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“El amor es una llama doble”: el TEA reconstruye la relación de Maud Bonneaud y Óscar Domínguez en una nueva exposición./ TEA

“El amor es una llama doble”: el TEA reconstruye la relación de Maud Bonneaud y Óscar Domínguez en una nueva exposición

La exposición, que abre hoy en el Gabinete Domínguez con medio centenar de piezas, recorre los años en que la esmaltadora francesa y el pintor surrealista compartieron vida y taller en París, entre 1943 y 1950

El museo TEA Tenerife Espacio de las Artes abre este viernes al público, a las 19:00 horas, Maud – Óscar. La exposición recorre la relación sentimental y artística entre la esmaltadora francesa Maud Bonneaud y el pintor surrealista de origen canario Óscar Domínguez durante los años que compartieron en París, entre 1943 y 1950.

Comisariada por Isidro Hernández y Vanessa Rosa, la muestra reúne medio centenar de obras, publicaciones y documentos en el Gabinete Domínguez y se podrá visitar de forma gratuita hasta el 13 de junio de 2027.

“Esta exposición es el segundo capítulo de este espacio de gabinete dedicado a la figura del pintor”, explicó Hernández este jueves durante la presentación a los medios. El primero fueron las cartas de Domínguez a Marcelle Ferry, que pudieron verse hasta el pasado octubre.

El director artístico del TEA, Sergio Rubira, destacó durante la presentación que la muestra incluye documentos inéditos y profundiza en una relación que hasta ahora no se había trabajado tanto. “Ahora ya es un gabinete de las maravillas”, afirmó.

Las dos muestras comparten una misma línea: acercarse al Domínguez más íntimo. “A Domínguez lo estamos conociendo ahora”, resumía Hernández en una entrevista anterior con Atlántico Hoy.

Femme couchée (1950), de Domínguez./ TEA

Obras inéditas

La mayor parte de las piezas procede de la propia colección del museo, algo que la comisaria Vanessa Rosa Serafín quiso destacar. Mientras Domínguez es el origen de la colección del TEA, la obra de Maud ha tardado más en llegar. “ Tendremos que esperar hasta el año 2018 y luego a una gran adquisición en el 2022 para decir que ahora sí la figura de Maud está vivamente y justamente representada”, señaló.

Esta muestra la completan préstamos como Femme couchée (1950), de Domínguez, que pertenece a una colección particular de Suiza y llega por cortesía de la Galería Leandro Navarro. También se exponen reproducciones de fotografías inéditas del Museo de Bellas Artes de Olomouc y obras de Man Ray, Vicki Penfold, Emilio Grau Sala, Apel·les Fenosa, Gjon Mili e Izis.

Un amor nacido en el París ocupado

Maud Bonneaud y Óscar Domínguez se conocieron en la primavera de 1943, en pleno París ocupado por la Alemania nazi, tras ser presentados por la modelo y marchante Dina Vierny en el café Le Select de París. La pareja se instaló en el taller del pintor, en la rue Campagne-Première, y se casó por lo civil el 11 de marzo de 1948.

Una de las obras de la muestra remite precisamente a ese París de 1943 y se recuerda la ayuda clandestina de Domínguez a la Resistencia y su amistad con Picasso y otras figuras de gran relevancia de la época.

“Es una relación interesante, apasionada”, describe Hernández, “una especie de simbiosis”. Según el comisario, Maud puso orden en la vida libertina del pintor durante aquellos años, mientras que Domínguez “va a insuflar en ella cierta llama, cierto impulso creativo”.

Fueron también años de viajes. Entre 1946 y 1949 la pareja visitó varias veces la antigua Checoslovaquia. y en la Navidad de 1947 llegaron a Olomouc, donde Domínguez expuso en solitario con gran éxito. De aquella estancia proceden algunas de las imágenes de la muestra. “Son fotos muy felices, donde vemos a la pareja unida”, apuntó el comisario.

“El amor es una llama doble”: el TEA reconstruye la relación de Maud Bonneaud y Óscar Domínguez en una nueva exposición./ TEA

Los esmaltes, “como si fuera un juego surrealista”

El vínculo creativo más visible de la pareja está en los esmaltes. Domínguez tenía un pequeño horno en su taller de Montparnasse, y allí empezaron a experimentar juntos. Según relata Hernández, a los dos les hacía ilusión rellenar con colores vitrificados pequeños fragmentos de metal, “como si fuera un juego surrealista”.

Lo que empezó como un juego se convirtió en la carrera de Maud. La artista continuó con el esmalte en las décadas siguientes, sobre todo tras instalarse en Canarias junto al pintor Eduardo Westerdahl. “Ese es otro capítulo que no tratamos”, precisó el comisario, que ha centrado la muestra en el periodo parisino.

La exposición se suma al trabajo de recuperación de la figura de Maud que han hecho en los últimos años investigadoras como Pilar Carreño o Ángeles Alemán. El propio Hernández la definía en la anterior entrevista como “una mujer impresionante, esmaltadora, creadora”. La situaba entre las mujeres que marcaron la vida de un pintor cuya obra, defendía, tiene “un componente muy femenino”.

Esmaltes en la exposición 'Maud – Óscar'./ TEA

Maud, en bicicleta y bajando escaleras

La presencia de Maud invadió también la pintura de Domínguez. En sus cuadros y dibujos de aquellos años aparece un desfile de figuras femeninas de largo cabello negro que representan a la artista francesa. “Aparece montada en bicicleta, aparece bajando unas escaleras, aparece acostada como la mujer dormida”, enumeró Hernández ante Femme couchée, a la que considera “una pintura clave” de ese encuentro. 

Maud fue además decisiva en Les deux qui se croisent (Los dos que se cruzan), el único libro que publicó Domínguez, en 1947. El pintor escribía en servilletas y otros papeles sueltos, y fue ella quien ordenó esas notas. “Si no, el libro no hubiera sido posible literalmente”, afirmó la comisaria. La obra está dedicada a Maud y la evoca bajando una escalera con diamantes o entregada a la alquimia de los esmaltes.

El ejemplar que se expone guarda dos dedicatorias. La primera es de amor, del año en que se publicó el libro y la segunda, de 1952, es de despedida y habla de un divorcio “tranquilo y apacible”. 

Entre los documentos inéditos figura además una carta escrita a cuatro manos y enviada a Tacoronte: la empieza Maud y la continúa Domínguez. En ella, Maud cuenta que ha logrado “domar al minotauro”, la figura con la que se identificaba el pintor.

Imagen de la exposición 'Maud – Óscar'./ TEA

Una llama doble

Para Hernández, el surrealismo se sostiene sobre el sueño, el juego, la revolución, el humor negro y, sobre todo, la metamorfosis, “la madre del cordero”. Pero hay un concepto que los concilia todos: el amor. “En el caso de Óscar Domínguez, el amor es un elemento esencial que viene a resumir muchas cosas. Es una motivación, es un motor, es una llama doble”, explicó. Domínguez fue, en palabras del comisario, “un ser lleno de contradicciones”, y en él el amor nace de esa misma contradicción.

Vanessa Rosa lo ilustra con el final de Los dos que se cruzan. En él, dos personajes se cruzan cada día a las cinco de la tarde y se mandan mensajes hasta que uno escribe: “Todo me lleva a creer en el amor”. Un minuto más tarde el beso se rompe y ya no se cruzarán más. “La búsqueda del amor es el objetivo precisamente en ese libro”, señaló la comisaria.

La muestra incluye también cartas del pintor a Maud llenas de dibujos, corazones y minotauros, esa figura con la que Domínguez se identificaba. En una de ellas le cuenta que ha soñado con ella y le promete quererla siempre.

Domínguez también la pintó, como en La niña del aro, presente en la exposición. Se expone además el broche que le regaló al conocerla, inspirado en los grabados de Picasso del minotauro devorando a la mujer. Para la comisaria es “un elemento muy erótico de ese encuentro entre ellos dos”.

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