructural: Canarias ha sumado más de 540.000 habitantes en 25 años sobre un territorio fragmentado y limitado, lo que multiplica la presión sobre unos servicios públicos e infraestructuras dimensionados para una población muy inferior.
El impacto se percibe en varios frentes. En vivienda, el aumento sostenido de la demanda ha coincidido con un parque residencial que no ha crecido al mismo ritmo, tensionando los precios del alquiler y la compra en las dos capitales y en los municipios turísticos. En sanidad y educación, más población implica mayor demanda asistencial y de plazas escolares en un sistema cuya planificación se revisa con ciclos más largos que el ritmo de crecimiento demográfico.
Las infraestructuras viarias son otro punto crítico: corredores como la GC-1 en Gran Canaria o la TF-5 en Tenerife concentran episodios diarios de congestión, agravados por un parque móvil que crece en paralelo a la población. A ello se suman los recursos hídricos y la gestión de residuos, especialmente sensibles en un territorio insular con capacidad limitada, como evidenció la situación de estrés hídrico declarada en Tenerife en 2024.
Este contexto ha alimentado el debate político en las islas sobre el reto demográfico, con propuestas que van desde la planificación de nuevos equipamientos hasta iniciativas para estudiar medidas de contención poblacional, un debate abierto en el Parlamento de Canarias en los últimos años.
