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Sociedad

Pablo Díaz: "El concepto de turismofobia se crea para deslegitimar a ciertos colectivos sociales"

El antropólogo de la Universidad de La Laguna lleva años investigando cómo el turismo influye en la sociedad canaria, por ello rechaza que exista turismofobia aunque asegura que sí existe un "hartazgo"

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El antropólogo Pablo Díaz Rodríguez. / CEDIDA

Durante años el antropólogo e investigador de la Universidad de La Laguna Pablo Díaz Rodríguez ha estudiado el impacto que la actividad turística genera en las sociedades. En sus artículos ha abordado la percepción de los canarios frente al turismo y cómo ha ido variando esta relación. Por ello, avalado en sus investigaciones rechaza ampliamente la idea de que en Canarias exista turismofobia. Lo que sí ve es un movimiento social que pide atención ante un modelo que perciben que les perjudica.

-Pregunta: En uno de sus estudios en el que analiza el impacto del turismo en Tenerife tras la pandemia concluye que el 88% de los entrevistados afirmó que le gustaría que se repensara el modelo turístico, ¿esto se puede extrapolar al resto de la población?

-Respuesta: Hay que tomar esos datos contextualizadamente porque eso se hizo justo después de la COVID, lo que puede haber influido en la conciencia de los impactos del turismo. En cualquier caso, otros estudios que hemos hecho previo a la COVID también indican datos similares. Desde la perspectiva del estudio, que tiene en cuenta la teoría del intercambio social, se apunta que cuando los beneficios derivados del turismo están descompensados la gente tiende a rebelarse. Eso lo podemos relacionar con otra de las conclusiones del estudio que además estamos haciendo en Madrid, Barcelona y Sevilla, un resultado importante que salía en Canarias es que el 90% de las personas encuestadas afirmaba que los beneficios derivados del turismo no se repartían equitativamente.

-Tras la pandemia pudimos disfrutar del territorio sin turistas. ¿Qué ha cambiado desde entonces?

-El periodo de la pandemia fue un episodio único de la historia que daba la oportunidad de repensar el modelo. De hecho se habló mucho política y mediáticamente. Se prometieron muchas cosas que luego hemos visto que no se han hecho y que el modelo sigue siendo exactamente igual, o incluso peor. Al principio la gente tuvo una reacción positiva respecto a su territorio en el sentido de que recuperó espacios que el turismo había raptado, que ya no se concebían como espacios propios. Durante la pandemia hubo personas que fueron a esos espacios y se dieron cuenta de que esos lugares les pertenecían y, además, les gustaban. Luego con la recuperación del turismo han vuelto a ser copados por turistas, entonces han vuelto a perderlos, pero se han quedado con la idea de por qué lo tengo que perder. Tradicionalmente en Canarias la gran mayoría del turismo se concentraba en ciertos núcleos turísticos. Pero tras la pandemia el capitalismo de plataforma, como Airbnb, ha potenciado una independencia de los turistas que hacen que se salgan de los nichos turísticos históricos y empiecen a acudir a otros espacios donde había menos turistas, y entonces comienzan a convivir con la ciudadanía. Ahí es donde comienzan a verse masificaciones en espacios.

-¿Qué impactos puede tener en la sociedad el convivir con esa masificación?

-La visibilización de esa problemática, que quizás se tenía medianamente asumida, ha hecho que se genere una reflexividad que antes estaba más adormecida que está potenciado una cosa que ha existido siempre que son los conflictos de apropiación. Estos son sobre elementos percibidos, no tienen porqué ser reales. Si la sociedad lo percibe como un problema va a reaccionar para posicionarse como colectivo digno de intervenir en la toma de decisiones. Esto puede generar mayor reflexividad, mayor acción complementaria. Lo importante es centrarnos en el conflicto como una herramienta de análisis de qué está pasando en la sociedad, de cómo está afectando el turismo a nivel ad hoc, contextualizado. Hay que hacer análisis deductivos en los que se deduzcan los indicadores adecuados de afección. En esa deducción hay que tener en cuenta la perspectiva de todos los agentes que intervienen o se ven afectados por el turismo. 

-¿Qué diferencias hay en la percepción del turismo de quienes tienen una relación más directa con el turista de quienes no?

-Es una de las variables que influyen, hay otras que tienen que ver con la velocidad del desarrollo turístico de los destinos, por ejemplo. Canarias tiene una historia turística muy larga, no es lo mismo que Barcelona, que se convierte en turismo masivo prácticamente de un día para otro. En Canarias se incide mucho en cómo la gente está acostumbrada desde siempre a vivir del turismo, y eso influye en la percepción del contacto cotidiano. Vivir en cotidianidad con el turismo afecta de manera diferente a que si no estás acostumbrado y de repente tiene mucho turismo. 

En otro estudio de antes de la pandemia preguntamos a población del norte de Tenerife, de La Laguna y de Santa Cruz si consideraban que viven en un destino turístico, y el 71% de los encuestados decía que no, cuando Canarias es eminentemente turístico y uno de los más importantes a nivel mundial. Sin embargo, cuando hacemos la pregunta en Madrid o Barcelona, la amplia mayoría decía que sí. Lo que estaba pasando es que el referente de lo que es turístico en Tenerife son los destinos ampliamente masificados del sur. Entonces, ¿qué es convivir con el turista? La referencia de alguien de La Laguna o de Santa Cruz es que no conviven con turistas, cuando obviamente sí. 

El antropólogo Pablo Díaz Rodríguez. / CEDIDA

-Ha vuelto el debate de la turismofobia en Canarias, de hecho se usan las pintadas hechas en entornos turísticos del sur para respaldar esa idea. ¿Esto es suficiente para decir que hay turismofobia en Canarias?

-Yo insisto en que la turismofobia no existe. No es gente que tenga odio al turismo, cuando realmente etimológicamente debería ser miedo al turismo, en todo caso. Lo que ocurre es que hay ciertas personas que quieren visibilizar su hartazgo frente a ciertos impactos generados por ciertos modelos turísticos, pero en ningún momento creo que haya una posición en contra del turismo. 

-¿La sociedad canaria tiende a ser crítica o a ser apaciguada?

-Depende con qué lo compares, estas son dinámicas que hay que estudiarlas contextualizadamente. Por ejemplo, en Barcelona o Madrid ya hay colectivos muy organizados que siempre han visibilizado su malestar con temáticas más allá del turismo, pero cuando se activan es cuando el turismo se mete en la agenda de los movimientos sociales. En Canarias quizás por estar más habituados al turismo me da la impresión de que las organizaciones o los movimientos sociales estaban más desconectados, o desorganizados, aunque sí que hay organizaciones como Tanekra que siempre ha estado luchando o colectivos ecologistas. El miedo que da es que pase como en los años 80 cuando había un movimiento muy fuerte en contra del consumo del territorio por parte del turismo y se creó la ley de espacios protegidos a modo de cortina de humo, para acallar a esos colectivos. Veremos qué medidas se toman ahora que puedan ser prolongadas y eficaces con el tiempo. El problema es que el propio concepto de turismofobia se crea para deslegitimar a ciertos colectivos sociales que visibilizan impactos creados por el turismo, más allá del empleo. La manera de acallar estas reivindicaciones es deslegitimar a estos grupos diciendo que son grupos anticapitalistas, independentistas y antituristas.

-Sí que plantean algo cercano al anticapitalismo que es el decrecimiento

-Un modelo de decrecimiento puede ser una vía adecuada. Aunque hay muchos intereses implicados. En cualquier caso, las soluciones a un cambio de modelo, que nunca pueden ser de un día para otro, deben pasar obligatoriamente por una mesa de diálogo donde se potencie la gobernanza interactiva, donde estén representados todos los intereses, también los de los colectivos sociales y de la ciudadanía, que no hace falta que estén organizados en un movimiento específico.

-¿Qué implica para la sociedad canaria esta capacidad de movilización del 20A que incluso tiene previstos encuentros en diferentes puntos de Europa?

-Cuantas más alianzas tengan mejor visibilidad. Para empezar, que resuene fuera de la comunidad implica que va a haber investigaciones que se preocupen por ello, más allá de la gente que ya trabajamos antes de que explotara esto, que ya estábamos trabajando la percepción social del turismo y de lo que se supone que es la turismofobia. Yo creo que va a hacer que se visibilice esta problemática, que hay que investigar con estudios de caso, y si son etnográficos mejor. Porque fundamentalmente yo creo que los discursos cualitativos de la gente más allá de datos cuantitativos tienen que profundizar sobre las significaciones y percepciones de las poblaciones locales que se ven implicadas.

 -Antes comentaba un miedo a que se impongan medidas que sean solo cortinas de humo. ¿Cree que eso es lo que sucederá tras la manifestación del 20A?

-El sistema turístico puede generar incluso, como generó en su momento con el desarrollo sostenible, una nueva marca que tenga en cuenta a las poblaciones locales, y que no consume tanto territorio. Algo de eso se inventarán seguro porque el sector turístico es muy resiliente, se va a adaptar. Con la rentabilidad política lo mismo, harán mucha retórica de sostenibilidad pero habrá que ver a largo plazo los hechos, porque esta retórica ya existió durante la pandemia y no ha servido para nada. Lo que pasa es que puede tener unas consecuencias políticas importantes. Y que se integre en la agenda política. Quizás esto visibilice un problema que los políticos realmente tengan en cuenta. También existe la posibilidad de que se hagan discursos retóricos simplemente para quedar bien pero que no sirvan de manera efectiva.