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Fatiha El Kamouri, por Farruqo.

Fatiha El Kamouri, la diplomática que convirtió el sueño de su madre en un puente entre Canarias y Marruecos

De origen saharaui, jurista y una de las diplomáticas con mayor proyección del servicio exterior marroquí, la cónsul general del Reino de Marruecos en Canarias convirtió el deseo incumplido de su madre en una carrera dedicada a tender puentes

Los mapas también guardan memoria. Para Fatiha El KamouriCanarias nunca fue únicamente un destino diplomático. Era el lugar al que su madre llevaba años señalando cuando hablaba del futuro de su hija. Estaba convencida de que algún día acabaría trabajando en las islas. No llegó a comprobar que tenía razón. Falleció apenas unos meses antes de que Rabat la nombrara cónsul general del Reino de Marruecos en Canarias.

Aquella coincidencia marcó un nombramiento que, además de abrir una nueva etapa profesional, adquiría un profundo significado personal. El destino la llevaba precisamente al lugar con el que su madre había soñado para ella, pero también le recordaba que algunos de los momentos más importantes de la vida llegan cuando ya no pueden compartirse con quienes más los esperaban.

Ese episodio ayuda a entender quién es Fatiha El Kamouri mucho mejor que cualquier currículo. Porque detrás de la representante institucional aparece una mujer que ha construido su vida alrededor de una idea sencilla y, al mismo tiempo, poderosa: la familia constituye el verdadero eje sobre el que gira todo lo demás.

Familia

No es una frase de cortesía. Es una convicción nacida de la experiencia.

La muerte de su primer esposo supuso uno de los golpes más duros de su vida. También de la de sus hijos. Su figura continúa muy presente en la familia. Hablan de él con naturalidad, recuerdan anécdotas y mantienen vivo el recuerdo de quien fue uno de los pilares del hogar. El paso del tiempo alivió el dolor, pero nunca borró la memoria.

La cónsul de Marruecos en Canarias, la doctora Fatiha El Kamouri./ CEDIDA

Años después volvió a casarse y la familia volvió a crecer. Sus dos hijos conviven con los dos hijos que su actual esposo tuvo anteriormente, a quienes considera parte inseparable de la familia. Celebran juntos los cumpleaños, comparten la vida cotidiana y han construido un vínculo donde el afecto pesa mucho más que cualquier árbol genealógico.

Esa forma de entender la familia también explica algunos rasgos de su personalidad.

Orden

Su jornada comienza cuando gran parte de la ciudad todavía duerme. Suele levantarse entre las cinco y las seis de la mañana para organizar su casa antes de afrontar una agenda institucional que rara vez entiende de horarios. Quienes la conocen describen una disciplina que no responde tanto a la rigidez como al sentido de la responsabilidad. El orden forma parte de su manera de vivir.

También el deporte. Es habitual verla caminar por la Avenida Marítima de Las Palmas de Gran Canaria, casi siempre protegida bajo una gorra, buscando pasar desapercibida. En esos paseos encuentra un espacio de calma lejos del protocolo, de las recepciones oficiales y de las obligaciones inherentes a un cargo que exige una exposición pública permanente.

Su trato cotidiano tampoco responde al estereotipo de la diplomacia distante. Quienes han trabajado con ella suelen destacar una combinación poco frecuente: cercanía personal, enorme capacidad de escucha y una notable exigencia consigo misma. Habla con serenidad, evita elevar el tono y transmite la impresión de que prefiere construir consensos antes que imponerse en una conversación.

Quizá esa forma de ser tenga también raíces familiares.

Raíces

Es hija de un militar, un entorno donde el sentido del deber, la disciplina y el servicio al Estado formaban parte de la educación diaria. Al mismo tiempo, quienes mejor la conocen la definen como una mujer de mente abierta, curiosa y profundamente respetuosa con las tradiciones. No entiende ambas ideas como conceptos enfrentados, sino complementarios.

Esa dualidad también recorre su trayectoria profesional.

La cónsul de Marruecos, Fatiha El Kamouri, y Fernando Clavijo, presidente del Gobierno de Canarias. / ARCHIVO - AH

Porque Fatiha El Kamouri no solo ha desarrollado una carrera diplomática de primer nivel. Lo ha hecho siendo mujer y de origen saharaui, dos circunstancias que confieren un significado singular a su proyección dentro del servicio exterior marroquí.

Sin convertir nunca esa condición en un elemento de reivindicación pública, ha construido una trayectoria basada en la preparación y el trabajo. Es doctora en Ciencias Jurídicas por la Universidad Mohammed V de Rabat, especialista en Derecho Internacional y diplomática de carrera. Antes de llegar a Canarias desempeñó responsabilidades en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Marruecos, fue consejera política en la Embajada de Marruecos en Madrid y dirigió durante varios años el Consulado General de Marruecos en Bilbao.

Gran Canaria

Cuando aterrizó en Gran Canaria a finales de 2022 no llegaba únicamente una nueva cónsul. Llegaba una diplomática que conocía España, entendía la complejidad de las relaciones hispano-marroquíes y asumía uno de los destinos más sensibles del servicio exterior de su país.

Porque pocos lugares concentran tantos intereses compartidos como Canarias y Marruecos. La geografía obliga al entendimiento. La política, la economía y la historia recuerdan constantemente que ese entendimiento nunca resulta automático. Migración, comercio, pesca, cooperación, conexiones marítimas, inversiones o el propio contexto regional convierten a ambas orillas en vecinos permanentes.

Ese sería, precisamente, el escenario en el que Fatiha El Kamouri tendría que desarrollar una de las etapas más relevantes de su carrera. Y también el lugar donde terminaría dejando una huella mucho más amplia que la estrictamente diplomática.

Vecinos y distancia

Cuando Fatiha El Kamouri llegó a Canarias, la relación con Marruecos seguía instalada en una contradicción permanente. Apenas un centenar de kilómetros separan ambas costas y, sin embargo, durante décadas el conocimiento mutuo ha sido mucho menor que la proximidad geográfica. La inmigración irregular, las disputas diplomáticas entre Madrid y Rabat, el conflicto del Sáhara Occidental o la competencia económica habían contribuido a alimentar una mezcla de cautela y desconfianza que, por momentos, parecía imponerse sobre cualquier otra consideración.

Su trabajo consistió precisamente en intentar rebajar esa distancia.

No desde la política —que corresponde a los gobiernos—, sino desde la diplomacia cotidiana, esa que rara vez ocupa titulares, pero que acaba sosteniendo las relaciones entre instituciones cuando los focos se apagan.

Lugar de encuentro

Durante cuatro años convirtió el Consulado General del Reino de Marruecos en Canarias en un lugar de encuentro permanente. Su agenda fue una sucesión de reuniones con el Gobierno de Canarias, el Parlamento, cabildos, ayuntamientos, universidades, cámaras de comercio, organizaciones empresariales y representantes de la sociedad civil. No respondía únicamente a una obligación protocolaria. Detrás existía una idea muy clara: cuanto mayor sea el conocimiento mutuo, menor será el espacio para los prejuicios.

Ese planteamiento encontró una respuesta poco habitual.

La presidenta del Parlamento de Canarias, Astrid Pérez, y la cónsul general del Reino de Marruecos en Canarias, Fatiha El Kamouri / PARLAMENTO DE CANARIAS

Administraciones de distinto signo político y organizaciones empresariales coincidieron en valorar su disposición al diálogo y su capacidad para mantener abiertos canales de comunicación en un ámbito especialmente sensible. No es un reconocimiento menor. Las relaciones entre Canarias y Marruecos han estado históricamente condicionadas por factores que escapan al ámbito autonómico y, precisamente por eso, cualquier avance en la cooperación institucional adquiere un valor añadido.

Lazos económicos

Uno de los ámbitos donde esa forma de entender la diplomacia resultó más visible fue el económico.

El Kamouri defendió de forma constante la idea de que Marruecos no debía contemplarse únicamente como un vecino, sino también como un socio estratégico para la internacionalización de las empresas canarias. Insistió en el potencial de sectores como las energías renovables, la logística, el turismo, la economía azul, las infraestructuras o la agricultura, convencida de que ambas orillas tenían más que ganar colaborando que compitiendo.

Ese mensaje encontró eco en parte del tejido empresarial del archipiélago. La Confederación Canaria de Empresarios, las cámaras de comercio y distintos foros económicos reforzaron durante estos años unos contactos que ayudaron a normalizar una relación que durante demasiado tiempo había estado condicionada por la desconfianza.

Relaciones académicas

La diplomacia económica fue solo una parte del trabajo. La otra tuvo un marcado componente académico y cultural.

Durante su mandato respaldó la cooperación entre universidades canarias y marroquíes, apoyó programas de intercambio y favoreció iniciativas destinadas a estrechar la relación entre investigadores, profesores y estudiantes. Porque entendía que los puentes más sólidos no siempre se construyen desde la política o la economía. A veces nacen en un aula.

Esa misma filosofía presidió buena parte de sus intervenciones públicas.

El presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres, y la la nueva cónsul general del Reino de Marruecos en Canaria, Fatiha El Kamouri. / Acfipress

Diplomacia discreta

Nunca recurrió a grandes discursos ni buscó protagonismo mediático. Prefirió una diplomacia discreta, basada en el contacto directo y en una presencia constante allí donde pudiera generarse un espacio de colaboración. Ese estilo terminó llevándola a asumir la decanatura del Cuerpo Consular de Las Palmas, una responsabilidad que supone también un reconocimiento por parte de sus propios colegas diplomáticos.

Naturalmente, cuatro años al frente de una representación diplomática de esta relevancia no podían transcurrir sin dificultades.

Conflictos laborales

La etapa de Fatiha El Kamouri también quedó marcada por un importante conflicto laboral dentro del Consulado General, que acabó trasladándose a los tribunales. Diversas resoluciones judiciales cuestionaron decisiones organizativas adoptadas durante su mandato y dieron la razón a varios trabajadores en distintos procedimientos. Esos pronunciamientos forman parte del balance objetivo de su gestión y constituyen el episodio más controvertido de su paso por Canarias.

Ignorarlo sería tan injusto como reducir toda una trayectoria a esa controversia.

Porque, mientras esos procedimientos seguían su curso, la actividad institucional del Consulado continuó desarrollándose con intensidad y las relaciones entre Canarias y Marruecos atravesaban una de sus etapas de mayor interlocución en ámbitos como la cooperación económica, la universidad, la cultura o la conectividad entre ambos territorios.

Probablemente esa convivencia entre luces y sombras explique mejor que cualquier otra circunstancia la complejidad de un mandato que no admite lecturas simplistas.

Reconocimiento institucional

Al despedirse de Canarias, el reconocimiento institucional fue prácticamente unánime. El Parlamento de Canarias, distintas administraciones públicas y representantes de la sociedad civil agradecieron su contribución a unas relaciones que, sin dejar de ser complejas, habían ganado en normalidad y diálogo durante los años de su mandato.

El XXV Aniversario de la Exaltación al Trono del Rey Mohammed VI, organizado por el Consulado marroquí en Canarias./ CEDIDA

Ningún cónsul puede resolver por sí solo los grandes asuntos que condicionan las relaciones entre España y Marruecos. No puede decidir la política migratoria. No puede cerrar los debates sobre el Sáhara Occidental. No puede modificar la estrategia internacional de dos Estados.

Pero sí puede contribuir a algo igual de importante: que las personas hablen más, se conozcan mejor y descubran que la cooperación resulta casi siempre más útil que el recelo. Esa ha sido, probablemente, la principal aportación de Fatiha El Kamouri durante su etapa en las islas.

Legado

Cuando cierre definitivamente la puerta de su despacho y emprenda un nuevo destino diplomático, quedarán acuerdos universitarios, proyectos empresariales, contactos institucionales y una red de relaciones que otros deberán seguir alimentando.

Quedará también una historia mucho menos visible. La de una hija que un día llegó al lugar con el que su madre había soñado para ella. No pudo celebrar aquel nombramiento a su lado.

La diplomacia rara vez cambia la Historia por sí sola. Lo que sí puede hacer es cambiar la forma en que dos pueblos se miran. Cuando Fatiha El Kamouri llegó a Canarias encontró dos orillas separadas por poco más de cien kilómetros y por muchos años de desconfianza. Se marcha dejando esa distancia geográfica intacta. La otra, la más difícil de medir, quizá sea hoy un poco más corta.