Canarias lleva varios meses bajo una nube. El tiempo templado y agradable que caracteriza al Archipiélago ha dejado paso este otoño-invierno a una cadena de borrascas con nombre propio reconocible que han llegado a desbordar presas y provocado desprendimientos graves en carretaras de las Islas. Esta última, Therese, ha dejado lluvias acumuladas de hasta 240 litros por metro cuadrado en La Palma, pero también hemos conocido a Claudia, Francis o Regina.
La nube además de física es también figurada: es evidente que el ánimo de los canarios está resentido por tantos días de mal tiempo, aunque es importante "diferenciar entre un bajón y una afectación real del ánimo", apunta Sergio García Morillas, psicólogo de PsicoSalud Tenerife.
El especialista explica que el impacto del mal tiempo sobre el estado emocional tiene dos grandes componentes que influyen de manera simultánea en la vida cotidiana: uno biológico y otro relacionado con los hábitos diarios.
Base biológica
Por un lado, García Morillas señala que existe una base fisiológica vinculada a los ritmos biológicos de 24 horas, responsables de regular procesos como la activación corporal, el metabolismo o el sueño. "Uno de esos es el ciclo de vigilia y sueño, que está regulado por la cantidad de luz y la melatonina", explica. Esta hormona, añade, actúa como un mecanismo que ayuda al cuerpo a relajarse progresivamente hasta inducir el descanso.
Sin embargo, el especialista considera que las personas que son sensibles a estos cambios de las horas de luz "son menos del 1% de la población", y que aunque mucha gente arrastre cierto desánimo por las condiciones climáticas es importante no confundirlo con un cuadro clínico.
Cambios en la rutina
"En Canarias estamos mal acostumbrados", dice refiriéndose a la estabilidad climática habitual en las Islas y a las "muchas horas de sol", que agrava la sensación de malestar al encadenar semanas de mal tiempo, por no estar acostumbrados. Aun así, el psicólogo subraya que el impacto principal no suele estar en lo hormonal, sino en los cambios cotidianos que provoca la lluvia persistente.
Más allá del frío y de la falta de luz, las borrascas provocan el cierre de instituciones, colegios y van acompañadas de recomendaciones como las de evitar desplazamientos innecesarios, que llevan a cancelar planes, cambiar rutinas, dejar de practicar ejercicio o hobbys, y este tipo de cambios "afectan más al ánimo que la lluvia", dice García.
Riesgo de psicopatologizar
El experto advierte además del riesgo de interpretar cualquier decaimiento como un problema clínico. "Enseguida nos alertamos y queremos psicopatologizar todo", afirma. “No estamos hablando de un problema o un trastorno psicológico”, recalca, recordando que desarrollar una alteración clínica requiere normalmente una vulnerabilidad previa presente en una minoría de la población.
"Las rutinas a nivel de salud mental estabilizan muchísimo el ánimo", afirma. Horarios regulares, actividad física y relaciones sociales actúan como factores protectores. Cuando el mal tiempo obliga a cancelar planes, reducir el deporte o limitar los encuentros sociales, el bienestar emocional puede resentirse. "Es más importante desde un punto de vista del estado de ánimo los cambios en la rutina, en el sueño, en la alimentación o en los contactos sociales", señala.
Trastorno afectivo estacional
En determinados casos sí puede aparecer el llamado trastorno afectivo estacional, una alteración del ánimo vinculada a los cambios de estación. García Morillas explica que se trata de cuadros "muy parecidos a la depresión clínica", aunque con rasgos propios. Entre ellos destaca una mayor tendencia a la hipersomnia, es decir, dormir más tiempo, junto a cambios en la alimentación, apatía, desgana y desmotivación.
A diferencia de otros cuadros depresivos, este trastorno presenta un patrón temporal claro: aparece en una época concreta del año y suele repetirse de forma cíclica. “Coincide evidentemente con el otoño-invierno y se quita en primavera y verano”, explica.
El diagnóstico, añade, se realiza siguiendo criterios clínicos establecidos en manuales especializados, donde deben cumplirse determinados síntomas para poder hablar de depresión. En el caso estacional, algunos signos son más característicos que otros dentro de los cuadros depresivos, lo que permite a los profesionales identificarlo como un cuadro depresivo con inicio y final marcados por las estaciones.